jueves, 10 de septiembre de 2015

Mesa de Los Tres Reyes desde Linza. Ansó

El pasado domingo madrugamos con Elia con la intención de subir a la Mesa de Los Tres Reyes. La mañana era fresca, o más bien fría, ya que la escarcha aparecía en la hierba cuando empezamos a andar.




Elia tenía unas ganas locas por subir a la Mesa, tanto es así que cuando se acostó la noche anterior no se podía dormir porque como dice ella, "tenía mariposas en la tripa" de los nervios que acumulaba. Pero una vez despierta, después del madrugón, solo quedaba ponerse manos a la obra.




Ya era la cuarta vez que hacía el recorrido hasta el collado de Linza, así que ese tramo ya era conocido. En este punto tocaba echar un bocado y mirar el croquis que habíamos preparado el día anterior con el recorrido, ya que aún no interpretamos bien los mapas.




En los tramos por donde la roca característica del paisaje kárstico hacía que hubiese que parar a buscar los mojones del sendero para no perderlo, Elia decía: "¡esto se anima!" y disfrutaba de lo lindo con las pequeñas trepadas que nos íbamos encontrando. Viendo esto, aproveché para decirle que en el cono final al pico aún había más y mejores trepadas que las que había donde nos encontrábamos. Esto aún le animó más a tirar para adelante sin titubeos.




Elia miraba hacia todos los lados y siempre encontraba algo para decir "¡mira papá que chulo!". Especial interés encontró en las vistas de Petrachema y sus agujas que aparecían y desparecían entre la "boira".




Cuando encaramos el cono final, comenzó a gritar "¡¡no me lo puedo creer, ahora si que de verdad voy a subir a la Mesa!!", y a la seguida "¡pues no es tan largo como decía mamá!". Tuve que echarle un poco el freno porque con tanta euforia se lanzaba hacia las trepadas finales algo descontrolada. Al insistir en que debía ser prudente, su respuesta, sin parar de avanzar, era la de siempre "que sí papá, pesau".




Algo de chasco se llevó al llegar arriba y ver que el castillo que le habían comentado que había era algo pequeño, pero todo se vio compensado por el dragón de juguete que lo habitaba y con el que jugó como una niña.




Nos costó arrancar. Elia quería disfrutar del pico que con tantas ganas había subido. Comimos, nos echamos fotos, nos echaron fotos, sacamos nosotros también a la gente que había en buen número,...
La niebla también ayudó para tomar la decisión de emprender la bajada, ya que cada vez se iba metiendo más en la cima.
Viendo que se lo pasaba en grande destrepando, le comenté la posibilidad de bajar por donde habíamos subido o destrepar "a la aventura" un pequeño tramo. No hubo ninguna duda en la respuesta: "a la aventura".




"¡Me ha encantado la Mesa!, ¿podremos repetirla otro día?", eran sus palabras nada más terminar los destrepes. Yo también estaba muy contento de escuchar eso, pero le recordaba que aún quedaba bajar hasta Linza y que eso también formaba parte de la excursión,... "ya, ya, pero...¿podremos repetir?", insistía.




Desde el collado de Linza se despidió de la Mesa hasta la próxima vez, y ya por terreno conocido y más suave, las carreras comenzaron mientras la "boira" parecía que también quería participar.


Elia seguía eufórica, y después de dar un sin fin de volteretas, dimos buena cuenta de unos merecidos huevos fritos en el refugio, donde les contó a todos donde había estado y lo bien que lo había pasado.







martes, 1 de septiembre de 2015

Pistas de Linza, Rincón de Maz, Gamueta y Las Eras en BTT. Ansó

El pasado domingo 30 de agosto fue un día de ajetreo en Ansó. La 45 edición del día del traje hacía que el trasiego de gentes por sus calles fuera abundante como suele pasar en una fecha tan señalada. Hacia las seis de la tarde me liberé de los quehaceres de la casa y pensé en coger la bici. Todavía quedaban muchos coches por el pueblo y cercanías, así que decidí cargar la bici en el coche y subirme a Zuriza buscado un poco de tranquilidad.




Pronto me planté en Linza, no sin antes pasar por la cruz tallada en la roca que delimita los montes de Zuriza y Linza, y decidí subir tranquilamente a la Foya de los Ingenieros.





Mientras pasaba la tarde, me acordé de una conversación reciente que había tenido con Daniel. Este me comentaba que él disfrutaba mucho recorriendo las pistas y que especialmente lo pasaba muy bien recorriendo la pista del Rincón de Maz. Pensé que era un buen momento para ir y hacia allí me dirigí mientras veía como se escondía el sol por la punta Maz.




La bajada hacia Linza desde la Foya de los Ingenieros invita a tocar el freno lo justo y realmente se disfruta por la alfombra herbosa.




Hacía tiempo que no entraba con la bici por la pista del Rincón de Maz. El haber recordado la conversación con Daniel y el haber decidido ir fue todo un acierto. La subida suave, las vistas y la sombra en un día tan caluroso y agobiante como el que habíamos pasado se agradecían muchísimo.




¡Que gozada!, ¿y si después cojo la pista de Gamueta?, pensé. Aún no había llegado arriba pero las posibilidades estaban ahí.




Al llegar de nuevo a la carretera vi que aún me daba tiempo de recorrer la pista de Gamueta, ....¡ya estaba liada!. Lo que hasta ahora había sido un tranquilo paseo se convirtió en un ver si podía ir también a la pista de Las Eras y así completar la tarde, ???. Pero por el momento me disponía a disfrutar de Gamueta.




...Y tan liada, mirando el reloj y la luz, aún me autoconvencía de que tenía tiempo para ir a la pista de Las Eras.



Dicho y hecho, ...total, la pista de Las Eras es corta, .... incluso con un poco de cuidado puedo hasta coger el tramo de camino de subida del circuito de raquetas para bajar por el, ...claro mucho más entretenido para bajar que por la pista. Además, como diría Elia, ¡esto si que es una aventura!, y más aún cuando me acordé de que la linterna frontal estaba en la mochila vieja.


Al final, como se veía claramente, llegué a oscuras al coche. Fueron dos horas de disfrutar a tope con la bici, en un marco precioso y que se pasaron voladas.