Marcha Senderista

sábado, 8 de junio de 2013

Aguja Roja por la vía normal. Riglos

El domingo pasado, 2 de junio, bajamos con Pablo a Riglos para echar el día por ahí. Nos vimos forzados a un drástico cambio de planes siguiendo los consejos del guarda de Góriz que nos recomendó no ir con los esquís el sábado por la tarde para dormir ahí. Pretendíamos esquiar el domingo ya que daban algo de mejoría, pero la realidad fue que el domingo seguía el Pirineo encapotado.
Llegamos pasado el mediodía a Riglos y Pablo buscaba la sombra para echar un pequeño bocado antes de acercarnos a la Aguja Roja. La única sombra que había era la de los muros del cementerio de Riglos y allí que fuimos para aprovecharla.

 
 
Sin perder mucho tiempo nos dirigimos hacia nuestro objetivo con ganas. La Aguja Roja es uno de los mallos pequeños y se puede acceder a ella desde el pueblo o como hicimos nosotros desde el aparcamiento del cementerio o el centro de interpretación. Interesante opción cuando el aparcamiento de abajo está saturado. 
 
 
 
Pablo había memorizado la reseña de Korkuerika y arrancó por el primer largo vigilando donde se agarraba y apoyando el culo en la aguja Gómez Laguna para subir al puente de roca que une las dos agujas y donde se encuentra la primera y cómoda reunión.
 
 
 
Mientras Pablo arranca en el segundo largo, otra cordada estaba bajando. Al llegar a la reunión se encontró con Daniel, con el que coincidimos en los cursos de esquí de travesía de Peña Guara del año pasado. Le preguntamos por su tabla y nos confesó que prefería la escalada. Desde la primera reunión le pedí que hiciera un posado y ahí está el resultado.
 

 
 
Frente a los 25 metros del primer largo de IV grado y a los 20 de IV+ del segundo, llegan los casi 40 metros del tercer largo de IV+ que son de lo más disfrutones. Este largo discurre por un diedro- chimenea hasta un collado formado por un espolón que permite montar la reunión en unas sirgas que lo abrazan. Buenas presas para manos y pies facilitan lo que a priori parece más complicado.
 
 
 
 
El último largo es el más sencillo. Una tirada de 25 metros de III+ o IV nos llevan a la cima de la Aguja Roja completando sus 120 metros de escalada y ofreciéndonos unas vistas espectaculares.
 
 
 
 
El descenso se hace en tres rápeles, el primero hasta el collado formado por el espolón, el segundo hasta la R2 y el tercero desde ésta hasta el suelo.
 
 
 
 
Una vez abajo, el puente de roca enmarca a Pablo en nuestro retorno hacia el coche. Un último vistazo a la aguja por su cara sur que oculta la vía realizada por su cara norte, equipada con chapas blancas.
 
 
 

Otro vistazo a los Mallos grandes es inevitable para terminar un primer día de escalada de la temporada de lo más acertado.
 
 
 
Llegamos a Ansó a la hora de cenar con muy buena gana y con la sensación de haber disfrutado del fin de semana de la mejor manera posible, pese a que fastidia un poco no haber podido aprovechar la abundante nieve que todavía queda en el Pirineo.
 

 

 
 

 
 

 
 
 

 

2 comentarios:

  1. Le pegais a todo, sois unos autenticos fieras.
    Me gusta el reportaje
    Fernando de Ansó

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    1. Gracias Fernando, me alegra que el blog te sirva de entretenimiento. A ver si hacemos algo juntos, hay muchas cosas pendientes por hacer disfrutando del monte como siempre.

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Comentarios