domingo, 23 de junio de 2013

Pico Estaragne con esquís, 3006 mts.

El domingo 16 de junio nos despertamos a las cinco de la mañana como el día anterior. Lo primero que hicimos fue felicitar a Peyo en su cincuenta cumpleaños. Como finalmente Pablo no pudo acudir, decidimos aceptar la propuesta que nos habían hecho Iñigo e Iñaki de subir al Estaragne. Se trataba de un ascenso directo y rápido, ideal para un domingo con viaje de retorno a casa.
Entre pitos y flautas empezamos a caminar a las seis de la mañana desde el cruce de la carretera que da opción a ir al lago Cap de Long o al de Orédon donde habíamos pasado la noche.



En apenas un cuarto de hora nos calzamos los esquís. Lo mejor de todo es que observamos que el talud de la carretera tenía continuidad desde este punto hasta el coche, con lo que la porteada a la vuelta quedaba anulada.



Otra noche que, aunque estuvo despejado, no había helado nada y la nieve seguía deshaciéndose. Para colmo el sol, nada más salir, le estaba dando de lleno a nuestro objetivo.



Dejando que Aro nos volviera a marcar el ritmo, Peyo, Iñigo y yo (ya que Iñaki se vió forzado a quedarse durmiendo en la furgoneta) disfrutábamos del ascenso.



Mientras nuestro dormitorio, el lago de Orédon se iba alejando en el fondo del valle, nuestro objetivo iba acercándose cada vez más casi sin darnos cuenta.



Cruzando coladas grandes y aludes que no eran de broma, observamos dos acumulaciones de pequeños excrementos. En la primera comenté la posibilidad de que fueran de perdiz nival ya que se parecían y estabamos a unos 2600 metros. En la segunda, una pequeña pluma blanca con el característico doble raquis, hicieron que mis sospechas fueran teniendo algo más de fundamento.



En la subida, nos acordarnos de Pablo que no pudo venir y fue el que había preparado el viaje, también de Iñaki que se había quedado en la furgoneta, le dimos la "brasa" a Peyo por su cumpleaños, y nos preguntábamos que tal habría ido la 1ª Travesía Ansó-Garde organizada por el Club Linza de Ansó y el Club Pirineos de Roncal para el sábado 15, echando en falta, entre otras cosas, las magras con tomate previstas en la llegada a Garde.





Entre unas cosas y otras la subida se hizo realmente corta, y las vistas que nos ofrecía el ascenso rápido eran sorprendentes.



A las nueve menos cuarto de la mañana estábamos en la punta del pico. No teníamos magras con tomate pero unas barritas nos bastaron para disfrutar del lugar.




Apenas dimos margen al reloj, y emprendimos el descenso no sin antes volver a encontrarnos con gente conocida. Parece que en estos finales de temporada todos acudimos a los mismos cados.


Al terminar las empinadas palas, todos nos volvimos para apreciar la bajada realizada. En las cotas altas la pendiente favorecía los giros para contrarrestar la pesadez de la nieve y en la parte baja como acababa de entrarle el sol, la nieve estaba como a todos nos gustaría encontrarla siempre.






Aprovechando el talud de la carretera llegamos al coche en un "pis-pas". A las 10 de la mañana habíamos terminado con los 1100 metros de descenso de la excursión. Nos dimos una heladora pero reparadora ducha en una de las casadas que caían a la carretera y nos dirigimos a Bielsa para tomar un vermú invitados por Peyo, antes de ir a Lamiana para comer y posteriormente continuar viaje hasta Ansó. Así completamos un fin de semana redondo. Conocimos gente, disfrutamos del monte y recorrimos parajes espectaculares por el Pirineo.



















miércoles, 19 de junio de 2013

Néouvielle con esquís

El viernes pasado partimos de Ansó Peyo, Aro y yo, con la intención de esquiar por las laderas del Néouvielle el sábado. En poco más de tres horas de coche nos plantamos en el aparcamiento del lago de Orédon. Un cartel en el suelo "semi-impedía" el paso hacia el lago de Aubert. Como eran las ocho de la tarde y aún teníamos un rato antes de acostarnos, decidimos aventurarnos y, cuando menos, saber que pasaba por ahí ya que la barrera estaba levantada. Llegamos al aparcamiento de arriba y allí solo había una máquina aparcada y nieve alrededor. Temiendo por una posible multa, dimos la vuelta hacia el aparcamiento de Orédon y asumimos la media hora de porteada hasta los Laquettes que es donde nos calzamos los esquís la mañana del sabádo.

 
 
 
Por la noche las nubes impidieron el rehielo que esperábamos y pese al madrugón, a las seis de la mañana la nieve no estaba helada en absoluto. Tras la porteada al llegar a los Laquettes hicimos un poco de comedia hasta que conseguimos cruzarlos por un tramo estrecho y calzarnos los esquís un  poco antes que el resto de los muchos que llevaban las mismas intenciones que nosotros.
 
 
 
 
Estábamos en la cota 2080 y nos separaban justo los mil metros de desnivel hasta la cima del Néouville (3091 m). Sin pérdida de tiempo nos pusimos a foquear.
 
 
 
La cantidad de nieve que hay es alucinante y nos permite avanzar con los esquís puestos todo el rato salvo un pequeño corte de una decena de metros para salvar la cresta de Aubert.
 
 
 
 
Aro nos impone un constante y calmado ritmo que nos permite subir de una manera comodísima por todas las palas que nos llevan hacia nuestro objetivo.
 
 
 

 

Así como vamos avanzando en el ascenso las vistas que tenemos alrededor son cada vez más espectaculares. Yo voy detrás de Peyo todo el rato y no hago más de darle golpes con mis esquís en sus colas porque lo último que miro es el suelo. Peyo no se queja pero me imagino que, conociéndole, tendrá unas ganas de decirme algo que seguramente no será suave.
 
 
 
Decidimos apurar con los esquís todo lo que pudimos para acceder a la fácil trepada final.
 
 
 
 
 
Una vez arriba reconocimos el buen ritmo impuesto por Aro y lo efectivo que había resultado porque en poco más de tres horas habíamos completado la ascensión.
 
 
 

 
En la punta del Néouvielle nos hicimos la foto de rigor, echamos algo al cuerpo y con cuidado pero sin pérdida de tiempo destrepamos en busca de los esquís.
 
 
 
La bajada nos permitió disfrutar de una calidad de nieve habitual para un 15 de junio pero con una cantidad desbordante para las fechas en las que nos encontramos y que nos permite hacer desniveles considerables con mínimas porteadas.
 
 
 
Una vez abajo, la sensación de cruzar los lagos mientras el agua se va apoderando de la nieve y el hielo es aconsejable solo para que dure muy poco rato.
 
 
 
En la bajada nos encontramos con gente conocida, pero Iñaki e Iñigo, azpeitiarras conocidos de Aro se unieron a nosotros o nosotros nos unimos a ellos, para apurar al máximo la esquiada y así minimizar la porteada.
 
 
 
Juntos acabamos cenando un buen perolón de pasta, acompañado de unas también buenas viandas traídas de ambos lados de la frontera y comentando lo bien que se nos había dado el día por estos territorios. También observamos como un miembro de la gendarmería hacía cumplir la normativa desalojando tiendas de campaña instaladas en el aparcamiento e indicaba las zonas para poderlas instalar. Hablamos con él y en respuesta a nuestra pregunta de que hubiera ocurrido si nos hubiéramos quedado con el coche en el aparcamiento de arriba estando el acceso cerrado nos respondió con las cejas muy levantadas que la multa por hacerlo era de 1500 €. Todavía nos pusimos más contentos no sólo por que nos entrara la responsabilidad la tarde anterior, sino por haber evitado una posible multa muy considerable. 
 

 

 

 


 


 

 

 

sábado, 8 de junio de 2013

Aguja Roja por la vía normal. Riglos

El domingo pasado, 2 de junio, bajamos con Pablo a Riglos para echar el día por ahí. Nos vimos forzados a un drástico cambio de planes siguiendo los consejos del guarda de Góriz que nos recomendó no ir con los esquís el sábado por la tarde para dormir ahí. Pretendíamos esquiar el domingo ya que daban algo de mejoría, pero la realidad fue que el domingo seguía el Pirineo encapotado.
Llegamos pasado el mediodía a Riglos y Pablo buscaba la sombra para echar un pequeño bocado antes de acercarnos a la Aguja Roja. La única sombra que había era la de los muros del cementerio de Riglos y allí que fuimos para aprovecharla.

 
 
Sin perder mucho tiempo nos dirigimos hacia nuestro objetivo con ganas. La Aguja Roja es uno de los mallos pequeños y se puede acceder a ella desde el pueblo o como hicimos nosotros desde el aparcamiento del cementerio o el centro de interpretación. Interesante opción cuando el aparcamiento de abajo está saturado. 
 
 
 
Pablo había memorizado la reseña de Korkuerika y arrancó por el primer largo vigilando donde se agarraba y apoyando el culo en la aguja Gómez Laguna para subir al puente de roca que une las dos agujas y donde se encuentra la primera y cómoda reunión.
 
 
 
Mientras Pablo arranca en el segundo largo, otra cordada estaba bajando. Al llegar a la reunión se encontró con Daniel, con el que coincidimos en los cursos de esquí de travesía de Peña Guara del año pasado. Le preguntamos por su tabla y nos confesó que prefería la escalada. Desde la primera reunión le pedí que hiciera un posado y ahí está el resultado.
 

 
 
Frente a los 25 metros del primer largo de IV grado y a los 20 de IV+ del segundo, llegan los casi 40 metros del tercer largo de IV+ que son de lo más disfrutones. Este largo discurre por un diedro- chimenea hasta un collado formado por un espolón que permite montar la reunión en unas sirgas que lo abrazan. Buenas presas para manos y pies facilitan lo que a priori parece más complicado.
 
 
 
 
El último largo es el más sencillo. Una tirada de 25 metros de III+ o IV nos llevan a la cima de la Aguja Roja completando sus 120 metros de escalada y ofreciéndonos unas vistas espectaculares.
 
 
 
 
El descenso se hace en tres rápeles, el primero hasta el collado formado por el espolón, el segundo hasta la R2 y el tercero desde ésta hasta el suelo.
 
 
 
 
Una vez abajo, el puente de roca enmarca a Pablo en nuestro retorno hacia el coche. Un último vistazo a la aguja por su cara sur que oculta la vía realizada por su cara norte, equipada con chapas blancas.
 
 
 

Otro vistazo a los Mallos grandes es inevitable para terminar un primer día de escalada de la temporada de lo más acertado.
 
 
 
Llegamos a Ansó a la hora de cenar con muy buena gana y con la sensación de haber disfrutado del fin de semana de la mejor manera posible, pese a que fastidia un poco no haber podido aprovechar la abundante nieve que todavía queda en el Pirineo.