miércoles, 18 de septiembre de 2013

Arista de los murciélagos. Pico Aspe.

El pasado sábado, y después de tres aplazamientos producidos por la meteorología, pudimos ir Pablo y yo a la arista de los murciélagos. Esta vez la meteo pronosticaba buen tiempo y sin dudarlo salimos de Ansó a las seis de la mañana en dirección a Aisa, con la intención de empezar a caminar a las siete.




Cumpliendo horarios nos pusimos a caminar justo pasadas las siete de la mañana y la aproximación nos costó unas dos horas, con lo que, a las nueve estábamos al pie de la aguja "donde estás tú". Por el camino ya nos encontramos a Unai y Beñat (www.capraalpina.com), y sólo les adelantamos en una parada que hicieron para descansar un poco. Tanto ellos como nosotros decidimos saltarnos el tramo de II del collado hasta la aguja "donde estás tú", y arrancar justo a pie de aguja. Así, formamos dos cordadas seguidas para recorrer la arista.




Pese a que la predicción era de buen tiempo, la niebla tapaba toda la arista. Solo dejaba ver los metros inmediatos, pero decidimos arrancar con la esperanza de que la "boira" levantara según avanzara el día.




Después de abrigarnos bien, arrancamos en los tramos de III ó III+ que salvan la primera aguja, y después de un pequeño destrepe, nos ponemos los gatos para afrontar el mejor tramo de la arista. La tirada de IV+ para subir la aguja "donde están éstos" resulta tan cómoda y sencilla como espectacular.





Dudamos un momento de si nos quitábamos los gatos o no para avanzar hacia el rapel por la arista. Al final llegamos al rapel con los pies de gato puestos y después de hacerlo nos los quitamos para llegar al paredón de la antecima.




Mientras Beñat y Unai seguían nuestros pasos, Pablo atacaba el paso mas complicado de la arista. Se trata de un V- que superamos sin problemas, aunque como comentó Pablo, en las reseñas que había mirado, ponía que había un clavo justo en el paso, lo que no ponía es que el clavo bailaba el chotis, el charlestón y hasta el cancán.




Las vistas que ofrece la arista eran espectaculares, siempre que lo permitía la niebla. No obstante, el sol, conforme iba avanzando el día se iba apoderando de la situación poco a poco.




El último largo que hicimos hasta la antecima, lo trazó Pablo un poco a su manera, apoyándose en que por donde había pasado había un clavo. Aumentó un pelín la dificultad pero pasamos sin problemas. Unai y Beñat hicieron la última reunión justo debajo de nosotros y observaron que el paso final era por el otro lado de por donde habíamos tirado.





Al final, el día despejó y solo arriba pudimos quitarnos la chaqueta. Nos hicimos unas fotos y nos despedimos de Unai y Beñat que tenían que bajar con más prisa que nosotros.



Después de unas cuatro horas de arista y otras dos de bajada hasta el coche, el hambre apretaba de lo lindo. Decidimos parar en la Borda Juan Ramón para echar un bocado. Pese a pasar de las cuatro de la tarde, nos dieron de comer estupendamente y además nos trataron como a todo el mundo le gusta que le traten, bien.


Ya relajados y tomando un café en la terraza de la borda, tiré de zoom para tener una imagen de la arista que se nos había negado por la niebla durante todo el día. Volvimos a casa tan contentos de haber disfrutado de otro muy buen día por el monte.




lunes, 9 de septiembre de 2013

Espelunga Gurrillón. Ansó

El pasado domingo 1 de septiembre y casi por obligación tuvimos que ir con Elia a la Cueva Gurrillón. Digo que casi por obligación, porque Elia sabía que el fin de semana anterior había estado su amigo Martín con sus papás en el mismo lugar, y como ya le había comentado que iríamos algún día, la motivación para ir hacia allí, ¡ya!, era extrema por su parte.




Por fin conseguimos madrugar y salir con buena hora. La mañana era fresca y el "aguazón" o rocío matutino abundante entre la hierba. Pronto descubrimos la nueva señalización de la zona que orienta para realizar el recorrido, pese a que Elia ya conocía este primer tramo de camino que nos lleva al Barranco Piero.




Conforme avanzamos, el resguardo del bosque junto con el avance del sol, nos permite quitarnos la chaqueta que hasta ese momento se agradecía. Por el recorrido cogimos unos "revichuelos", los primeros de este año. También vimos que existen setas que, como dice Elia, "hacen magia". Ella misma comprobó que al raspar con su uña sobre la seta, ésta cambia de color, tomando un tono azulado en segundos, allá donde ha sido raspada.




Tras enseñarle varias inscripciones en piedras hechas con paciencia y tiempo por Pepito de casa Talecón por el camino de Idoya, llegamos a donde los cazadores esperan a los "chavalines" en el punto conocido como "la mata". Allí, seguimos remontando hacia Idoya pese a que llevamos dejando atrás varios carteles indicadores de la cueva Gurrillón, lo que no deja de inquietar a Elia.





Pese a todas las curiosidades observadas por el camino, desde que habíamos visto la "seta mágica", yo notaba a Elia en exceso callada para lo que en ella es habitual. Yo le preguntaba si se encontraba bien, si tenía calor, sed, ... En la cota más alta decidimos comer una barrita de coco y chocolate, y Elia seguía pensativa. Hasta que por fin descubrí el pastel cuando me preguntó: "papá, ¿la sangre de las setas es azul?". Había pasado casi una hora desde entonces, y el cambio de color de la seta no le había dejado indiferente. A partir de ese momento volvimos a la rutina habitual en cuanto a su actitud, es decir, no callar y no parar de contarme y preguntarme cosas.




Las ganas de ver la "espelunga" (cueva en ansotano) se apoderaban de Elia y las vistas que teníamos del valle y de la Loma Beatorre casi pasaban a un segundo plano.



Una vez en la cueva, las camas de jabalíes no pasan desapercibidas, ..."¿aquí duermen?". Tampoco el hollín del techo, ..."¡que sucio!".





En la Espelunga Gurrillón nos ponemos los pantalones cortos y continuamos con la excursión. Bajamos hacia "La Era Gurrillón" para completar un recorrido circular hasta el Barranco Piero, de tal forma que solo repetimos un corto tramo de camino para llegar a Zabalcoch.




En la bajada vamos combinando tramos de bosque, con claros que nos siguen permitiendo disfrutar de unas buenas vistas del valle del Veral.






El calor del mediodía apretaba, pero el hecho de haber madrugado y encontrarnos ya de bajada, favorecía. Rápidamente llegamos a Zabalcoch donde nos esperaba un recalentado coche en donde como dice Elia "huele a calor".



El buen horario nos permitió llegar a Ansó con tiempo suficiente para seguir disfrutando, ésta vez de un buen vermú antes de comer.