martes, 15 de julio de 2014

Zabalcoch-Zuriza. Valle de Ansó

El domingo Elia se levantó tarde. Había estado disfrutando el día anterior en las fiestas de Fago y se había acostado también tarde. Pero se levantó con ganas de ir al monte y rápidamente nos pusimos en acción. Subimos con el coche hasta Zabalcoch y de ahí tomamos el camino hacia Maidoguí.



Eran las once de la mañana cuando empezamos a caminar y el día prometía. Llevábamos abundante ropa de abrigo, ya que los días anteriores habían sido bastante frescos. Mientras Elia no paraba de quitar ramas y palos del camino me contaba lo bien que se lo había pasado el día anterior en Fago. Desde sus bailes acordes al disfraz de hawaiana con el que me recibieron ella y sus amigas cuando la fui a buscar por la noche, hasta el "rapel volao" que montaron Gerardo y Jon con una grúa y con el que disfrutaron de lo lindo todos los niños que allí acudieron.





Sin parar de hablar, cuando nos dimos cuenta estábamos en la loma Paulín y el sol apretaba pero a cambio ya habíamos ganado altura y el aire estaba presente, lo justo para que fuera agradable. Desde allí nos dirigimos hacia la fuente del codero de Archincha. Lugar que tuvo su sitio en la prensa, hacia el año 1970, por haberse encontrado el cuerpo de un oso muerto. Mientras le contaba esto a Elia, alcanzamos la fuente y justamente al llegar oímos un chapoteo y observamos el agua turbia y un salpicado reciente sobre las piedras e inmediatamente Elia dijo: "igual era el oso". Le comenté que el 1970 había pasado hacía muchos años y lo más fácil es que se tratase de algún jabalí sediento y se quedó tan conforme. 




Una vez echado el trago de agua de rigor, nos adentramos hacia el codero de Archincha. Lugar aislado donde reina una tranquilidad fuera de lo normal. Allí nos sorprendió Manolo, que iba corriendo aprovechando la mañana tan buena que había salido.




A partir de ese momento nos adentramos en una senda espectacular. Si se hiciera una clasificación de sendas del Pirineo, a buen seguro que esta disfrutaría de un lugar destacado. La senda se abrió por primera vez en el verano de 1974 y solo hasta alcanzar el circo de Tresveral y por motivos de caza. Pero los que allí estuvieron trabajando, se dieron cuenta de que no eran los primeros que pasaban por esos escarpes a tenor de la cantidad de cepos y lazos que iban encontrando por el camino. Hoy la senda continúa hasta Zuriza utilizando antiguas trochas de sacar madera de Tresveral y rompiendo el estrecho de la cleta de Zuriza como se puede, eso sí, señalizado y con abundante uso.




Elia estaba un poco mosqueada porque en los tramos en los que nos encontrábamos no le dejaba correr por el camino y más después de haber visto a Manolo. Le explicaba que había que pasar con cuidado, realizar trepadas y no se podía fallar, ya que una caída en según que sitios podía tener malas consecuencias. Mientras le comentaba esto escuchamos unas voces que venían de arriba, pero, ¿cómo podía ser?, si  yo le había dicho que no había otra posibilidad de paso. Solo se podía pasar por donde estábamos pasando. Echando la vista hacia donde se oían las voces descubrimos el secreto y entonces a Elia ya no le interesaba correr, solo quería escalar.




Las trepadas le convencían mientras avanzábamos y me decía que aunque no estuviéramos subiendo ningún pico esta excursión le estaba "molando".




Al entrar en el bosque de Tresveral, dejando atrás las fajas colgadas le dije que era el momento de correr si quería. El resultado fue que pasamos el tramo de bosque en un pis-pas. Ella controlaba las series de dos minutos corriendo y treinta segundos andando. Cuando pensaba que me estaba haciendo alguna trampilla con las rampas me sorprendió el arranque que tuvo para salvar la Cleta de Zuriza. Una de las pendientes más fuertes del recorrido se la tragó a la carrera y eso que era el final del recorrido y después de unas fiestas, ???.




Llegamos al Camping de Zuriza justo a la hora de comer y compartimos mesa con los compañeros del Club Linza que venían de realizar una de sus habituales salidas, esta vez a la Paquiza de Linzola. La comida era buena, el ambiente también, nos atendieron muy bien y Elia contaba el camino que había realizado y lo bien que se lo había pasado el día anterior en las fiestas de Fago.







lunes, 7 de julio de 2014

Los terceros también existen. Escalada en Peña Rueba

El sábado fuimos Pablo y yo a escalar. En principio habíamos pensado en ir al Anayet, pero como las previsiones meteorológicas no estaban claras y existía la posibilidad de tormentas decidimos asegurar y bajarnos al Reino de los Mallos, concretamente a Peña Rueba. Pablo había mirado las reseñas en el blog "Escalando" donde, tanto la reseña como la descripción de los accesos está muy bien explicada.
La vía elegida se llama "los terceros también existen" y sus aperturistas J. Benedé y L. Royo de Sendero Límite nos dan garantía tanto de grado como de equipación.



A las seis de la mañana habíamos quedado para salir desde Ansó, por aquello del calor. La verdad es que nos fue bien, ya que hicimos toda la escalada prácticamente en sombra por la orientación.




La aproximación la hicimos sin apenas dudas siguiendo la reseña antes indicada, y rápidamente encontramos el arranque de la vía. Nos enfrentábamos a 270 metros de escalada repartidos en diez largos con la mayor dificultad en el tercero. Un muro bien equipado de 5b que, aunque se pasa sin apuros, hay que apretar.




En este tramo le prestamos unas cintas a Eduardo Teba que escalaba detrás de nosotros con su hijo Alberto. El tramo necesita unas quince cintas y el cambio de destino por los mismos motivos que nosotros hizo que fueran algo escasos de material.




La compañía era agradable, y en las reuniones las charradas eran continuas. Su hijo Alberto disfrutó mucho en ese tercer largo que es donde más vertical se pone la pared.




Casi sin darnos cuenta nos plantamos en la cima del Mallo de la Mora donde también estaba el mar. Restaban dos largos de mero trámite para tener la posibilidad de ir a la punta de Peña Rueba. Desde allí las vistas eran espectaculares, los Mallos de Riglos, los de Agüero, el valle marcado del río Gállego que siempre pasa desapercibido cuando vas por la carretera, la Peña Oroel, el Pirineo,...



En cuanto el terreno lo permitió, Pablo echó a correr hasta la cima, mientras el resto subíamos sin prisa. Arriba nos hicimos una foto juntos para tener un buen recuerdo del día.




El descenso lo hicimos por una bonita y entretenida ferrata, no sin antes subir a la punta de Peña Varella (creo que es ese su nombre) que nos desafiaba tentadora. Después de descender de dicha punta, Pablo también encontró tentadora la sombra de una carrasca aislada en la que dimos buena cuenta del bocadillo que llevaba.





Entre risas y enredos bajamos por la ferrata como críos. Habíamos completado una mañana de sábado por todo lo alto cumpliendo horarios, disfrutando sin complicaciones, conociendo a gente agradable y todo sin pasar calor como nos temíamos.




martes, 17 de junio de 2014

II Jornadas de Medicina Natural y encuentros con la Naturaleza. Ansó

Este fin de semana pasado se han celebrado en Ansó por segundo año consecutivo las II Jornadas de Medicina Natural y encuentros con la naturaleza. La asistencia ha sido con arreglo a lo previsto superando el medio centenar de personas. El tiempo ha sido inmejorable y el ambiente parecido.


El viernes quedamos con Constancio para preparar el herbario. Tras recoger las últimas especies, todo quedó preparado para el sábado por la mañana. Este año, el herbario además de superar las 130 especies convenientemente etiquetadas, estaba clasificado por grupos según su aplicación: sistema nerviso, úlceras, tóxicas, uso veterinario, ...



El sábado por la mañana, mientras se secaba la hierba por el aguazón matutino y tras la presentación de las jornadas realizada por Constacio, se hizo una intensa e interesante visita al herbario, donde la gente pudo observar, palpar y fotografiar las especies.



Cuando nos apeteció, decidimos salir a realizar el primer circuito de las jornadas. Todos parapetados con carpetas y mentalizados y dispuestos a aprender nos pusimos en marcha. 




Además de ver un montón de especies, como es habitual con Constancio, tuvimos una buena sorpresa. Nos encontramos una planta de cicuta de buen porte y en un entorno no habitual. La observamos, aprendimos a distinguirla de otras umbeliferas, y vimos como su altura rebasaba las cabezas de todos.



Tras la sorpresa por el encuentro de la cicuta, seguimos con el paseo y encontrando infinidad de especies, observando sus características, sus utilidades,...




Por la tarde, Pedro nos hizo un taller de caléndula con sus usos y aplicaciones. Resultó de lo más interesante no sólo por la cantidad de cosas que se pueden hacer, sino por aprenderlo como lo hicimos. Ante las dudas y curiosidades que la gente planteaba, hacía que ellos fueran descubriendo el porqué, hasta llegar a la respuesta de cada cuestión. Conocimos la diferencia entre esencias y aceites esenciales, como maceraba él sus productos, nos encauzó para que probásemos a hacer cosas y al final nos dió un dossier de su taller y nos obsequió a todos con la crema preparada en una curiosa cajita. Todo un detalle.




La tarde terminó con la proyección de diapositivas, donde Constancio hizo mucho hincapié en las plantas tóxicas y nos las presentó con toda la majestuosidad que les caracteriza.


El domingo por la mañana, Ana nos dio una charla de lo más entretenida. Además de iniciar la charla con una introducción en la que nos transmitió la absoluta dependencia que tenemos de la flora en nuestra vida cotidiana desde que nos levantamos (somieres de láminas de madera, sábanas de hilo, camiseta de algodón, café,...), dio un repaso a la diversa flora del parque Natural de los Valles occidentales explicando el porqué de esa diversidad. Finalmente aprendimos a distinguir entre cremas, ungüentos, cataplasmas, licores, compresas,.... Todo ello oliendo, tocando, comiendo e incluso bebiendo, toda una gozada de charla.




Después tocaba salir a dar otro paseo. Esta vez, además de seguir aprendiendo, Constancio se aventuró a realizar una pequeña evaluación entre los asistentes. Quedó satisfecho del aprovechamiento que la gente había realizado de las jornadas.




El buen día, el buen ambiente, el intercambio de información, el interés demostrado por los que allí estaban hacían que las jornadas transcurrieran de la mejor manera que podía transcurrir.



Para terminar, Constancio nos enseñó una prensa de plantas y nos dio consejos de cómo utilizarla. Aprendimos a secar hojas, flores, tallos gordos y finos, raíces,...




Todo terminó con una mesa redonda, curiosamente activada por unos cuantos participantes donde las aportaciones siguieron siendo lo mejor de unas jornadas intensas y gratificantes para todos.