martes, 12 de julio de 2016

Circular al Castillo de Acher, Hecho. Buscando ascenso por la arista norte y descenso por la Chimenea Ledormeur

El sábado pasado nos fuimos con Pablo a ver si podíamos subir por la arista norte del Castillo de Acher. No habíamos encontrado reseñas por ningún lado y no sabíamos si la habría hecho alguien antes, pero era el día que podíamos probar y allá que fuimos.




Partimos hacia el Campaníl para acceder a la arista norte en un día que prometía calor, como así lo decían las previsiones. Mientras subíamos hacia la arista íbamos comentando las posibilidades, pero lo primero era llegar hasta la base de la arista y allí veríamos.




Cuando llegamos al collado donde arranca la arista nos dimos cuenta que lo que habíamos previsto mas difícil se podía hacer caminando hasta un pitón muy marcado y visible desde abajo. Así que decidimos partir un poco antes y escalar por una chimenea que subía directa a la cima.




El inicio de la vía nos costó un poco más de la cuenta, no se si sería por cogernos en frío o que, pero aunque las dificultades no parecían excesivas, lo cierto es que ese primer paso se nos atragantó un poco.





En toda la escalada había que tener cuidado por la abundante roca suelta y protegerse bien en las reuniones, pero especialmente en los largos segundo y tercero, con una salida expuesta este último, y donde todo lo que tocábamos se caía. Esto nos hacía pensar que igual a nadie se le había ocurrido meterse por allí, al menos durante mucho tiempo, a tenor de la cantidad de musgo, además de piedras y pedruscos que quitó Pablo en un buen tramo de ese tercer largo, que con seguridad fue el peor de la jornada.




En el cuarto largo la cuestión de la roca mejoró notablemente y la cuarta reunión nos dio una buena sorpresa. Alcanzamos una faja muy marcada que recorre toda la muralla norte del Castillo y en la que encontramos una sirga montada. Era el punto a donde hubiéramos accedido caminando por la arista hasta el pitón visible desde muy abajo y que parte la escalada en dos tramos bien diferenciados.
Allí estuvimos mirando un buen rato hacia arriba y hacia abajo recorriendo la faja, que de estar toda equipada puede resultar un paseo espectacular,...???, uuhhm, ¡otra cosa que tendremos que mirar!.





Sin parar de comentar el asunto de la sirga, que nos dejó totalmente intrigados, iniciamos el quinto largo, y ya sí con buena roca. 




Aunque interesa llevar cintajos largos para las reuniones, también interesa buscar sitios bien protegidos y escondidos para evitar la caída de piedras. Pablo combina a la perfección las dos modalidades.





Poco a poco vamos superando tramos en una escalada entretenida y cómoda. Al llegar a la séptima reunión nos damos cuenta de que igual es la última y lo confirmamos al superar el octavo largo.






Tras este último largo de escalada, unos metros de caminar con mucho cuidado nos llevaron hasta la cima del Castillo.




Echamos un bocado y comentamos la posibilidad de que nadie antes hubiera subido por allí. Esa posibilidad tomaba mas forma para los cuatro primeros largos que los recordamos por la mala roca. Son fácilmente evitables caminando por la arista o quizá también por la espectacular faja ...???, tendremos que volver para saberlo...




Recogimos todo e iniciamos el descenso por la bonita Chimenea Ledormeur. También nos encontramos con una sirga instalada para facilitar el paso. Yo hacía muchos años que no pasaba por allí y solo la había hecho de subida. Aunque el destrepe no es complicado, no dudé en utilizar el nuevo anclaje para ayudarme y me vino muy bien.




Fuimos hacia el Barranco del Barcal, no sin antes habiendo cumplido algún que otro capricho, que dió lugar a una buena estampa.



Recorrimos buena parte del Barranco del Barcal antes de cruzarnos hacia el Campanil para empalmar con el camino de subida en una tarde calurosa, que mitigamos con unas buenas cervezas en el Bar Costeros de Oza a la sombra de su espectacular haya, comentando las mejores jugadas y contentos por haber subido al Castillo de Acher por un nuevo acceso.







Me he atrevido a poner una reseña para que pueda resultar orientativa de lo que allí hay.






lunes, 4 de julio de 2016

Circular a la Boca del Infierno. Hecho

Ayer domingo, nos fuimos con Elia a dar una vuelta por el monte. Hacía tiempo que habíamos elegido la ruta porque ese día teníamos que ir a Hecho, si o si, ya que actuaban los Titiriteros de Binefar en el PIR.




Elia me había oído muchas veces recomendar esa ruta a la gente que tenemos en casa y ya había dejado claro que ella también quería conocer esa circular a la Boca del Infierno. Todo cuadraba con la actuación vespertina de los Titiriteros para echar el día completo por el valle vecino.




Dejamos el coche en el Puente de Santana y desde allí iniciamos el paseo. Hacía bastante calor y aunque era pronto, no habíamos madrugado lo que a mi me hubiera gustado. Los juegos nocturnos de Elia y sus amigas por las calles de Ansó terminan hacia la medianoche y por la mañana cuesta levantarse.




Lo mejor era pasar el tramo de ascenso de la calzada romana cuanto antes, ya que es el más soleado, y a partir de allí la sombra se apodera del itinerario, facilitando mucho la excursión en días de calor.




La Torre del Vigía sorprendió a Elia. Pero lo que más le llamó la atención era ver el interior de una piedra ligera y porosa que por aquí conocemos como "tosca" y que era muy utilizada para hacer las grandes chimeneas troncocónicas de la zona. En realidad son tobas calcáreas formadas en gran parte por culpa del agua. 




Una vez pasada la torre, el descenso en sombra hasta el río Subordán, a la altura de la zona conocida como "lo sacadero", lo hicimos rápida y cómodamente. Allí nos vuelve a dar el sol un momento mientras cruzamos el río y pasamos junto a los edificios de un antiguo campamento abandonado y volvemos a meternos en sombra fresca por la Senda de los Ganchos.




La circular se ha puesto de moda en la zona y eso se nota en el camino, mucho más pataqueado que hace unos años. También las labores de mantenimiento se dejan notar en puntos concretos, con muros de refuerzo arreglados, en zonas donde se hacen necesarios, para facilitar el tránsito en pasos resbaladizos e inestables.




Las vistas amplias y los pequeños detalles llaman la atención de Elia que disfruta como una niña. Tan pronto ve la Torre del Vigía desde el otro lado del valle, como mira el contraste de color entre el haz y el envés de una hoja de serbal.




La pasarela del Barranco de Agüerri, que Elia había localizado desde la Calzada Romana, al inicio del paseo volvió a sorprenderle, y corrió como una poseída para cruzarla y volverla a cruzar. Tras un corto tramo de pista llegamos al Puente de Santana lo que indicaba que habíamos completado la circular.








Allí llegamos con buena hora para pensar en comer y decidimos acercarnos al Centro de Interpretación del Megalitismo, donde Andrés y Gema nos prepararon justo lo que queríamos. Después bajamos a Hecho donde disfrutamos del PIR, sobre todo en el colorido y original puesto de Alba e Ibón, de donde no nos fuimos de vacío y por supuesto, no nos perdimos la actuación de los Titiriteros de Binefar.




Un domingo preparado a conciencia que completó todas las expectativas.