viernes, 17 de marzo de 2017

BTT en Ansó. Romendía

Entre col y col..., bicicleta. En una primavera anticipada al final del invierno, todo el mundo en Ansó va loco con los huertos, y aunque estamos en invierno, y en plena temporada de esquís, viendo lo que se ve, apetece quitar un poco el polvo a la bici.




Las boletas ya hace unos días que han acudido a sus lugares habituales y todo parece que esté ya solucionado en cuanto al mal tiempo invernal se refiere. Pero como dicen los que ya tienen los huertos en marcha: "el invierno no se lo comen los ratones" o "hasta el cuarenta de mayo no te quites el sayo", aunque también debería valer el "que nos quiten lo bailau".




Asumiendo el mal de culo que tendré mañana por la inactividad bicicletera de los últimos meses, me he encaminado esta mañana hacia Hecho. Una vez en la muga he tomado la pista de la Sierra de Los Ríos con la intención de recorrer el Paco de Romendía.




Hace algún tiempo ya había realizado una entrada con este mismo recorrido. En aquel entonces se iniciaba una saca de madera de pino en Romendía y la trocha estaba recién repasada. Este invierno, acordándome de esta entretenida vuelta, me dí un paseo para ver como había quedado la trocha después de la saca de madera y ver si podía volver a dar la vuelta. Vi que la extracción de madera no había modificado el trazado plano de la trocha que la convertía en un paseo cómodo e ideal para recorrer el monte de punta a punta sin prácticamente desnivel. 




Antes de llegar a la Collada de Terit que es donde se deja la pista principal y se coge la trocha comentada, he pasado por el comedero y por el cercano observatorio ornitológico. Hoy no había comida y no ha habido mucha suerte para ver bichos.




Una vez en la trocha empieza lo bueno. Cierto es que el desuso hace que la maleza vaya ganando terreno. Árboles caídos que algunos se pueden esquivar y otros no, ramas en el suelo que permiten el paso unas veces y otras te hacen desmontar de la bici para salvarlas y, por qué no, algún que otro enganchón en la pierna con alguna zarza que no se ve, animan el recorrido que, en general y pese a lo descrito, podemos considerarlo como ciclable.




Como he comentado antes, la trocha cruza el Paco de Romendía sin prácticamente desniveles. Esto hace que no resulte duro avanzar por el bosque en el que se disfruta con todo lo que se ve. Desde el abundante rastro del jabalí, al ruido que produce en su huída, pasando por el martilleo constante de los pájaros carpinteros y el ronroneó de las parejas de ardillas que en su ensimismamiento permiten ver de cerca todos sus movimientos.




Cada uno de los cerros por los que se pasa se convierten en auténticos miradores donde las paradas se suceden permitiendo pasar el rato de la manera más tranquila.





Un potente descenso me pone en el barranco sin darme cuenta. La pendiente impone, pero la bajada es realmente sencilla ya que el piso de la trocha, en este tramo, esta bastante limpio y permite disfrutar de un desnivel extraordinario y continuado sin dificultades añadidas. Se sale a la carretera a la altura del Faile y la Monja desde donde, tras cruzar los túneles, te plantas en casa en un abrir y cerrar de ojos. Todo una gozada desde la puerta de casa aprovechando las altas temperaturas y el ambiente primaveral que estamos teniendo







domingo, 12 de marzo de 2017

Esquí de travesía en Ansó. Punta del Rincón de Alano desde Tachera.

El pasado jueves 9 de marzo nos juntamos Jaime, Alberto y yo para subir a Alano. En principio, se trataba de intentar pillar nieve, cuanto más abajo mejor, para evitar porteos. El lugar elegido es un buen sitio para temporada más avanzada ya que la pista de Zucaca, que sube desde Tachera hasta Mazandú, permite coger cota y reducir el porteo, e incluso en ocasiones eliminarlo.




Esta vez no pudimos aprovechar el recurso de la pista y hubo que salir desde abajo con los esquís. Unos cuantos cortes de nieve que nos hicieron descalzar los esquís antes de las parideras de Mazandú, permitieron acceder a un buen talud de la pista que nos condujo hasta la nieve contínua sin problemas.





A partir de allí ya no hubo problemas, incluso pudimos pasar el acceso estrecho del Achar de Alano con los esquís puestos. 




Una vez en Alano, nos dirigimos hacia El Rincón y Peñaforca en un día de calma y sol. Los días de calor se dejaban notar, creando formas curiosas en la nieve. Allí se juntaban bocas de ballena, hundimientos y pequeños barrancos que aparecían y desaparecían como por arte de magia





Conforme íbamos subiendo veíamos las opciones que teníamos. Mientras que las laderas de la punta del Rincón de Alano estaban soleadas y se intuía una nieve crema para el descenso, la subida hacia Peñaforca, en sombra, hacía pensar que la nieve se mantendría dura por más tiempo.




Ante este panorama, Alberto y yo nos encaminamos hacia la Punta del Rincón de Alano para hacer tiempo a que entrara el sol en la ladera norte de Peñaforca y Jaime decidió dirigirse poco a poco directo hacia Peñaforca.




Desde arriba, vistas espectaculares con cantidad de nieve, eso si, en cotas altas. La lluvia del lunes y martes anterior no solo se llevó la nieve caída el fin de semana, sino que parece que hiciera de escoba para barrer y llevarse buena parte de la que había por esas cotas más bajas.




Bajamos al fondo del circo formado entre Peñaforca y la punta del Rincón de Alano para encarar las rampas que suben directas a Peñaforca y, ya desde el inicio, vimos que la nieve no es que estuviese dura, lo que allí había era puro cristal. No era eso lo peor, una constante lluvia de trozos de hielo que se desprendían con estruendo desde arriba, hacía que pareciese que alguien estuviera jugando a los bolos con nosotros desde arriba. 





Rápidamente nos quitamos la idea de subir por allí, y dirigiendo la mirada hacia el lugar por donde habíamos bajado con una nieve de lo más disfrutona, observamos a Jaime que había tomado la misma decisión que nosotros y se había encaramado en un resalte a ver la partida de bolos. Como si de una vuelta al ruedo se tratara, volvimos hacia las laderas soleadas de la punta del Rincón para encontrarnos con Jaime y volver a repetir cima.



.

Una rápida subida y un descenso por una nieve primavera espectacular hicieron que disfrutásemos de lo lindo hasta la caseta de Alano. Allí, una parada para echar un bocado nos permitió coger fuerzas para remontar hasta el Achar de Alano




No son muchas las veces que este estrecho permite bajar con los esquís calzados y no era cuestión de desaprovechar la oportunidad. Otra más para contar. La nieve permitía bajar con seguridad y disfrutar sorteando pedruscos con cuidado.



Una bajada por el bosque cogiendo lenguas de nieve, y descalzando alguna que otra vez, completó una entretenida jornada de esquí, donde la elección de las mejores zonas para disfrutar de buena nieve, fue la protagonista.