lunes, 14 de octubre de 2019

Refugio de Góriz-Faja de Pelay-Senda de los Cazadores-Pradera de Ordesa

El domingo 6 de octubre tocaba volver hacia la Pradera de Ordesa desde el Refugio de Góriz. Ya habíamos descartado subir a Monte Perdido por la prevista inestabilidad meteorológica para ese día, y aunque las últimas predicciones desplazaban la entrada del frente previsto mas hacia la tarde, la decisión estaba tomada.




Aunque ya lo habíamos comentado y decidido, Elia no paraba de mirar hacia arriba y comentar lo cerca que había estado de la mole caliza y lo que le hubiera gustado subir. Pronto, con las vistas del Valle de Ordesa otra vez, y su interpretación de que es como si hubiese pasado por allí una serpiente de hielo, se volvió a ilusionar. 




Las miradas a la Cola del Caballo, se juntaban con las del Monte Perdido, mientras el cielo se empezaba a nublar, lo que me ayudaba a que entendiera lo de buscar una alternativa. Le gustó lo de no bajar por el fondo del valle y optar por recorrer todo el valle desde las alturas por la Faja de Pelay.




Poco a poco íbamos cogiendo altura en un lateral del valle, justo enfrentado al que recorrimos el día anterior.




Mientras unos ratos el sol entraba en el valle, otros las nubes se apoderaban del cielo. Las vistas del Río Arazas que teníamos desde arriba no nos dejaban indiferentes y comentamos la necesidad de volver para verlo con agua abundante para disfrutar más de él, si cabe.




Como nos manteníamos a la sombra, estábamos bastante frescos y el bosque empezaba a regalarnos especies diversas por momentos. Abedules, pinos negros, abetos, hayas, servales de diferentes tipos y arces los podíamos ver en un trozo pequeño de monte sin movernos ni un paso.




Además el otoño empezaba a dejarse notar y cada especie lucía galas diferentes con lo cual el cóctel de colores empezaba a estar servido.




Elia se dio cuenta enseguida de que se veía la Brecha de Rolando desde donde estábamos y gritaba: "¡mira papá por allí pasamos ayer, que lejos está hoy, con lo cerca que lo teníamos ayer!". No se había dado cuenta de que también se veía parte de la Faja de las Flores y cuando le ayudé a localizarla solo acertaba a decir: "¡ostras, me encanta!".




El fondo de valle cada vez se veía mas abajo, y las laderas empinadas del otro lado del valle hacían suponer que nosotros estábamos en una zona parecida, por lo profundo del agujero que teníamos a nuestros pies.




En el Mirador de Calcilarruego paramos a echar un bocado. Desde allí veíamos la pradera donde teníamos aparcado el coche y unas vistas espectaculares del valle. Elia comentaba que ahora si que podía decir que había visto Ordesa, ya que la otra vez que estuvo con la escuela "solo vimos unas cascadas...", comentaba.




La bajada por la Senda de los Cazadores tampoco le dejó indiferente. Disfrutó del rápido descenso y del trazado de la senda. No obstante le encontró un fallo, el hecho de no poder correr en la bajada no era lo habitual, pero si se compensaba con todo lo que había conocido y disfrutado.


En la Pradera de Ordesa nos cambiamos de ropa, chocamos las manos, y nos tomamos un refresco antes de partir para casa con un montón de cosas para contar a mamá. Solamente teníamos que volver para ver el río más cerca, subir a dormir a Góriz donde nos trataron de maravilla y subir a Monte Perdido, pero el fin de semana había salido redondo.















viernes, 11 de octubre de 2019

Pradera de Ordesa-Circo de Carriata-Faja de las Flores-Refugio de Góriz

El pasado sábado, 5 de octubre, nos fuimos con Elia a Ordesa. Madrugamos bastante ya que queríamos hacer noche en Góriz e interesaba entrar en el aparcamiento de la Pradera de Ordesa antes de que lo cerraran. Aunque no es verano, los colores del otoño también atraen a muchos turistas y se llena con cierta facilidad.




El madrugón que nos pegamos, nos permitió no solo dejar el coche en el aparcamiento de Ordesa, sino que hizo que comenzáramos la marcha a las nueve y media después de tomarnos un colacao y un café en el bar de la pradera.




Tras el vertiginoso ascenso hacia el Circo de Carriata con el Tozal del Mallo como "faro" de referencia, llegaban las esperadas trepadas que tanto le gustan a Elia. Cuando llegó la opción de remontar por las clavijas o coger La Fajeta que las evita, Elia decidió sin dudar: "las clavijas".




Estaba muy motivada y disfrutando, lo que le permitía subir con soltura. Tanto es así que en el último tramo, mas vertical y expuesto, le tuve que parar al ver que no llegaba con facilidad a agarrar el piquete de hierro. Le dije que esperara quieta donde estaba mientras subía yo y le aseguraba desde arriba. Hizo caso y subió de una manera más cómoda y segura.




Superado el escalón que forma el Circo de Carriata, aun quedaba un buen trecho para la entrada a la Faja de las Flores que ya íbamos viendo cada vez mas cerca.




Antes de entrar a la Faja de las Flores, picamos un poco de frutos secos y chocolate, porque Elia tenía hambre y yo quería parar a comer una vez superada la faja. Elia me estuvo recriminando todo el día aquella mini-parada ya que lo que ella quería era comer de verdad. 




Pese a que flipaba con la Faja de las Flores, me seguía recordando que el hambre no se le había quitado con el tentempié. Pero conseguí mi objetivo de comer una vez superada la faja.




Con vistas a Monte Pedido y la Brecha de Rolando y el Circo de Cotatuero a nuestros pies llegó el momento tan esperado por Elia. "¡Ya era hora!" decía. Longaniza y queso fue lo que más comió, ...y con ganas.




Después de comer nos tocaba atravesar un tramo de karst, que a Elia también le gusta. Tras un pequeño titubeo por un precioso lapiaz, donde disfrutó de lo lindo, remontamos a la Mallata Narciso y salimos de ella por otra entretenida trepada, donde una pareja de franceses que se dirigían a la Brecha de Rolando se sorprendieron, y así lo comentaron, de cómo trepaba Elia, algo que a ella le encantó.




Primero el Collado de Millares y luego el del Descargador nos iban dirigiendo hacia el Refugio de Góriz, siempre con las vistas de Los Gabietos, el Taillón, La Brecha de Rolando, el Casco, Marboré, Monte Perdido, Añisclo,...





A las cinco y media de la tarde llegamos a Góriz con tiempo para tomar algo, ducharnos y esperar a una temprana cena reconstituyente, que nos permitió, tras ver el anochecer, irnos a dormir temprano para afrontar el día siguiente con ganas.


Un día espectacular, por una zona nueva para Elia, por donde hacía décadas que no pasaba (que miedo da eso de contar por décadas) pero que disfruté tanto o más que ella a ver como lo hacía ella también.