El pasado 21 de marzo, salió un día precioso. Sin esperarlo, me encontré con la posibilidad de ir a esquiar, y aunque no tenía la opción de ir acompañado, decidí intentar disfrutar del día por el Mallo de Lacherito con los esquís.
Pese a que en la solana la nieve escaseaba, el ascenso por el Barcal de Linza siempre es una garantía para evitar cualquier porteo.
Como también es habitual, la umbría de la Foya Manaté estaba dura y en la larga diagonal que la recorre, me tocó descalzar los esquís y poner crampones.
Al dirigirme al puerto ganadero de Plana Diego, los espesores de nieve eran considerables. Aunque nada especial si no viniéramos de unos años tan pésimos en cuanto a cantidad de nieve se refiere. También pude observar que el corredor norte del Chinebral estaba bien cubierto, hasta el punto de que el bloque empotrado por donde alguna vez he pasado por debajo, estaba totalmente enterrado y ni se veía.
Entre la nieve, el día y las vistas el día estaba asegurado y ascendí la pala somital ligero, con ganas de llegar a la punta.
El hecho de no encontrarte a nadie por la zona es un valor añadido a una aventura como esta y aún siendo consciente de los riesgos que se corren (incluso por exceso de confianza), días como estos no se cambian por nada.