viernes, 7 de septiembre de 2018

Reconocimiento de mugas 2018. Arlet

El pasado sábado 1 de septiembre se celebró el reconocimiento de mugas entre Ansó y los vecinos franceses del Valle de Aspe. Este año tocaba subir a la Collada de Arlet y observar que la cruz fronteriza número 278 seguía en su sitio y nadie la había movido.




La meteorología acompañaba y, si las cuentas no fallaban, partimos de Aguatuerta 28 personas ("25 adultos y tres críos" decía el que contaba). Uno de los pequeños era Elia que después de la experiencia del año pasado no se lo quería perder. 





Un fuerte arranque, antes de cruzar el Barranco de Acué, permitía obtener unas buenas vistas de Aguatuerta al poco de empezar.




Con un buen ritmo de ascenso, pronto llegamos al Collado de Arlet, y unos cuantos decidimos subir hasta el Pico Aillary e incluso alargar un poco más por la placentera cresta que le acompaña siguiendo la linea fronteriza.






Al llegar de nuevo al Collado de Arlet, ya nos juntamos con los vecinos franceses. Observamos que la cruz seguía en su sitio y observamos un antiguo mapa, nada fácil de interpretar,  que los franceses nos enseñaron y que parece ser, delimitaba sus puertos ganaderos en su zona. Una auténtica reliquia que guardaban bien en uno de los ayuntamientos del valle ( no recuerdo cual).




Tocaba la foto de rigor y el descenso hasta el Refugio de Arlet, donde se iban a realizar los trámites oficiales y la comida.




Las firmas de los expedientes y las palabras de representantes de los ayuntamientos de Ansó y de los pueblos vecinos franceses dieron paso a la comida habitual de los refugios franceses. Nos alegró sobremanera que los comentarios del año anterior de uno de los representantes franceses fueran atendidos por el Ayuntamiento de Ansó y esta vez un bando municipal invitaba a todos los interesados a acudir al evento y no restringía la asistencia a solo sus invitados. ¡Olé! por el que haya tomado la decisión, ya que cierto es, que el patrimonio de todos debe poder ser disfrutado por todos.




Una sopa especiada con comino hizo que a Elia y sus amigos les costara pasarla, pero sabores nuevos aparte, la comida se convirtió en un rato agradable donde cada uno se defendía como podía con el idioma. Había que volver y con la tripa llena no apetecía mucho subir el corto trozo hasta la collada, pero no quedaba otro remedio salvo que, como hicimos con Elia, hubiésemos reservado plaza para quedarnos a dormir en el refugio.







Aún nos animamos y acompañamos a la expedición hasta el Collado de Arlet para despedirnos. Elia no paraba de gritar a sus amigos mientras bajaban hacia Aguatuerta y poco a poco, casi sin darnos cuenta nos vimos cresteando por la frontera en dirección al Pico Arlet.




Unas vistas de ensueño desde el Pico Arlet hacia un lado y otro de la divisoria fronteriza, completaron un rato de tarde entretenido.







Un baño en el ibón antes de que se echara "a boira" y una temprana cena donde Elia se escaqueó de la sopa especiada con una cómplice del refugio, hizo que a una hora más que prudente nos echáramos a dormir tras un día de lo más completo.




sábado, 25 de agosto de 2018

Circular desde Linza, Ansó. Sobarcal-Mallo de Lacherito

El fin de semana pasado fue el elegido por Elia para subir al Sobarcal. Tuvimos que esperar hasta el domingo 19 ya que el sábado estaba de cierzo y la zona estaba encapotada. Elia tenía ganas de subir al Sobarcal ya que lo había visto de cerca muchas veces, pero yo le decía que no era tan fácil como los de alrededor y que había que esperar a que fuese un poco más mayor.




Aprovechamos para conocer el Paso de la Escalerilla para acceder al Collado de Pectrachema y así seguir aprendiendo nuevos lugares, que aunque discurran por la misma zona, siempre resultan interesantes.




Al llegar a la Collada de Petrachema, y tras ver el mojón de la muga, nos acercamos a ver la Aguja Sur de Ansabere. A Elia le encantó. Y también el pico francés que había detrás, todo herboso hasta la punta y con pendientes contundentes, ...."como los que salen en Heidi", me decía. 





Había llevado los arneses y un cordino, por si en la última trepada, con cierta exposición, hacía falta asegurar. Elia se vio tan cómoda que no hizo falta utilizarlos. 




Le encantó el Sobarcal. Tras unos años de espera, había merecido la pena. En el destrepe tampoco hizo falta asegurar y bajó muy contenta. Le propuse subir al Mallo de Lacherito, que aunque había estado ya hacía un par de años, el ascenso por su cara noroeste no tenía nada que ver. Incluso le comenté que le podría gustar tanto o más que la trepada del Sobarcal. Accedió rápidamente.




Mirando hacia el Sobarcal que acabábamos de subir, nos fuimos acercando hacia las trepadas del Mallo de Lacherito o Punta Plana Diego.




"Ostras, tenías razón. Ahora no se que me gusta mas....pero el Sobarcal me ha encantado". Comentaba mientras trepaba entusiasmada. El acceso por esta cara noroeste es directo y rápido, con lo que nos plantamos en la cima casi sin darnos cuenta, con lo entretenido de las trepadas.




Un bocado en la punta para reponer fuerzas, mientras disfrutábamos de las vistas y de cómo la niebla se comía los picos conocidos, dieron paso a la bajada hacia Linza por la Foya Manaté y la Foya de los Ingenieros.




Pese a estar en Agosto, nuestro recorrido nos permitió disfrutar tranquilos, encontrándonos por la zona poca gente con respecto a lo que se divisaba en los trazados clásicos cercanos.





Entre chistes y adivinanzas nos íbamos acercando a Linza. También el hambre, poco a poco, iba creciendo. De forma que decidimos quedarnos a comer en el Refugio de Linza.





Comiendo bien a gusto, celebramos haber subido a uno de sus objetivos de este año como era el Sobarcal y además adornarlo con una subida al Mallo de Lacherito de lo más entretenida y con un ambiente espectacular. Otro día de gozar por el monte y conocer nuevos recorridos y rincones por nuestra cabecera de valle.