miércoles, 4 de diciembre de 2013

Paseo con esquís. Barcal de Linza-Collado de Petrachema. Ansó

Ayer nos juntamos José Antonio, José Manuel y yo para dar un paseo con los esquís. Para mí era el primer día de la temporada, José Antonio ya se había estrenado y José Manuel retomaba la actividad después de unos años.
Elegimos Linza para arrancar y nos dirigimos hacia la Foya de los Ingenieros por la pista de esquí de fondo.



Para nuestra sorpresa, nos encontramos con la parte de la pista que sube a la Foya de los Ingenieros sin pisar por la máquina. Por un lado, me recuerda otros tiempos en los que no existía máquina y la visión de la zona, totalmente virgen, resultaba espectacular, pero por otro lado, preocupan el esfuerzo y las inversiones hechas para que el esquí de fondo en Linza se consolide como actividad.



Los raquetistas han disfrutado por la zona abriendo huella por muchos sitios, pero en la diagonal de la Foya Manaté ya no tenemos huella y toca ponerse el mono y medir nuestras fuerzas en este principio de temporada.



Una vez superada la diagonal, José Manuel decide buscar un sitio cómodo al sol y esperarnos mientras José Antonio y yo decidimos alargar un poco más el paseo. 



Pese a que este año he reparado los esquís, observo que algo tendré que hacer con las pieles. Para seguir subiendo tuve que hacer uso de la cinta americana, ya imprescindible en la mochila.




Poco antes de llegar al Collado de Petrachema, José Antonio cumple uno de sus objetivos, que era localizar un quebrantahuesos que campa por la zona. ¡Que ojos más agudos tiene el jodido!. El bicho sobrevolaba la punta del Sobarcal y no estaba lo suficientemente cerca para localizarlo de manera fácil, ... pero dicen, que la experiencia es un grado.




En el collado, justo en el límite fronterizo, vemos como la pala de Petrachema anda algo escasa de nieve por culpa del viento que hizo posteriormente a las nevadas. No obstante, observamos que aún se podría trampear la bajada. Después de echar un trago de agua, de la botella de José Antonio, ya que a mí se me había olvidado la cantimplora, y unos trozos de chocolate, decidimos bajar al encuentro con José Manuel.




Disfrutando de una nieve espectacular, nos encontramos con José Manuel, al que seguramente se le había hecho larga la espera.
Nos espera la inclinada pala de la Foya Manaté para ir poniéndonos a tono al inicio de la temporada.




El día era muy bueno y mientras veíamos como en las orientaciones sur la nieve se iba transformando, la "nevera" en la que se convierte el Barcal, por su orientación, mantenía una nieve polvo alucinante.



Llegando a la Foya de los Ingenieros, otra vez nos acordamos de que la máquina no ha pasado por la pista de esquí de fondo, esta vez con un sentimiento más egoísta, al tener que imprimir un mayor esfuerzo en las cortas y suaves remontadas.



En un "pis-pas" llegamos al Llano de Linza, donde ya encontramos la huella de la pista, y completamos un arranque de temporada que nos deja con ganas de repetir cuanto antes.




martes, 26 de noviembre de 2013

Raquetas de nieve en Ansó. Las Eras, temporada 2013-14

Ayer, viendo que podía salir un rato y después de cinco días arrestado en casa,  decidí acercarme al Circuito de Raquetas en Las Eras. Me había comprometido con AND Turismo Rural para grabar los tracks con GPS de cada uno de los recorridos del circuito y esa fue la excusa perfecta para hacer algo al aire libre.
Arranqué hacia el mediodía con frío y viento en Ansó, pero despejado. Cuando llegué al aparcamiento salí del coche con toda la ropa puesta y de ninguna manera apetecía quitarse nada. Decidí empezar por el recorrido más corto, el denominado:
"Barranco Las Eras". (Track del recorrido)
Observando, me doy cuenta de que me va a tocar abrir huella por todos los recorridos ya que todo está virgen.


Aunque se trata de un recorrido con poca distancia y poco desnivel, antes de llegar a la mitad tengo que parar a quitarme ropa.




Rápidamente doy la vuelta y llego al inicio del camino. Sin pensármelo dos veces, me lanzo a por el más largo de los recorridos, el conocido como:
"Cerro de Pinaré". (Track del recorrido)
Al principio ya se nota el tramo abierto, pero hasta el cerro queda mucha huella por abrir.




En cada parada que hago, miro para atrás para ver que tal queda la huella y la verdad es que lo que se ve, me gusta. Dentro del bosque se está bastante bien, pero se intuye el frío viento reinante y, antes de salir al cerro, decido ponerme la chaqueta.




La decisión es un acierto y ya no me quito ropa en toda la bajada. Observo como el aire ha hecho de las suyas en las zonas más expuestas, dejando los cerros pelados.




El esfuerzo de abrir huella en la bajada es menos duro y para cuando me doy cuenta, ya he completado la vuelta. Tras grabar el "track", me tomo una barrita y un trago de agua, y arranco sin pensármelo a por el tercero de los recorridos, esta vez el elegido es el que hemos bautizado como:
"Olmos y serbales". (Track del recorrido)
Cada vez se va notando la huella abierta, pero en este recorrido aún me falta abrir un tramo, el más alto.



En la parte baja se notan las pasadas, mientras que en la parte de los olmos y los serbales la apertura de huella cada vez cuesta más. Esto hace que, pese al frío, se me empañen las gafas y no sea necesario añadir más ropa al cuerpo.




De nuevo la bajada la hago rápidamente y otra vez me encuentro en la salida dispuesto a realizar el siguiente recorrido:
La verdad es que la huella se está quedando como a todo el mundo le gusta. Pero aún quedará otra pasada además de la que voy a hacer.




El día va avanzando y tengo que repostar, un par de mandarinas y un trozo de chocolate hacen que tire para adelante. Ahora ya no tengo que abrir huella nueva, solo repasar lo ya abierto.


Vuelvo a llegar al aparcamiento y la tarde va avanzado. Aún me queda otra vuelta y la huella se va mejorando cada vez más. Esta vez le toca el turno al recorrido:
"Paco Las Eras". (Track del recorrido)
Pese a haber hecho la operación de guardar el "track" e iniciar uno nuevo cuatro veces, no me fío y sigo tirando de chuleta para la última vez.




En la última vuelta se me hacen las cinco de la tarde en el primero de los cruces de los recorridos, pero la huella ha quedado impresionante. Vuelvo a pillar la bajada con ganas y termino el día contento de haber machacado el circuito para empezar la temporada en condiciones.



Tras casi 15 Kilómetros y más de 1000 metros de desnivel positivo llego a la carretera y, sin pérdida de tiempo, me pongo toda la ropa que llevo y bajo a casa a preparar corriendo el primer parte de la temporada del estado del circuito.


Mas información sobre el circuito

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Circular en Ansó. Bco. Marcón-Cueva del Oso-Chimena-Bco. Marcón

Ayer por la mañana, y viendo que el tiempo aún permitía una tregua, decidí dar un paseo por uno de los rincones más bonitos del valle. Solo tenía claro al principio, que me iba a adentrar por el Barranco de Marcón, con la intención de llegar a la pista de izquierda del Veral y una vez allí decidiría que hacía en función del tiempo.



Una vez cruzado el barranco de Pacozalboch el camino remonta por el solano permitiendo salir del "agujero" y empieza a permitir ver algo. Aún quedan colores otoñales por el monte y meteorológicamente hablando, más de lo mismo en estos últimos días, nubes amenazadoras por la cabecera.



Como cuando llegué a la pista aún me daba el sol, decidí acercarme hasta la caseta de Archibú. Entré en la caseta y observé que está en un estado bastante aceptable y tiene leña por si a alguien necesita encender el fuego.




Una vez allí, la amenaza del tiempo hace que me decida por coger el camino que, pasando por la Borda Romo, me puede llevar hasta el cerro Baquera o hasta Archincha. Conforme avanzaba, otra vez el tiempo dió una tregua y lo que parecía que se iba a convertir en un infierno, se calma.



Esta bonanza me dió pie a mirar con buenos ojos la salida de agua que fluye desde el interior de la Cueva del Oso. Hacía algún tiempo que no había estado por allí y decidí subir, cambiando de nuevo el itinerario previsto. 



Tras pasar la pedreguera y alcanzar las hayas grandes cercanas a la salida del agua, me asusté de observar el estado en el que se encuentra una de ellas. No sólo por estar a punto de caerse, sino porque acababa de pasar por debajo de ella escuchando unos crujidos bastante sospechosos, lo que me hace pensar que la próxima vez que vuelva por aquí la encontraré en el suelo. Una vez pasada el haya, me costó un poco encontrar el mejor paso para entrar en la cueva debido a la cantidad de "gabarderas" pinchudas que allí se concentraban, pero una vez dentro,... ¡a disfrutar de la Cueva del Oso!




Antes de salir, decidí llenar la cantimplora, con la intención de que me sobrara agua y así darle un poco a Elia cuando llegara a casa y le contara donde había estado. También le contaría lo que les decían los pastores a sus "repatanes" sobre esta salida de agua: "...si te agachas a beber y notas algo fresco en el culo, has de saber que es el morro del oso". Imagino que más de uno se aguantaría las ganas de beber, y si alguno decidía agacharse, dudo mucho que no echara algún vistazo hacia atrás o acortara el trago por si las moscas.



Antes de bajar la pedreguera que me llevaba al camino para cruzar al Cerro Baquera, esta vez en su parte alta, recordé el estado del haya antes mencionado y lo rodeé lo suficiente como para que, en caso de caer, no me pillara debajo. Una vez en el cerro, alcanzo a ver la Borda Chimena, y en vista de que el tiempo sigue dándome tregua, allí decido dirigirme. Aunque el camino se queda por debajo de la borda, me acerco para echarle unas fotos.




Estando en la borda, empiezó a nevar y decidí emprender el camino de bajada. No me pude resistir y, bajando por el solano de Archincha, cojí unos "revichuelos" ya que supuse que serían, seguramente, los últimos de la temporada. Al llegar al desvío, que cruzando el Barranco Maidoguí y el Cerro Baquera, me podría llevar por la Borda Romo hasta Archibú, lo tomé hasta el cerro y por allí bajé hasta el coche sin necesidad de recorrer ni un metro de carretera.



La zona es espectacular, y pese a que conforme bajaba, los copos se iban transformando en agua, no paré de disfrutar de todo lo que por allí veía. Hasta un corzo me hizo un quiebro, a muy pocos metros, para esquivarme escondiéndose rápidamente en la espesura, ¡lo que faltaba para redondear la tarde!.



Durante todo el recorrido que anduve para llegar al coche que estaba aparcado en la parte más baja del Barranco Marcón, junto a la Borda Saletas, el bosque presentaba una estampa impresisonante.