martes, 19 de mayo de 2015

Pic de Campbieil desde Piau-Engaly con esquís de travesía.

El sábado salimos por la tarde desde Ansó, rumbo a oriente, Pablo, Aro y yo con la intención de esquiar el domingo. No sabíamos muy bien donde ir pero las opciones estaban contadas. En Boltaña tomando una caña decidimos dirigirnos hacia Piau-Engaly ya que Pablo había visto una reseña de la semana anterior hacia el Campbieil donde el porteo era "cero". Entre que el sitio era nuevo para los tres, el porteo "cero" convencía, y que asumíamos que en la zona de Maladetas iba a estar a tope de gente, la decisión allí fue rápida.




El domingo salió un día espectacular. Salimos con los esquís calzados desde la base del telesilla "Mouscades 2" hasta donde llegamos con el coche. Solo un pequeño corte a la altura de la cabaña de Moune rompía la continuidad en el ascenso hacia el Port de Campbieil.




La niebla, que nos había recibido el sábado por la tarde al llegar a la estación, se había bajado al fondo del valle. En el ascenso decidimos buscar el collado formado por el pico Lencuo de Capo y la base de la arista de la Lentilla para cambiar de valle.




Buscando la continuidad de nieve que se rompía en el collado, subimos al pico Lencuo de Capo para descender hacia el Port de Campbieil. Allí iniciamos el primer descenso del día sobre nieve dura y rápida pero disfrutona.




Bajamos hasta Pla de la Targo donde cogimos agua, comimos un poco y colocamos cuchillas para enfrentarnos a 800 metros de desnivel que nos llevarían hasta la arista cimera. Al principio, una amplia pala con pendiente nos iba llevando hacia el corredor de la Lentilla donde optamos por los crampones.




Alcanzamos la arista que llevaba a la antecima donde dejamos todos los bártulos con vistas al pico y hacia él nos encaminamos.




Desde la cima disfrutábamos de las vistas, hacia un lado el Perdido y la Brecha y hacia el otro el Midi de Bigorre y el Neouvielle no pasaban desapercibidos.




Una vez hecha la foto de cima volvimos a por las mochilas. La nieve se encontraba en su punto para bajar el corredor y el disfrute estaba asegurado. Así que sin perder tiempo nos echamos para abajo.




Teníamos la opción de remontar a la Arista de la Lentilla, una vez salvado el corredor, para hacer una bajada directa hacia el coche, pero en vista de como estaba la nieve pronto nos decidimos para seguir bajando la pala entera hasta donde por la mañana habíamos arrancado en dirección al pico. La nieve estaba buenísima y el descenso fue brutal. 




Tras coger un poco de agua y mentalizarnos de una remontada de unos cuatrocientos metros en busca del collado al que habíamos accedido por la mañana en la base de la arista de la Lentilla, nos dispusimos a disfrutar de otros 900 metros de descenso hasta el coche, esta vez por una nieve no tan buena, pero que pese al sol reinante permitía seguir disfrutando de lo lindo.



El rescate de tres latas de cerveza, escondidas en la nieve por la mañana, nos permitieron seguir disfrutando del día mientras nos cambiábamos de ropa. Un buen tentempié completó la jornada. Una despedida de la temporada por todo lo alto con más de 2000 metros de desnivel, sin porteos, sin aglomeraciones de gente, con una nieve muy buena, un día espectacular y en buena compañía, uff!!!....no obstante, intentaremos superarlo.




viernes, 24 de abril de 2015

Anie, Añelarra y Arlas con esquis de travesía.

El lunes 20 de abril nos dirigimos con Pablo hacia el Anie. El martes pasado había estado en el Soum Cuoy y la zona estaba muy bien de nieve, así que había que aprovecharla. El sábado por la noche había nevado algo y buena parte del domingo se mantuvo cubierto hasta que despejó por la tarde. La noche fue fría y el rehielo había sido potente.




Salimos de la curva helicoidal de la carretera con abundante nieve y muy dura. Hacía frío y una fina capa de nieve polvo cubría el manto en que empezamos a ganar altura. Las pieles no agarraban nada bien. También es verdad que las llevamos bastante peladas, pero yo estaba convencido que algo tenía que ver esa capa de nieve suelta y nueva tan fría.




Tras ir tirando de brazos para poder superar las pequeñas rampas que hay hasta la falda del Anie, decidimos poner los crampones para subir más cómodos por la pala. Además, un tornillo de la fijación se me había aflojado y hacía que el alza se me quitara a cada paso, con el incordio que resultaba tener que ir poniéndola continuamente. Un esparadrapo mágico que llevo siempre en la mochila solucionaron la incomodidad, pero no evitó que cambiásemos la decisión de subir con los esquís en la mochila.




Al llegar a la cima nos encontramos con Popol. Habíamos coincidido con él el martes pasado en el Soum Cuoy. Me reconoció y además había leído en el blog la entrada que colgué el domingo por la tarde de dicha salida "Paseo con esquís por La Pierre Saint Martin-Arette. Soum Cuoy". Tras una agradable conversación, nos despedimos comentando que seguramente nos volveríamos a encontrar en alguna otra ocasión por el monte.




Desde arriba vimos la posibilidad de subir a una cima que hay entre el Anie y Añelarra y que parecía que tenía una buena esquiada. Sin pensarlo dos veces nos acercamos todo lo que pudimos con los esquís después de bajar la pala y volvimos a colocar los crampones para subirla.




Arriba surgieron las dudas. O bajábamos esquiando o seguíamos cresteando hacia Añelarra. A mi me apetecía esquiar hasta abajo pero por otro lado la arista larga de Añelarra también me llamaba la atención. A Pablo le daba igual, vamos, que poco me ayudaba para tomar la decisión. Al final iniciamos la bajada por una nieve que empezaba a transformar lo justo para rozar la perfección.




En el último momento con opciones de subir a Añelarra, me paré, y tras comentar la posibilidad de ascender, Pablo me dijo riéndose: "¡ya te tienta, eh!". Fueron como las palabras mágicas de los magos, porque nada más decir eso ya estábamos colocando las pieles. Era una buena excusa para comprobar que las pieles aún valían. La fina capa de nieve reciente ya no estaba tan fría como por la mañana y las pieles agarraban perfectamente. 




Tras recorrer el amplio cordal, elegimos el mejor sitio para bajar. La bajada se convirtió en una gozada. Remontamos la olla sin poner pieles y al ver el Arlas, a propuesta de Pablo, decidimos ir a por él sin contemplaciones.




El calor, pasada la una del mediodía se dejaba notar, pero la pala del Arlas también la cogimos en su punto, permitiéndonos una esquiada que nos dejó un buen sabor de boca para ir en busca del coche por una nieve que, en las umbrías se mantenía rápida, evitando así tener que remar demasiado. Como habíamos comentado con Popol, si el tiempo nos respeta queda nieve para dos o tres semanas,... ¡habrá que aprovecharla!.