martes, 6 de mayo de 2014

VII Marcha Senderista Sierra de los Rios. Echo

El pasado domingo 4 de Mayo se celebraba la séptima edición de Marcha Senderista Sierra de los Rios, allí acudimos una considerable representación de Ansó para disfrutar de un día que, pese a la mañana bastante fresca, prometía mucho. Yo había estado en su primera edición y guardaba un buen recuerdo pero no había podido repetir y, esta vez que todo estaba a favor, no podía desperdiciar la oportunidad. Antes de la salida recogimos los dorsales y tomamos un chocolate caliente que apetecía. Cumpliendo los horarios, salimos todos a disfrutar del paseo.




Pasamos al otro lado del río desde el pueblo y empezamos a recorrer el valle en dirección sur hacia lo que Jorge me comentó que se conocía como "la viña". Allí se encuentra una borda que, siempre que por allí he pasado, me ha resultado espectacular, por su situación, por sus campos, por su tejado a cuatro aguas, por sus muros,...




En pocos minutos volvimos a cruzar el río por el puente viejo, para seguir valle abajo por su margen orográfica derecha, siguiendo el GR que coincide con la antigua calzada romana que entrando desde Francia por la Collada del Palo bajaba hasta Zaragoza. Las vistas del valle y los antiguos muros del camino no dejaban indiferente a ninguno de los participantes.



Pasados estos tramos, llegamos la  Collada de Chaime donde nos esperaba el primer avituallamiento. Pese a que en la parada nos reagrupamos los ansotanos, el ambiente era muy bueno y en la mesa no faltaba la panceta a la brasa, ni la longaniza, ni el queso, ni el membrillo, ni el pan con aceite,..., mis ojos y mis manos se fueron directos a la "sopanvina", ("sopanvina no emborracha pero alegra a la muchacha", se escuchaba antes y también se escuchó allí), incluso después de un trago de la bota, por aquello de no mezclar, repetí.




Volvimos a salir juntos los ansotanos, y tras algún que otro tropezón, seguramente provocado por "las alegrías", se nos intercalaron dos valientes senderistas chesos, Jorge y Pedro, bueno Pedro Luis como me precisó él mismo de forma muy clara.




En la llegada al precioso paraje de Los Artoléz, otra vez gente conocida controlando la marcha. Mientras, unas cabras se quedaban agrupadas en lo más alto, imagino que sorprendidas de encontrarse a tanta gente por la zona.




Las carrascas del cerro dan paso a unas muy buenas vistas del valle, y parece que le den pie a Javi con soñar con quién sabe qué.
Pedro y Jesús que han participado en todas las ediciones de la marcha, nos comentan las variantes en el recorrido que ha habido cada año, lo que da pié a pensar en las posibilidades de la zona y más con la abundante recuperación de senderos que se está realizando por la sierra, tanto en la vertiente del Veral como en la del Subordán.




En el cruce del camino que baja a Santa Lucía, estaba instalado el segundo avituallamiento, donde otra vez hay reencuentros agradables. Tomamos un refresco y algo de fruta y continuamos con la marcha hacia el barranco de Terit donde a la pareja de intrépidos chesos se les une María, con la que llegarían hasta Echo y como decía Pedro Luis no se les estaba haciendo ni largo ni corto.




Los últimos tramos resultan agradables recorriendo las huertas chesas de la ribera del Subordán. Nos volvemos a juntar los ansotanos a los que nos hacen un retrato mientras comentamos la posibilidad de ir a tomar algo antes de comer.



Después de unos cuantos vermús, acudimos a la comida. Hubo sorteo de regalos y a varios de nuestro grupo les tocaron cosas, compartimos mesa con parte de la organización de la marcha y nos invitaron a café. El buen ambiente y las risas predominaban entre los que allí estábamos mientras dábamos cuenta de una buena paella, con bichos como decía Pilar.




Felicitaciones al Club Asamún por organizar esta marcha y hacernos disfrutar a todos los que allí estábamos.







lunes, 28 de abril de 2014

V Trancs de les Maladetes. Tuca de Paderna 2622 m.

El sábado pasado, un año más, acudí al Trancs de les Maladetes. Esta vez el recorrido era una circular que pasando por la Renclusa ascendía a la Tuca de Paderna y volvía por los Tubos de Paderna hasta el punto de salida que era el Hospital de Benasque.
Esta vez no pudo venir Pablo como era habitual y decidí llevarme de compañeras a Elena y a Elia, que aunque no participaron en la prueba, disfrutaron del Hospital, del ambiente y del fin de semana por Benasque.
Antes de la salida, como es habitual, Feliu nos transmitió información precisa de lo que íbamos a hacer en el recorrido. De inmediato pasamos el control de ARVA y arrancamos con el itinerario previsto mientras Jorge nos despedía hasta la vuelta.




De forma increíble, salí con el grupo de cabeza hacia la Renclusa, bien es verdad que había madrugado y llevaba un rato con ganas de empezar. Charlando mientras avanzábamos, vimos una ardilla y dos catalanes dijeron: "mira, un esquirol" (la ortografía no se si será correcta, pero así sonaba), yo les hice repetir porque me llamó la atención la palabra para describir al animal. El motivo era que en ansotano utilizamos el término "esquiruelo" para nombrar a las ardillas y la similitud fue motivo de comentario.




En el camino de invierno de ascenso a la Renclusa se fue encapotando el cielo y la calma reinante hizo que, la capa de nieve reciente que había se fuera apelmazando. Al llegar a la Renclusa, como es habitual en esta prueba, teníamos preparado caldo caliente y zumos, de los cuales dimos buena cuenta los que allí estábamos, de manera agradecida.




El avituallamiento dio paso al tramo cronometrado. Primero salieron ellas y después nosotros, con cinco minutos entre unos y otros, ¿creo?. Como es normal, salí de los últimos, o el último, pero me puse con el ti-tá, ti-tá, y pese a que el tramo era más corto de lo habitual terminé en un digno 6º puesto en la general.




Pasado este tramite de la crono, nos pusimos en marcha hacia el collado de Paderna. El cielo seguía encapotado y pese a no tener ninguna esperanza en la mejoría climatológica disfrutábamos de la subida. Mi inmediata seguidora en este tramo se merecía una foto como protagonista, ya que pese a que ella me decía que no, creo que le corté el ritmo de ascenso en alguna que otra ocasión con mi empeño de sacar fotos.




Cuando nadie lo esperaba, y en las proximidades del Collado de Paderna el cielo se abrió permitiéndonos disfrutar de unas vistas extraordinarias. Incluso Alberto, "jabalí" de la organización y, en el día, convertido en perfecto trazador, dudaba en creerse la ventana que se nos abría, contra todo pronóstico.




Tras mantener cierta distancia entre nosotros, por precaución, en el último flanqueo hacia el collado y después de hacer saltar a una pareja de perdices nivales que estaban en los alrededores, nos encontramos ascendiendo por la última pala hacia el pico del día echando la vista al Sacroux, objetivo de la anterior edición del Trancs de les Maladetes.





Justo llegué a tiempo para echarme una foto de cima con los de la cabeza de la prueba aprovechando la huella cómoda que habían dejado. En lo alto de la Tuca de Paderna apuramos los rayos de sol mientras estuvieron. Un poco de aire, hizo que las amenazas volvieran y decidiéramos comenzar la bajada,
mientras iba subiendo el resto.






La bajada no la podemos destacar por la esquiada, ya que la nieve reciente estaba muy apelmazada y la capa generosa que había no permitía alegrías, pero al llegar a los Tubos de Paderna, entre la pendiente y que el grosor de la capa disminuía, aún nos dejó "medio hacer algo".



El día acabó como de costumbre, con una buena comida en el Hospital de Benasque y un buen ambiente propiciado por la organización como es habitual.