jueves, 6 de agosto de 2015

Paseo circular desde Tachera. Ansó

Entre el paseo nocturno y que habíamos colocado la tienda de campaña estratégicamente para que no nos entrara el sol temprano, el domingo 26 de julio no madrugamos en absoluto. Elia y el que escribe, nos lo tomamos con calma, y sabiendo que por la tarde tocaba desmontar la tienda, decidimos ir a dar un paseo por Tachera.




Como el calor apretaba, apetecía buscar la sombra del bosque después de coger agua en la fuente. Elia no recordaba la zona pese a que con dos años ya estuvo dando un buen paseo por este tramo.




Al terminar el bosque no se quien sorprendió a quién, pero una buena parvada de buitres salió en estampida ladera arriba para coger vuelo. Estaban dando buena cuenta de unos restos de res muerta. Aunque no era la primera vez que los veía, a Elia le parecieron grandísimos. No es de extrañar porque realmente lo son y verlos de cerca nunca deja de llamar la atención a nadie.




Tras cruzar el barranco de Mazandú fuimos en busca del de Chipeta, a la altura de la cascada, que ya habíamos localizado desde el final del bosque. La bajada, como siempre, invitaba a correr, pero esta vez Elia hizo un alto en el camino para abrazar a un haya. ???. El árbol realmente era imponente pero no más que otros ejemplares de la zona. Al preguntarle tampoco me dio ninguna explicación especial, simplemente le apeteció.




Al llegar al barranco de Chipeta, Elia insistía en preguntar dónde estaba la cascada. Le decía que enseguida llegaríamos pero parecía que tuviera prisa.




El salto impone y no hizo falta insistir mucho para que se agachara en el borde de éste, encontrarse más segura y echar un buen vistazo para ver como caía el agua.




Pasado el barranco de Chipeta nos dirigimos hacia la Loma de Tachera donde la caseta pasa sus últimos días. No se deja de sentir cierta nostalgia al recordar como Andrés "de Elvira" la reparaba y revocaba mientras algunos porteábamos el cemento desde Tachera y recogíamos el agua con un bidón en una de las barranqueras cercanas.





En la bajada decidimos dejar el camino habitual, es decir el GR que enlaza Zuriza y Guarrinza por Petraficha, y bajar directos al barranco. Aunque el agua estaba bastante fresca para pensar en un baño, el lugar es el idóneo para cosas como tirar piedras, coger "zapillones" o simplemente "charquinar".




Las recientes tormentas, además de refrescar el agua, habían dejado lodo en las orillas. Elia descubrió el suave masaje, hasta entonces desconocido, que permite esta circunstancia y lo aprovechó al máximo, permitiendo completar un paseo de disfrute en plena naturaleza.









jueves, 30 de julio de 2015

Circular desde Zuriza, Ansó. Punta Abizondo.

El fin de semana pasado nos fuimos con Elia de acampada a Zuriza. El sábado 25 amaneció despejado y fresco, ideal para ir a caminar por el monte. Salimos desde el mismo Camping Zuriza hacia la Punta Abizondo con la intención de darle la vuelta.




En el collado de Agribiela nos metimos en terreno navarro para realizar la vuelta. El bosque, como siempre por esta zona, resulta espectacular y exuberante. Siempre encontramos cosas que nos llaman la atención. Esta vez, unas cápsulas de flores secas contenían abundantes semillas. Elia, después de plantear el número de ellas que había en cada cápsula, decidió ponerse a contarlas después de que el número que yo le había propuesto no le convenciera. Finalmente, después de un rato de conteo y de convencerle de que sería mejor ayudar a la dispersión echándolas por el suelo que saber cuantas había, paró de contar semillas.




Después de ésto, el entretenimiento paso a ser la recolección de "magorías y chordons" (fresas y frambuesas). Su número en los cantos del camino no debía de ser tan numeroso como el de las semillas, pero la cantidad recolectada sobre la marcha no fue en absoluto desdeñosa.




Entre unas cosas y otras nos plantamos a pie de la arista cimera. Antes de la primera trepada decidimos ponernos algo de ropa porque el aire era fresco y habíamos dejado atrás el resguardo del bosque.




Pasada la primera trepada, a Elia le entró la duda de si sería capaz de subir. Le dije que probara y que si no se atrevía que me lo dijera y nos dábamos la vuelta. Los pasos son sencillos pero algo aéreos y eso le imponía. Tras pasar la trepada con más ambiente, Elia me dijo que quería bajar. Le pregunté si tenía miedo y me sorprendió diciendo que no. "Me ha gustado tanto que quiero bajar para volver a subir", me dijo. Me vi contento, pero tuve que recordarle dónde estábamos y que era preferible dejar los juegos para otro momento ya que la arista requiere cierta concentración y prudencia.




Una vez salvados los pasos delicados, a disfrutar de las vistas. Elia estaba convencida de que vería a su amiga Ainara en el Camping con sus prismáticos, pero al final se dió cuenta de que estaba demasiado lejos como para distinguirla.




Tocaba volver a atravesar la zona más aérea y después los destrepes. Yo no paraba de insistir en la precaución y de aconsejarle donde poner los pies y las manos, incluso en algún tramo intentaba sujetarla pero las respuestas eran todo el rato las mismas: "déjame a mi sola", "ya iba a poner ahí el pie", "que sí, pesau",...




Después de echar un tentempié en zona cómoda y de enlazar con el GR que baja de la Peña Ezcaurri, había que liberar las tensiones y que mejor forma que echar a correr en la bajada.



Con el objetivo cumplido, una reparadora ducha en el camping dio paso a los habituales juegos con un buen número de amigas nuevas. Después tocaba cena y paseo nocturno con su amiga Ainara para completar una jornada redonda.







jueves, 23 de julio de 2015

BTT en Ansó. Ezpelá-El planaz

El domingo pasado, como corresponde a un mes de julio, solo disponía de un par de horas para mí. Tampoco estaba previsto, con lo que no me había preparado nada. Me acordé del tramo de camino recién recuperado y por el que habíamos estado hacía pocos días con Elia y Martín y decidí probarlo con la bici.




El tramo de pista inicial ya estaba en sombra, lo que era de agradecer. En los tramos de orientación sur, la vegetación pinchuda, contrasta con la frondosidad del paco Ezpelá.




La pista de Ezpelá siempre da gusto recorrerla con la bici por sus sombras, sus suaves pendientes mantenidas, sus vistas y, hasta si tienes suerte, puedes ver algún corzo, jabalí, ardilla,....Desde el final de la pista, unos cincuenta metros de llevar la bici de la oreja, me llevaron a la plana trocha de la zona conocida como el Planaz, por donde el martilleo del pájaro carpintero me acompañó todo el rato.




Pronto me vi metido en el tramo de camino recién recuperado. Resulta interesante tener pericia con la bici para bajar más cómodo de lo que yo bajé. Algunos tramos atrincherados y con abundantes piedras hacían que tuviera que echar el pie al suelo en más de una ocasión. Mientras, en otros tramos el disfrute es total.





Justo antes de que el camino llegara a la pista me paré para ver el enlace. Se trata de una diagonal corta y pendiente por el terraplén de la pista. Me envalentoné y decidí bajarla montado. No me caí pero allí no disfruté, más bien me acojoné, viendo como el mojón de la cuneta se acercaba demasiado rápido hacia mí, o eso me parecía.





Una vez en la pista y sin percances me vi contento. Tras recorrer los pocos metros que separan la entrada del otro tramo hasta la tejería, me metí en zona conocida. El camino se suaviza y todo él resulta un paseo agradable y del que ya hemos dado cuenta en este blog.




La frescura del paco resultaba agradable y más viendo como a las casas aún les estaban dando los últimos rayos.




En menos de dos horas había dado la vuelta y me había duchado, listo para ayudar en las cenas de casa. Resulta una ventaja vivir en un sitio como Ansó, que permita estos disfrutes nada más salir por la puerta de casa y, aunque no dispongas de mucho tiempo, lo puedas aprovechar al máximo.