miércoles, 28 de octubre de 2015

La Mina-Lescun

El domingo pasado, 25 de octubre, se inauguró el "Camino de la Libertad" que une el valle francés de Lhers con el español de Guarrinza. A través del Club de Montaña "Linza" de Ansó, unos cuantos socios, decidimos realizar el "Camino de la Libertad" acompañando a los franceses que lo iban a recorrer ese día. Para hacerlo, nos acercarnos con coches a Guarrinza el sábado 24 y nos fuimos a dormir a Lescún.




Pese a lo nublado del día, Fernado, Pablo, Tatán, Pedro, Javi y yo, pronto decidimos empezar a quitarnos algo de ropa, ya que la temperatura era suave y el viento brillaba por su ausencia.




En uno de los descansos antes de llegar al Ibón de Lacherito decidimos, por fin, el camino a seguir. Íbamos a pasar por la brecha de encima del ibón (brecha de Hanas) y ya veríamos que nos deparaba el día. Alguno ya habíamos pasado al ibón desde la collada de La Ralla de las Foyas, pero ninguno nos habíamos aventurado a bajar hasta el fondo del valle, y menos hasta Lescún.




En el ibón la parada era obligada y a partir de ahí solo nos quedaba subir hasta la brecha. Era el día de ascender lo justo y bajar todo, al día siguiente nos esperaba lo contrario, un ascenso de más de 1200 metros y un descenso de 900.




En la brecha ya veíamos nuestro objetivo, aún quedaba lejos y era el momento de ponernos ropa y echar algo sólido al cuerpo. Ya pensábamos en los horarios franceses y decidimos parar a comer un poco más tarde. Lo importante era tener hambre para la temprana cena que nos iba a tocar en Lescun.




El descenso es brutal al principio y luego se va suavizando poco a poco hasta empalmar con el camino que viene de la collada de La Ralla. Es ahí donde se delimita el inicio del Parque Nacional de los Pirineos Franceses. Nos llamó la atención su señalización, no solo por el anagrama que desde lejos no identificábamos muy bien, sino por la cantidad de señales que allí había. Nadie podría decir si pasaba por allí que no se había dado cuenta que entraba en el parque.




Hasta que no vimos de cerca que el dibujo pertenecía a la cabeza de un sarrio, los patos, pollos, zorros y ocas entre otros, eran los candidatos. Todo sirvió para comentario y cachondeo mientras la roca daba paso poco a poco a la tasca y el bosque.




La agresividad de un gran alud mostrada en los restos arrancados y depositados, dieron paso a una tasca perfecta. Ni el mejor campo de golf, ni los Jardines de Versalles creo que puedan competir con la perfección del aprovechamiento a diente de esa hierba. Por supuesto, y en vista de lo que teníamos delante, no nos quedó más remedio que tomar la decisión de parar a comer en el paraje que nos rodeaba.




Con un poco de desgana nos levantamos para seguir la marcha. Todavía quedaba un buen trecho hasta Lescún, aunque a partir de ahí el descenso era mucho más relajado.




La vista de las agujas de Petrachema, su collado y Sobarcal dieron pie a buscar la mejor foto. Incluso Pablo se tiró en el suelo para conseguir hacerla,...¡lo nunca visto!.




Poco a poco y casi sin darnos cuenta, mientras nos maravillábamos con el perfil de picos que cierra la cabecera del valle de Lescun, nos encontramos en la mano una merecida cerveza en la terraza del bar. Allí aguantamos un buen rato mientras duró el sol que, al final, aunque remolón, salió.



Después de alojarnos en la casa de Jean Pierre y dar una vuelta por el pueblo fuimos a cenar. Hicimos muy bien en comer pronto para tener hambre a la hora de cenar. Un segundo plato de alucinar nos dejó bien a gusto. Después de la cena y una agradable charradeta con Jean Pierre nos fuimos a dormir pronto. Eso si, cerramos el bar, mientras algunos esperaban que la cosa quizá podría cambiar en cuanto a la animación. Pero no, estábamos en Francia y en lo de la juerga somos diferentes.

Al día siguiente tocaba madrugar y recorrer el "Camino de la Libertad".









viernes, 23 de octubre de 2015

Marcha Senderista Otoño Valle de Ansó 2015

El domingo 18 de octubre pasado, se realizó la XI edición de la Marcha Senderista Otoño Valle de Ansó. La mañana era gris tal y como había pronosticado la previsión meteorológica. También la previsión había acertado en lo de la lluvia durante la noche, y había caído durante buena parte de ella.
Solo faltaba que continuara cumpliéndose, ya que no daban precipitación, al menos durante la mañana.




Con algo de retraso y rondando los 150 participantes nos pusimos en marcha para disfrutar de un agradable paseo por el monte Ezpelá. Los dos recorridos preparados por la organización esperaban para ser pateados por los que allí acudieron.




Conforme avanzábamos veíamos que las "boiras" se arrastraban por los cerros más bajos y Elia se paraba y decía: "Mira papá parece que los montes quieren escaparse", intentando explicar la sensación de movimiento que producen estas situaciones.




Pasado el primer avituallamiento, Elia aún no se había decidido en realizar el recorrido corto o el largo. Durante la semana había preguntado varias veces si ella podría hacer el largo. Yo le había dicho que sí, pero de lo que se trataba era de disfrutar y si en el momento de tomar la decisión le apetecía hacerlo, que lo hiciera y si le apetecía hacer el corto haríamos el corto.




Tras preguntar varias veces donde estaba el punto donde se separaban los recorridos y llegar a él, la decisión fue rápida, "¡quiero hacer el largo!" sin dudarlo ni un segundo. Nos encaminamos hacia el Campo del Morral y enseguida disfrutamos de las vistas que la punta de Ezpelá nos ofrece.




Pese a la niebla y la mañana gris y húmeda, Elia estaba eufórica y, como ya es habitual, al empezar a bajar comentaba: "pues esto de la larga no es para tanto". En la bajada hacia la Loma Escalerilla, donde estaba situado el otro avituallamiento, me explicó con todo lujo de detalles como era la casa secreta de árboles que tenía con sus amigas. Los que iban delante también se enteraron bien de donde tenían los dormitorios, la sala de estar, la cocina, los grifos, las cortinas y hasta las cerillas. Todo ello imaginario claro.




Al llegar al avituallamiento fuimos recibidos estupendamente. Elia dijo: "¡este avituallamiento es mucho mejor que el de la corta, tiene hasta chorizo!". Manolillo cortó unos trozos de pan y yo también disfruté del bocado, acompañado de un buen trago de vino.




Después del entretenido y provechoso avituallamiento nos quedamos un poco fríos. La solución fue echar a correr mientras Elia me comentaba "Manolillo es muy majo, aunque canta un poco mal". Entre carrera y carrera y aunque el día continuaba siendo gris, Elia se paraba y miraba al Paco Ezpelá diciendo: "¡esto no lo pueden ver en las ciudades, haz una foto y se lo enseñaremos a Alejandra para que lo vea!".




Las carreras las mantuvimos hasta la tejería. Ya solo faltaba llegar a casa y darnos una ducha. Como habíamos llegado con tiempo, aún nos echamos unos vermuts por Ansó antes de ir a comer al triquete, donde como todos los años disfrutamos de unas buenas migas acompañadas de panceta, longaniza y chistorra a la brasa que "entraron sin tocar".



Al final, la previsión meteorológica se cumplió y todo salió redondo. Todos disfrutamos de un buen día y Elia terminó contentísima de haber hecho por primera vez el recorrido largo de la Marcha Senderista Otoño Valle de Ansó.

Los tracks de los dos recorridos son:






Podéis ver la anterior edición pinchando aquí.