lunes, 10 de febrero de 2014

Aprendiendo a caminar con raquetas de nieve en Ansó

Martín de Bartola le había prestado sus raquetas a Elia para ver si le gustaba eso de caminar por encima de la nieve sin apenas hundirse. Después de la semana blanca de la escuela aprendiendo a esquiar en Candanchú, aprovechamos la ventana seca de ayer domingo por la mañana para probar las raquetas. Tío Pedro se unió al paseo y los tres nos pusimos rumbo al Circuito de Raquetas de Las Eras.




Como ya es habitual, encontramos a más gente que estaba disfrutando del circuito, y tuvimos que aparcar en el ensanche de abajo pese que habíamos elegido el recorrido "Barranco de Las Eras" para iniciarnos en esta nueva experiencia.




Dimos los primeros pasos, no sin titubeos, pero pronto Elia descubría como los "pinchos" de las raquetas permitían salvar desniveles sin resbalar. Después de pasar por la "Casa Blanca"...!!!, entramos en calor y a Elia empezó a sobrarle algo de ropa.




Además de llamarle la atención los rastros que dejaba ella con sus nuevos pies en la nieve, no paraba de observar con atención los numerosos rastros habituales por la zona de corzos, jabalís, ciervos. Entendió muy bien, con los rastros de los corzos, el porqué no se hundía tanto en la nieve como ellos al apoyarse con una superficie mucho mayor. "¡Pobretes!", decía, "se hunden tanto por tener las patas tan pequeñas", después de habérselo explicado y para dejar claro que se había enterado.




Seguíamos encontrando huellas, de gato montés, de ardillas, de sarrios,... También se daba cuenta de que los mismos animales dejaban sus huellas de distinta forma según fueran andando, corriendo, saltando,... y quiso comprobar si las huellas de sus raquetas dejaban diferentes formas si andaba, saltaba,...


... o corría.

A pesar que el recorrido "Barranco de Las Eras" no llega hasta el puente del barranco, Elia quiso subir para cruzar por encima del puente. Se acordaba de cuando subimos en verano buscando la sombra. También se acordaba de la merienda debajo de un abeto, de las fresas que comió por el camino donde ahora hay 40 cms de nieve y hasta del escarabajo verde brillante que encontramos "justo aquí". Podéis verlo pinchando aquí.




La vuelta se convirtió en seguir probando, "guárdame los bastones que me estorban para correr", "dámelos para pasar mejor por aquí", "te echo una carrera",...




Alguna vez daba explicaciones del porqué de sus caídas, otras no. Pero seguía disfrutando y probando.



Tras un rápido cambio de ropa por su mojadura en una caída en medio de una barranquera, en la parte más baja del recorrido, donde se mojó los guantes y la camiseta, llegamos al coche. Elia le dijo a su tío que si le podría traer unas raquetas, eso si, dejó claro que sólo para poder ir juntos con su amigo Martín. 





jueves, 30 de enero de 2014

Nieve polvo para esquiar por el cerro del Chinebral de Gamueta. Ansó.

El pasado martes nos juntamos Pablo, Jaime, Alberto, José Antonio y yo para aprovechar la tregua seca que se pronosticaba para la mañana de ese día.
Subimos a Linza y, mientras en Ansó había cuatro dedos escasos de nieve, en el aparcamiento del refugio pasaban de 20 los centímetros acumulados.




Nos calzamos los esquís y sin pérdida de tiempo nos dirigimos hacia el Achar del Caballo. La nieve estaba ligera, ligera. Todos estábamos convencidos de que si aguantaba así, el día, aunque corto según la previsión, iba a ser para disfrutarlo. 




Pasado el Achar del Caballo con alguna dificultad provocada por el mimo que ofrecía alguno a sus esquís, ya que la nieve reciente hacía que los cantos rozaran con alguna piedra escondida bajo el manto blanco, nos adentramos en un precioso hayedo salpicado por algún que otro tejo de dimensiones y porte considerables.



Fuera del bosque observamos que los picos estaban todos cubiertos por las nubes, pero nosotros teníamos visibilidad, y margen según las previsiones, con lo que en ningún momento dudamos en seguir adelante.




Ciertamente tenía mala pinta, pero el gris del cielo unido al blanco y negro reinante hacían que Jaime se acordara de su máquina fotográfica que estaba tan tranquila en casa. Toda esta calma se truncó cuando en el cerro del Chinebral de Gamueta entró a la brava y sin pedir permiso el temporal anunciado. La nieve se venteaba por momentos, la visibilidad disminuía y el frío aumentaba. 



Estas circunstancias, unidas a que ya teníamos asumido que la tregua seca era corta y las ganas que teníamos de disfrutar de la nieve polvo en la bajada con un mínimo de visibilidad, hicieron que la decisión de quitar pieles y desistir del pico fueran instantáneas. Rápidamente nos preparamos para el asalto a la nieve virgen.



En el descenso todo eran gritos de júbilo, hasta Jaime que mantiene sus dudas hasta el final, bajaba con una sonrisa en la boca y comentando la suavidad de la nieve polvo. José Antonio nos grabó un video que transmite muy bien lo que a mí me cuesta explicar, lo podéis ver pinchando aquí.
En las partes bajas, todavía no había llegado el temporal y la calma volvía a dejar bonitas imágenes de tonos grises. Al llegar a la carretera a la altura de la fuente de los Clérigos, el mantenimiento habitual de la limpieza de la carretera hizo que nos tuviéramos que echar los esquís a la mochila para llegar a Linza.



El trayecto hasta Linza se nos hizo corto comentando lo bien que nos lo habíamos pasado, pese a llevar los esquís colgados de la chepa. Justo al llegar a Linza empezó a nevar, así que fuimos al refugio a celebrar nuestra decisión de darnos la vuelta y disfrutar de la esquiada con unos pinchos y una cerveza que nos supieron muy, muy buenos ya que no nos había dado tiempo de comer nada con las prisas.



miércoles, 22 de enero de 2014

Esquí de travesía en Ansó. Garganta de Ezcaurri-Collado de Estriviella.

Ayer, aprovechamos la ventana pronosticada de buen tiempo y nos fuimos a dar un paseo y a disfrutar del paquete de nieve recién caída. Salimos Pablo y yo por la mañana, anticipándonos a la salida del quitanieves, lo que provocó que no pudiésemos llegar hasta Zuriza con el coche. A la altura del Km 12 aproximadamente, tuvimos que abandonarlo y calzarnos los esquís.




Al llegar a Zuriza vimos como estaba todo y disfrutábamos. Conforme avanzábamos íbamos viendo como estaba Mazandú, nada que ver con lo que había hace justamente un mes y sobre la marcha decidimos dirigirnos hacia el Collado de Estriviella.




Todo estaba inmaculado y la nieve polvo hacía de la apertura de huella se convirtiera en un auténtico disfrute. Después de echar un trago de agua en la fuente de Tachera, un bocado rápido y rellenar la cantimplora, arrancamos por el bosque donde íbamos comprobando la inclinación de la ladera con los bastones.




Mientras ascendíamos, observábamos que el paquetón de nieve también iba aumentando. Pablo llegó a medir 80 cm de nieve reciente nada más pasar el barranco de Mazandú (cota 1600 aproximadamente). También vimos que no sólo nosotros abríamos huella, un potente ciervo se abría camino como podía al otro lado del barranco de Chipeta.




Los relevos para abrir huella se sucedían. Siempre los míos más cortos que los de Pablo, que tira como un auténtico jabalí. Continuamente le tenía que decir que me dejase un poco más, ya que aunque el esfuerzo es grande, también resulta gratificante abrir una huella de la que nos sentimos orgullosos.




Tras un momento que se nublo un poco, volvió a lucir el sol. Al llegar a la parte más alta, vimos como se ha había formado alguna placa por el viento, cosa que hasta ese momento no había ocurrido. 




El esfuerzo había merecido la pena. Arriba perdimos poco tiempo ya que el ascenso había sido lento. Echamos un bocado, foto, fuera pieles y para abajo. El paquetón de nieve, junto con su apelmazamiento unido a la poca pendiente, hacía que esquiar resultase trabajoso. En los tramos más suaves de pendiente, el mejor recurso era meternos en el cajón de la huella que habíamos abierto en la subida para poder deslizar y avanzar.




Volvimos a poner pieles para remontar el barranco, ya que la cantidad de nieve no facilitaba las remontadas. Tras disfrutar por el bosque, nos metimos en la huella para bajar por la pista de Tachera hasta Zuriza donde, como ya suponíamos, el quitanieves había pasado dejando la carretera totalmente limpia. 




Nos echamos los esquís a la mochila y caminamos por la carretera en busca del coche. Habíamos disfrutado de una buena "calzoncillada" sin haberla preparado y habiendo salido con la intención de dar un paseo con esquís por nieve virgen.