Marcha Senderista

martes, 18 de febrero de 2014

Hecho-Ansó por el GR-15

El pasado viernes 14, al ver que al menos no llovía, decidí llevar el coche al taller para hacerle las revisiones rutinarias. En Ansó no hay taller mecánico y el más cercano está en Hecho. Si tenía suerte y nadie se enteraba y se ofrecía para ir a buscarme, podía llevarlo y volver caminando por el GR, dando un paseo por el monte después de unos días sin apenas actividad. Partí sigiloso y me planté en Hecho pasadas las cuatro de la tarde.



Por cercanía a donde me encontraba decidí acceder hasta el GR-15 por Puyals. La pista forestal se toma a los pocos metros de la salida de Hecho hacia Siresa, junto a lo que hace unos cuantos años era la discoteca Arianta,...uhmmm ¡que recuerdos!...
Desde la pista forestal de Puyals las vistas del valle resultan como realmente son, espectaculares. Y eso que es invierno y los campos y el monte están con poco esplendor.



También se veía Siresa, resguardada del valle por la Punta Santidoro. Sin casi darme cuenta llegué al enlace con el GR donde pronto comenzaron las manchas de nieve.




Después de echar un trago en la Fuente de la Cruz, decidí ponerme las polainas. Como la temperatura era alta, la nieve se deshacía rápidamente formando auténticos barrancos por el camino.




Pasada la muga entre Hecho y Ansó, enseguida llegué a la Borda Botero que, junto al camino y bien orientada y resguardada, hacía que la nieve disminuyera a su alrededor.



Los animales también dejaban su huella allá donde se mantenía la nieve, mientras que en las zonas donde el agua corría, la nieve desaparecía dando paso al agua y llevándose todo rastro con su su fuerza.




Así como el camino va salvando barrancos, según la orientación, encontramos nieve en las umbrías, agua en los cambios a las solanas y nada de nieve en estas últimas.



La llegada a la Espelunga Pabirrio siempre es espectacular, pero en un día tan húmedo como éste todavía más, ya que la cascada que preside su entrada estaba tremenda.



Pese a llevar los pies mojados de tanto charquinar por nieve, agua, charpaleta y barro llego a Ansó con las últimas luces, sin caer una gota pese al cielo amenazante y con el objetivo cumplido, ¡ya era hora!.