lunes, 10 de febrero de 2020

Esquiando por Alano, Ansó

El sábado pasado, 8 de febrero, quedamos Pablo, Jaime y yo con la intención de ir a Peñaforca. Como es habitual, no teníamos decidido del todo por donde atacarle, en principio la idea era subir por Mazandú hasta el Collado de Estriviella y luego remontar hacia el Achar de Forca.




Las nubes que envolvían Peñaforca nos ayudaron a decidir subir por el Achar de Alano en lugar de lo que habíamos pensado al principio aunque tuviésemos que portear hasta el achar. El Rincón de Alano es un lugar que permite muchas y muy buenas opciones.




Así, nos fuimos donde no había nubes y dejamos Peñaforca para más tarde si es que despejaba. Nos dirigimos hacia los límites del los puertos ganaderos de Alano y la Espelunga.




De allí realizamos una suave y entretenida bajada primero por amplias lomas y luego por un maravilloso tubo que nos desembocó justo en la Fuente del Rincón de Alano, junto a la caseta.




En vista de que no quería despejar, decidimos remontar hasta una de las agujas de Alano que quedan al este de la Punta del Achar de Alano. Desde allí, de nuevo otra bajada, esta vez más directa, hacia el punto de partida.




El asunto, en lugar de mejorar con el paso del día, iba a peor. Definitivamente descartamos Peñaforca y a cambio volvimos a remontar hacia el Oeste, dando vista a las Puntas de Tresveral y Ruzquía para hacer el descenso por el circo de Zucaca, que la gente lo conoce como las Canaletas de Ruzquía, y que en realidad éstas quedan al lado del citado descenso.




Una bajada espectacular y con una nieve muy buena como si estuviéramos en abril, completó un día en el que cambiamos los planes y acertamos de pleno.




Incluso el sol apareció como para completar la jornada y dejarnos más contentos todavía con la buenísima bajada final.




Sin duda, el Rincón de Alano ofrece muchas posibilidades aún sin contar con sus partes más altas como son la Punta del Rincón y Peñaforca. Otro día salvado, donde a pesar de la situación de escasez, disfrutamos de un buen y entretenido día de esquí y risas.











viernes, 7 de febrero de 2020

Pico Garmo Negro con esquís desde el Balneario de Panticosa

El lunes pasado, 3 de febrero, fuimos con Pablo a esquiar al Garmo Negro. Después de pernoctar en el Refugio "Casa de Piedra" del Balneario de Panticosa salimos con los esquís en la mochila hasta el paraludes donde ya los calzamos.




El día amaneció despejado y el rehielo nocturno había funcionado. La nieve estaba dura pero quedaban horas por delante para que fuera transformando.




A tenor de los innumerables rastros de esquí que había, era fácil pensar que el fin de semana mucha gente había elegido la zona para disfrutar del esquí de travesía, nada extraño por otra parte dadas las condiciones de nieve que hay.




Una muy buena huella de subida permitía subir cómodamente. La única pega para mi era el medio resfriado que llevaba, o los kilos de más, o la inactividad de los últimos días, o los años.... o todo junto y que no me permitían avanzar como a mi me gusta. Teniendo que bajar el ritmo para subir sin sufrir. Mientras, Pablo se iba y se iba, y cuando me esperaba decía que iba paseando... para animar.




Poco a poco fuimos ganando altura, y como siempre, las miradas hacia atrás para ver lo que hay invitan a hacer fotos sin parar.




Llegando a arriba, en la última pala, esas sensaciones aumentan y el balcón que ofrece el Garmo Negro es impresionante.




En la cima coincidimos con un navarrico bien majo Eden (creo que se llamaba) quien nos hizo una foto, y enseguida llegaron dos oscenses que subían todo el rato detrás de nosotros y que resultaron ser Javier Olivan "Suli" y el mismísimo Lorenzo Ortás, un par de fenómenos del montañismo. 




Los cinco charlamos un rato en la cima del Garmo antes de iniciar el descenso, no sin antes tirar unas cuantas fotos, hacia el Vignemale, hacia el Midi, hacia los Infiernos,...





La esquiada estaba asegurada. Mucha mejor nieve que el día anterior en el Sanchacollons, donde el nulo rehielo nos hizo trabajar en la bajada mas de la cuenta.




Conforme íbamos bajando encontrábamos tramos labrados y algo más pesados, pero la amplitud del espacio permitía buscar zonas menos machacadas y nieve más dura, con lo que el descenso fue todo una gozada.




Los últimos tramos de bosque también merecen ser comentados. La bajada hasta el paraludes estaba en muy buenas condiciones y resultó de lo más entretenida.



Pese a mi lentitud subiendo, en poco mas de cuatro horas y media estábamos en el punto de partida con la faena hecha y habiendo disfrutado de un día espectacular y conociendo gente bien maja. ¡Todo un lujo!.