miércoles, 19 de junio de 2013

Néouvielle con esquís

El viernes pasado partimos de Ansó Peyo, Aro y yo, con la intención de esquiar por las laderas del Néouvielle el sábado. En poco más de tres horas de coche nos plantamos en el aparcamiento del lago de Orédon. Un cartel en el suelo "semi-impedía" el paso hacia el lago de Aubert. Como eran las ocho de la tarde y aún teníamos un rato antes de acostarnos, decidimos aventurarnos y, cuando menos, saber que pasaba por ahí ya que la barrera estaba levantada. Llegamos al aparcamiento de arriba y allí solo había una máquina aparcada y nieve alrededor. Temiendo por una posible multa, dimos la vuelta hacia el aparcamiento de Orédon y asumimos la media hora de porteada hasta los Laquettes que es donde nos calzamos los esquís la mañana del sabádo.

 
 
 
Por la noche las nubes impidieron el rehielo que esperábamos y pese al madrugón, a las seis de la mañana la nieve no estaba helada en absoluto. Tras la porteada al llegar a los Laquettes hicimos un poco de comedia hasta que conseguimos cruzarlos por un tramo estrecho y calzarnos los esquís un  poco antes que el resto de los muchos que llevaban las mismas intenciones que nosotros.
 
 
 
 
Estábamos en la cota 2080 y nos separaban justo los mil metros de desnivel hasta la cima del Néouville (3091 m). Sin pérdida de tiempo nos pusimos a foquear.
 
 
 
La cantidad de nieve que hay es alucinante y nos permite avanzar con los esquís puestos todo el rato salvo un pequeño corte de una decena de metros para salvar la cresta de Aubert.
 
 
 
 
Aro nos impone un constante y calmado ritmo que nos permite subir de una manera comodísima por todas las palas que nos llevan hacia nuestro objetivo.
 
 
 

 

Así como vamos avanzando en el ascenso las vistas que tenemos alrededor son cada vez más espectaculares. Yo voy detrás de Peyo todo el rato y no hago más de darle golpes con mis esquís en sus colas porque lo último que miro es el suelo. Peyo no se queja pero me imagino que, conociéndole, tendrá unas ganas de decirme algo que seguramente no será suave.
 
 
 
Decidimos apurar con los esquís todo lo que pudimos para acceder a la fácil trepada final.
 
 
 
 
 
Una vez arriba reconocimos el buen ritmo impuesto por Aro y lo efectivo que había resultado porque en poco más de tres horas habíamos completado la ascensión.
 
 
 

 
En la punta del Néouvielle nos hicimos la foto de rigor, echamos algo al cuerpo y con cuidado pero sin pérdida de tiempo destrepamos en busca de los esquís.
 
 
 
La bajada nos permitió disfrutar de una calidad de nieve habitual para un 15 de junio pero con una cantidad desbordante para las fechas en las que nos encontramos y que nos permite hacer desniveles considerables con mínimas porteadas.
 
 
 
Una vez abajo, la sensación de cruzar los lagos mientras el agua se va apoderando de la nieve y el hielo es aconsejable solo para que dure muy poco rato.
 
 
 
En la bajada nos encontramos con gente conocida, pero Iñaki e Iñigo, azpeitiarras conocidos de Aro se unieron a nosotros o nosotros nos unimos a ellos, para apurar al máximo la esquiada y así minimizar la porteada.
 
 
 
Juntos acabamos cenando un buen perolón de pasta, acompañado de unas también buenas viandas traídas de ambos lados de la frontera y comentando lo bien que se nos había dado el día por estos territorios. También observamos como un miembro de la gendarmería hacía cumplir la normativa desalojando tiendas de campaña instaladas en el aparcamiento e indicaba las zonas para poderlas instalar. Hablamos con él y en respuesta a nuestra pregunta de que hubiera ocurrido si nos hubiéramos quedado con el coche en el aparcamiento de arriba estando el acceso cerrado nos respondió con las cejas muy levantadas que la multa por hacerlo era de 1500 €. Todavía nos pusimos más contentos no sólo por que nos entrara la responsabilidad la tarde anterior, sino por haber evitado una posible multa muy considerable. 
 

 

 

 


 


 

 

 

sábado, 8 de junio de 2013

Aguja Roja por la vía normal. Riglos

El domingo pasado, 2 de junio, bajamos con Pablo a Riglos para echar el día por ahí. Nos vimos forzados a un drástico cambio de planes siguiendo los consejos del guarda de Góriz que nos recomendó no ir con los esquís el sábado por la tarde para dormir ahí. Pretendíamos esquiar el domingo ya que daban algo de mejoría, pero la realidad fue que el domingo seguía el Pirineo encapotado.
Llegamos pasado el mediodía a Riglos y Pablo buscaba la sombra para echar un pequeño bocado antes de acercarnos a la Aguja Roja. La única sombra que había era la de los muros del cementerio de Riglos y allí que fuimos para aprovecharla.

 
 
Sin perder mucho tiempo nos dirigimos hacia nuestro objetivo con ganas. La Aguja Roja es uno de los mallos pequeños y se puede acceder a ella desde el pueblo o como hicimos nosotros desde el aparcamiento del cementerio o el centro de interpretación. Interesante opción cuando el aparcamiento de abajo está saturado. 
 
 
 
Pablo había memorizado la reseña de Korkuerika y arrancó por el primer largo vigilando donde se agarraba y apoyando el culo en la aguja Gómez Laguna para subir al puente de roca que une las dos agujas y donde se encuentra la primera y cómoda reunión.
 
 
 
Mientras Pablo arranca en el segundo largo, otra cordada estaba bajando. Al llegar a la reunión se encontró con Daniel, con el que coincidimos en los cursos de esquí de travesía de Peña Guara del año pasado. Le preguntamos por su tabla y nos confesó que prefería la escalada. Desde la primera reunión le pedí que hiciera un posado y ahí está el resultado.
 

 
 
Frente a los 25 metros del primer largo de IV grado y a los 20 de IV+ del segundo, llegan los casi 40 metros del tercer largo de IV+ que son de lo más disfrutones. Este largo discurre por un diedro- chimenea hasta un collado formado por un espolón que permite montar la reunión en unas sirgas que lo abrazan. Buenas presas para manos y pies facilitan lo que a priori parece más complicado.
 
 
 
 
El último largo es el más sencillo. Una tirada de 25 metros de III+ o IV nos llevan a la cima de la Aguja Roja completando sus 120 metros de escalada y ofreciéndonos unas vistas espectaculares.
 
 
 
 
El descenso se hace en tres rápeles, el primero hasta el collado formado por el espolón, el segundo hasta la R2 y el tercero desde ésta hasta el suelo.
 
 
 
 
Una vez abajo, el puente de roca enmarca a Pablo en nuestro retorno hacia el coche. Un último vistazo a la aguja por su cara sur que oculta la vía realizada por su cara norte, equipada con chapas blancas.
 
 
 

Otro vistazo a los Mallos grandes es inevitable para terminar un primer día de escalada de la temporada de lo más acertado.
 
 
 
Llegamos a Ansó a la hora de cenar con muy buena gana y con la sensación de haber disfrutado del fin de semana de la mejor manera posible, pese a que fastidia un poco no haber podido aprovechar la abundante nieve que todavía queda en el Pirineo.
 

 

 
 

 
 

 
 
 

 

miércoles, 29 de mayo de 2013

II Jornadas Ornitológicas, Camping Valle de Ansó.

Este año la primavera se está pasando sin pena ni gloria. Mas bien parece una continuación del invierno. De cualquier modo, el Camping Valle de Ansó continúa con interés en la organización de eventos. Esta vez tocaban las jornadas ornitológicas por segundo año consecutivo y aunque el tiempo no acompañaba el primer día, la presentación de éstas a cargo de Jaime Solanas fue todo un éxito.


A la calidad de sus fotografías de fauna ornitológica y paisaje realizadas en el valle de Ansó, se unieron los interesantes comentarios de todo un profesional interesado en estos temas.
Aunque los comentarios se centraron en el quebrantahuesos como especie emblemática, también hubo tiempo para que nos comentara cómo consiguió fotografiar a la perdiz nival, el águila real o el treparriscos.

 
La desapacible tarde del viernes la habíamos pasado disfrutando y aprendiendo con Jaime y las jornadas no podían empezar mejor.
 
El sábado no amaneció mucho mejor meteorológicamente hablando, pero acudimos para ver un audiovisual que había enviado la Comarca de la Jacetania de contenidos ornitológicos, de naturaleza y paisajísticos. Los aproximadamente tres minutos de duración nos dejaron un tanto indiferentes a los que allí estuvimos pese a que las imágenes eran bonitas.
 
 
 
 
Aproveché para hacer unas fotos a la exposición de Patricia. Una espectacular colección de plumas de aves que nos trajo Paco de Sinués como el año pasado.
 
 
 
Además de la cantidad de especies representadas, me llamó mucho la atención el mimo, el interés y el cuidado con el que está hecha, además de su sencillez que, para mí, hace que todavía llame más la atención.
 
 
 
Por la tarde llegaba el plato fuerte de las jornadas. Fernando Carmena con su espectacular capacidad didáctica nos habló de las migraciones de las aves.
 
 
 
Aprendimos a distinguir entre especies residentes, estivales, de paso o invernantes así como raras o divagantes. Todo ello con explicaciones detalladas de sus hábitos, comportamientos y "misterios" como el desplazamiento de 11000 km del cuco en busca de sus progenitores.
 
La segunda parte de la tarde se completó por todo lo alto con Manuel Aguilera. Los muladares y sus investigaciones por África nos dejaron a más de uno con la boca abierta, no solo por lo que veíamos sino también por lo que escuchábamos.
 
 
 
Como colofón, la tertulia con Manuel fue de lo más entretenida. Alguna persona del público llegó a proponer fumarnos los cerebros de los políticos para solucionar las incongruencias que se producen como consecuencia de sus decisiones y acciones. Esto vino al hilo de una curiosidad que nos había contado el ponente en su exposición. Tribus africanas tenían la costumbre de fumarse los cerebros de los buitres para "sentirse mejor", lo que hacía que la especie entrara en serio peligro. Ahora, se han dado cuenta de que en lugar de matar a los buitres para esos efectos dudosos ganan mucho dinero permitiendo que los turistas los fotografíen.
El domingo amaneció con un día soberbio, meteorológicamente hablando. No nos lo podíamos creer después del mes que llevamos. Mientras dábamos los minutos de cortesía disfrutábamos de un sol espectacular.
 

 


 

Jaime nos condujo al lugar idóneo para avistar los primeros buitres. Se trataba de la Foz de Fago. Cuando llegamos ya había un grupo de extranjeros dispuestos a ver algo con sus catalejos.
 
 
 
Además de disfrutar del paisaje y del día que había salido, las especies que íbamos viendo aumentaban, así, observamos un gran bando de halcones abejeros, una pareja de quebrantahuesos, alimoches,...
 
 
 
...chovas, cernícalo vulgar, águila calzada, azor, abundantes aviones. Mientras, Jaime seguía enseñándonos cosas curiosas sobre las edades de los quebrantahuesos.
 
 
 
 
Jaime nos propuso desplazarnos unos pocos metros con la intención de ver al águila real y así poner una guinda a la jornada. Los niños se lo pasaron en grande, encontrando hormigas, minerales, diamantes, ...
 
 
Al final, la propuesta de Jaime resultó fructuosa y vimos el águila real posada en su nido y en vuelo.
Cumplidos los objetivos de sobra, volvimos al Camping. En su terraza tomamos un vermú acompañados con la música de David Zancocho.
 
 
 
 
El sonido de su contrabajo y sus perspicaces letras permitieron la relajación y el buen ambiente, haciendo pasar un rato agradable a los que allí estábamos.
 
Todo culminó con una sabrosa comida en el restaurante del Camping Valle de Ansó y su correspondiente sobremesa que algunos la alargamos hasta bien entrada la tarde.
 
 
 
El cartel de las jornadas, en su segundo año, ya ha adquirido su propia personalidad y mantiene la línea del anterior. Lo coloco como una imagen más de las exitosas jornadas vividas. Gracias Pedro por ofrecernos tanto entretenimiento interesante.
 
 
 
Si queréis ver como fueron las I Jornadas el año pasado pinchar aquí.