sábado, 10 de febrero de 2018

Circular con raquetas de nieve desde Linza, Ansó. Achar del Caballo-Paso del Oso

Ayer, viernes por la mañana, se pronosticaba meteorológicamente una ventana de buen tiempo. No sé porqué, pero me apeteció coger las raquetas y dar un paseo por Linza.




Los casi 12 grados bajo cero de mínima tomados en el Refugio de Linza permitían mantener la nieve en unas condiciones inmejorables para disfrutarla.




Arranqué hacia el Achar del Caballo mientras el sol no terminaba de apoderarse de la situación. El bosque estaba impresionante y se combinaba a la perfección con el silencio reinante.




Decidí apartarme un poco del bosque y lo que veía tampoco defraudaba. Las acumulaciones de nieve provocadas por el viento habían formado relieves curiosos y llamativos.




De vuelta al bosque, parecía que el sol iba ganando la partida y ofrecía otra visión diferente de las hayas a la que había tenido hasta ese momento.




La llegada al Paso del Oso me ofreció otro entretenimiento. Estuve un buen rato viendo a unos sarrios como pacían tranquilamente. Parecía que sabían que no les iba a hacer nada, miraban y volvían a lo suyo sin molestarse. Aunque no estaban lejos, la muralla rocosa que nos separaba les daba esa confianza,...creo.




Después de un buen rato de observarlos, decidí continuar con el paseo. Aunque aún estaba el sol y el viento, que aunque no había sido fuerte, prácticamente había parado, unos copos empezaron a caer no sé de donde, pero redondeaban un ambiente que no había buscado pero que allí estaba.




Poco duró la nieve, así como llegaron los copos, se esfumaron. El astro rey quería ganar la partida y luchaba por imponerse entre las nubes poco definidas.




Ya de bajada no me cansaba de mirar a todos los lados y disfrutaba con lo que veía como si fuera la primera vez que lo hacía, me encantaba. No llego a entender muy bien como algo tan conocido tiene semejante poder de llamar la atención de manera permanente...????




De vuelta hacia Linza, volví a buscar el Achar del Caballo entre sol y nubes de nuevo. 



Una mañana de pasarlo en grande por el monte disfrutando de la nieve, del frío, de los sarrios, del sol, de las nubes, del bosque, de las praderas, de las vistas,....uff, ¡cuanta cosa,... y antes de comer!











domingo, 4 de febrero de 2018

Pico Olibón con esquís desde Lizara

El último día de enero, miércoles 31, quedamos Pablo, Miguel y yo para ir al Pico Olibón. Al llegar a Lizara cargamos los esquís a la mochila y nos preparamos para unos cuarenta minutos de porteada en dirección al Collado del Bozo, hacia la cota 1700.




Poco a poco lo blanco se iba imponiendo y, después de trampear un poco, nos plantamos ya con nieve continua en el Collado del Bozo.




Ya con vistas a la Llena del Bozo y a la Llena de la Garganta, el flanqueo hacia la Foya Aragües no estaba mal. Ni siquiera hizo falta utilizar cuchillas ya que el sol había suavizado la nieve dura de la mañana.




En el flanqueo, observábamos como el Valle de Igüer estaba sin nieve, lo que dejaba claro que la ascensión al Aspe por el sur tenía una buena porteada hasta la zona del embudo.




Metidos en la Foya de Aragües pronto encaramos, de forma directa el objetivo del día, el Pico de Olibón que con sus 2475 metros es la punta más alta de todo el circo del mismo nombre.




Una detrás de otra, las vueltas marías iban cayendo, y cada vez avanzábamos en el ascenso. La Llena del Bozo iba cambiando de forma según subíamos y su aspecto siempre mejoraba.




Un poco antes del collado la pendiente se suavizaba, antes de enfrentarnos a la cresta final con los crampones.




Las vistas hacia la cercana cara norte de Bernera se hacían mas impresionantes a cada paso. Mientras que el resto no desmerecían, ...¡que maravilla!.




El día era espectacular y lo que allí se veía, parecía no tener fin. Solamente el viento frío y las ganas de esquiar nos hicieron mover de allí.




La esquiada, desde la misma punta, y con una pendiente considerable es alucinante. Requiere buenas condiciones de la nieve para disfrutar con seguridad, pero cuando existen como era el caso, el placer del descenso es total.




Ni la ligera remontada para coger el flanqueo de vuelta hacia el Collado del Bozo, ni la porteada de la mañana, ni la que nos quedaba, importaban ya. La sonrisa continua en nuestras caras era la prueba. No había muchos comentarios, pero los monosílabos expresaban todo ellos solos.




Apuramos la nieve hasta donde pudimos, e incluso más. Finalmente, contentos, nos echamos los esquís a la mochila en dirección al Refugio de Lizara.



Un día precioso, en buena compañía, nos permitió disfrutar de lo lindo en una zona poco habitual con la nieve, el monte y los esquís. Una buena cerveza bien ganada en el refugio puso fin a una jornada estupenda.