jueves, 14 de junio de 2018

Circular desde Zuriza, Ansó. Cubilar de Pinaré-Paco Las Eras-La Contienda.

El pasado domingo, 10 de junio, salimos con Elia a dar una vuelta. El tiempo era el de todos los días, lluvia. Y la predicción también decía lo de todos los días, lluvia.




Salimos desde Zuriza asumiendo el empapón aunque en ese momento parecía que daba una tregua. Habíamos dejado ropa seca en el coche para cambiarnos al llegar y comenzamos a caminar bajo un debilísimo chirimiri.




Al salir del bosque y llegar al Cubilar de Pinaré ya empezó a arreciar un poco pero pronto volvió a mantenerse la tregua. 




Envueltos entre la niebla pudimos coger unos pocos usones. Elia disfrutaba de lo lindo encontrando uno detrás del otro entre la hierba mientras comentaba "esto si que es una aventura... además con esta niebla no nos ve nadie cogerlos".




Aunque le gustaba llevar la bolsa con los usones, antes de meternos a bajar por el Paco de las Eras me pidió que la llevara yo ya que empezaba a pesarle. 




Allí seguía la aventura, además de que a tramos diera la sensación de hacerse de noche por la espesura del hayedo, nos encontramos con una lombriz gigante que estaba siendo devorada por varias babosas. Es lo que tiene disfrutar del Bosque de Las Eras por los recorridos del Circuito de Raquetas fuera de la temporada invernal.




Antes de pasar el río para dirigirnos hacia La Contienda también vimos un sapo y una salamandra. Elia se lo pasaba en grande y yo también. Además el tiempo iba aguantando contra todo pronóstico y nos permitía seguir con el paseo previsto.





Mientras nos emborrachábamos de verde primaveral, jugueteábamos con la divisoria de navarra, en busca del camino que nos devolviera a Zuriza, ahora convertido en un tramo de GR que une Zuriza y Linza.




De nuevo en el bosque la oscuridad era cada vez mayor. Hasta el punto que aunque no nos mojábamos supimos que empezó a llover por el ruido del agua sobre las hojas de la masa forestal. Elia hacía acertijos sobre el paraguas natural bajo el que estábamos, mientras yo esperaba que no arreciara para mantenernos medio secos antes de llegar al coche.





Aguantó mientras estuvimos bajo las hojas. Justo al salir del bosque y a apenas 50 o 60 metros del coche empezó a arreciar de tal forma que, aunque corrimos como poseídos, nos mojamos. Eso si, una vez dentro del coche cayó la del pulpo, así que ninguno de los dos salimos para coger la ropa seca del maletero y nos bajamos a casa sin cambiarnos.



Una vez en casa todos nos limpiamos, incluidos los usones que habíamos cogido y con los que Elia posó contenta. Pese a mojarnos a última hora, la mañana nos permitió pasar un buen rato, aprender y disfrutar del monte como siempre y dejarnos con ganas de volver para seguir viviendo "aventuras".











sábado, 26 de mayo de 2018

Paseo en BTT por la Sierra de Los Ríos, Hecho.

El sábado pasado, 19 de mayo, con la amenaza de tormenta, decidimos apurar la mañana con Elia. Nos subimos con el coche hasta la muga entre Ansó y Hecho, justo en el alto del puerto carretero que une las dos localidades. La intención era adentrarnos por la pista de la Sierra de Los Ríos.




No era la primera vez que lo intentábamos con su bici nueva, ya que hace unos días nos tuvimos que dar la vuelta por un inoportuno pinchazo, a la altura de La Collada de Terit.




Esta vez íbamos preparados con repuestos y volvíamos a intentar llegar hasta el final de la pista. Elia nunca había estado allí y tenía ganas de llegar, ya que yo le comentaba que pensaba que le iba a gustar lo que allí iba a ver.




El suave tramo inicial, con incluso algún tramo en descenso, hasta La Collada de Terit,dieron paso al continuo tramo de rampas ascendentes. El paisaje también cambia a la vez que la pendiente, pasamos del predominio del pino y el chaparro a la fresca sombra de las hayas.





En el pozo de incendios paramos a echar un trago de agua, quitarnos ropa y descansar un poco de las primeras rampas. Elia estaba probando la eficacia en subida del plato tan pequeño que tenía su bici nueva y estaba encantada porque, aunque iba despacio, no se cansaba casi porque no tenía que hacer fuerza.




La rampa es continua y no hay descansos, así que aprovechamos la sombra de las hayas para hacer alguna parada y recuperar fuerzas, ya que aunque lo del plato pequeño estaba bien, la continuidad de la pendiente requería algún descanso.




Al llegar a la parte mas alta, Elia se llevó la primera sorpresa cuando vio el cartel del camino que baja hasta Santa Lucia. "Esto no me lo esperaba" decía. Al comentarle que aún le iban a gustar más las vistas que rápidamente íbamos a ver, ella me decía "¿están tan bien como las del Castillo de Acher?". Le comenté que eran diferentes pero que pensaba que también le gustarían.




Antes de parar con la bici ya gritaba "¡que chulo!, ¡allí abajo hay un pueblo!". Mas contenta se puso cuando le dije que era Hecho y que también se veía Siresa




Antes de emprender la vuelta, subimos hasta la arista donde está la caseta de vigilancia de incendios y ver la otra vertiente de la sierra. Vimos como la sierra separa los cauces de los ríos Veral y Subordán y nos da unas muy buenas vistas de los valles de Ansó y Hecho. Por poco no vimos Santa Lucia aunque sí los campos cercanos que rodean las casas.




Nos pusimos un chubasquero para parar el aire fresco de la bajada hasta la Collada de Terit, donde volvimos a quitarlo, aunque lo dejamos a mano en la mochila por si las moscas, ya que las nubes evolucionaban rápidamente y aún había que parar en el observatorio ornitológico.




Le comente la posibilidad de pasar de largo de la caseta porque las nubes engordaban rápidamente pero ella estaba empeñada y me decía que tenía que hacer una cosa. Al llegar, sacó de la mochila un cuaderno y se puso a apuntar los nombres y las envergaduras de las aves que había en el cartel del interior de la caseta. Eso me sorprendió, y al verlo, no le puse ninguna prisa para continuar. Además teníamos ropa de repuesto en el coche que habíamos puesto en previsión de que nos pillara la tormenta. 




Algo bueno había recordado de la vez anterior en la que pinchamos. Aquello me gustó mucho y además no nos mojamos. Una mañana que dio para muchas cosas interesantes y que nos permitió disfrutar del monte, de la bici, del entorno y de las formas de las nubes.