El pasado día 11 de octubre, salió un día otoñal precioso. No había que desperdiciarlo. Salí temprano de casa con la intención de llegar a Urzainki hacia el mediodía. Después ya solucionaría lo de la vuelta. Alguien tendría que venir a buscarme, pero por la hora prevista de llegada, el gancho perfecto era invitar a un vermú al que viniera a por mi.
Pese a tener en el
Valle de Ansó unas espectaculares masas forestales, el abandono absoluto dificulta en gran medida el disfrute de estos parajes. Menos mal que con la excusa de la instalación de una antena de telecomunicaciones para emergencias (creo) se ha reabierto una antigua pista abandonada y podemos adentrarnos en la zona de manera relativamente cómoda.
En la
Punta Forato que es como conocemos en
Ansó a la cima donde está instalado un vértice geodésico con el nombre de
Calveira, las vistas hacia todos los lados resultan espectaculares. En todas las orientaciones que miremos encontramos monte y monte para recorrer. Lástima que en la parte aragonesa los caminos estén impracticables por el abandono comentado y eso que pertenecemos a un
Parque Natural, donde se supone que el
Gobierno de Aragón gestiona la conservación de
Habitats Europeos como corresponde a la
Red Natura 2000. Lástima que esto sea solo sobre el papel.
Curiosamente al observar la parte navarra del
Valle de Roncal, que en su día se negaron a ser
Parque Natural, vemos que sus caminos y pistas están limpios y cuidados. Que existe una gestión forestal acorde a los tiempos, que se aplican medidas para la conservación de los Habitats como corresponde, es decir, no solo sobre el papel, generando así un desarrollo sostenible en la zona, que genera puestos de trabajo y se mantiene una interacción entre el hombre y la naturaleza manteniendo la biodiversidad que en nuestro valle estamos perdiendo a pasos agigantados.
El descenso por amplias lomas de pasto muy ricas en dicha biodiversidad, y mantenidas a fuerza de trabajo, de la misma manera que en su día se robaron al bosque, me permitieron disfrutar de un descenso cómodo.
Desde la
Punta Barrena me despedí de las vistas amplias de horizonte, a partir de allí mandaba el bosque y la sombra se agradecía, ya que aunque era octubre, el día era soberbio y el sol apretaba.
El olor a los pinos recién cortados, es algo que los vecinos de
Ansó que hemos tenido alguna relación con el monte, reconoceremos allá donde estemos y recordaremos el recurso importante que fue en el valle a lo largo de su historia, desde que el hombre apareció por allí antes de la época megalítica.
La vuelta la solucioné como había planeado y, después de un buen vermú, llegamos en hora a comer a casa habiendo pasado una mañana maravillosa.