domingo, 13 de agosto de 2017

Escalada en Bernera, Chimenea del estrato. Lizara

El pasado domingo 6 de agosto habíamos quedado con Pablo en Lizara. Formaba parte fundamental de la actividad prevista y también era importante en el tema logístico, para que nos llevara de vuelta a Gabardito, a Elia y a mi, para recuperar el coche.




Una buena tormenta nocturna en Lizara había refrescado un poco el ambiente caluroso del día anterior. ¡Que bien se duerme en el Refugio de Lizara!. Elia ni se había enterado de los truenos y relámpagos de lo a gusto que había dormido y eso que el espectáculo no fue malo. Perfectamente podría haber competido en luz y sonido con cualquier empresa pirotécnica.




Nos dirigimos a nuestro destino disfrutando desde el principio. Elia descubrió el dolmen de Lizara como debe ser. Hizo un buen reconocimiento meticuloso no se si por iniciativa propia o provocado por Pablo. Ninguna de las dos opciones son descartables.




Era la primera vez que Elia iba a realizar una escalada de varios largos, o como le dijo Jorge del Refugio de Lizara, su primera tapia. Al llegar a pie de vía una cara de incertidumbre mostraba su ilusión y su confusión. Acertó a preguntar: "¿cuantas veces la vamos a escalar?". Le explicamos que eran siete largos y que era como si estuviéramos en las placas de Linza, que ya conoce bien, y subiéramos siete veces.




Al llegar a la primera reunión observaba atenta todo el jaleo de cuerdas y comprobaba que aquello estaba seguro y que era hasta cómodo. Empezaba a entender aquello de reuniones y largos que tantas veces había escuchado, así como lo de asegurar primero al que sube desde abajo, y después, que el primero asegure a los que vamos detrás desde arriba.




La vía resulta ideal para esto de la iniciación a la escalada. Fue abierta por Julio Benedé y son 220 metros de II y III grado. La reseña original esta en el blog de Sendero Limite así como información precisa de la misma.





A mitad de escalada se nos echó la niebla definitivamente, ya que hasta entonces iba y venía de vez en cuando como el que no quiere la cosa. La humedad mojaba la roca pero el resguardo propiciado por la curiosa formación geológica protegía la zona por donde teníamos que progresar.




A Elia no le gustaba aquello de que se hubiese echado la niebla porque no le dejaba ver el suelo y donde nos encontrábamos. Y cuando le dijimos que habíamos superado la mitad de la escalada tampoco le hizo gracia. No le apetecía que se terminara tan pronto.




Como en las reuniones se aburría porque decía que ella no hacía nada, en los largos, además de escalar, buscaba la diversión como podía hasta la siguiente reunión, animando el ascenso.




Unas chorroteras de agua en la roca animaron los últimos largos. Había que esquivarlas para evitar resbalones y las opciones eran pocas y obligadas. A la vez que preguntaba "y ahora por donde" se contestaba "¡ah! ya lo veo", y avanzaba sin perder tiempo.




En el tramo final aumentaba espesura de la niebla pero seguíamos protegidos de su humedad por la roca. En la última reunión Elia ya no sabía que hacer para pasar el rato. Había intentado de todo, ayudarme a asegurar a Pablo, echarse una siesta, colgarse de la reunión, ...




Pese a lo aburrido de las reuniones, en general le había encantado esto de escalar. Pero quedaba la vuelta y al salir del estrato tocaba mojarse un poco. Esto de que se mojen los pantalones y se agarren a las rodillas al caminar no lo lleva nada bien, y hasta que ya se acostumbró a caminar así, nos lo hizo saber unas cuantas veces, ...bueno yo creo que a cada paso que daba.




Unas flechas rojas pintadas en el suelo resultan del todo útiles para buscar el Collado del Bozo y más en caso de niebla espesa como era el caso. A partir de allí y conforme perdíamos altura la niebla desaparecía. Y lo que entonces aparecía era el hambre y así nos lo hacía saber Elia.








La bajada fue entretenida, pocos segundos de silencio hubo. Una muy buena comida en el Refugio de Lizara y atendidos de forma muy agradable y efectiva por todo el personal del refugio, dejaron a Elia con ganas de volver otra vez.

En la comida se nos ocurrió la posibilidad de hacer la ferrata de Lizara antes de ir a por el coche a Gabardito. Nada más que Elia lo escuchó mostró su habitual entusiasmo ante cosas de estas. Dicho y hecho, mientras Pablo y yo terminábamos el café, ya nos estaba apretando para terminarlo.




Para Elia era su segunda ferrata. Ya había aprendido en el campamento de este verano en Oza y nos explicaba a Pablo y a mi como funcionaba todo el tinglado, ya que para nosotros era la primera.





La ferrata es corta pero vertical, creando sensaciones interesantes. Elia disfrutó de lo lindo y al final se quedó contenta con todo lo que habíamos hecho el fin de semana. Desde la travesía de Gabardito a Lizara, la acogedora estancia en el Refugio de Lizara con pernocta incluida, su primera tapia y el remate inesperado de hacer la ferrata completaron dos días de actividad veraniega de lo más entretenidos.





miércoles, 9 de agosto de 2017

Gabardito-Lizara. Puntal Alto de Lo Foratón

El sábado pasado 5 de agosto, nos fuimos con Elia hasta Gabardito con la intención de ir andando hasta Lizara. Hacía bastante calor y la previsión era que después del mediodía habría probabilidad de tormentas, por eso madrugamos lo necesario para que no nos pillaran por el camino.




Dejamos el coche en el aparcamiento de Gabardito y salimos con ganas hacia nuestro objetivo. Elia llevaba la mochila como siempre, pero esta vez la pernocta prevista en Lizara hacía que el peso fuese mayor. 




Pasados los tramos de bosque llegamos a los pastos donde ya se veía a lo lejos el Collado de Lo Foratón. Todavía quedaba por recorrer Dios Te Salve, Plandániz y Foratón.




Mientras que en las hondonadas la calma hacía que el calor aumentara, en los altos, una suave brisa permitía una buena y agradable refrigeración.




En Plandániz había bastante ganado. A uno de los rebaños le estaban dando sal y estaban bien reagrupados y el resto de vacas se mezclaba con alguna yegua. Al remontar hacia Foratón unas cuantas yeguas y potros bajaron al galope junto a nosotros para juntarse con el resto del ganado. A Elia le encantó la velocidad que llevaban y le sorprendió el ruido de los cascos contra el suelo. También dio la casualidad de que un caballo relinchó junto a nosotros, pasando toda esta situación, a ser lo mejor de la mañana.




Desde Lo Foratón, el collado ya se veía muy cerca y el esfuerzo de subida ya llegaba a su fin. 




En el Collado de Lo Foratón paramos a echar un vistazo y a comer algo. Elia veía tan cerca el Bisaurín que se acordaba de la otra vez que estuvimos, y por supuesto de la avioneta que nos pasó tan cerca por la punta.




Como el tiempo parecía que dejaba y llevábamos un buen horario, decidimos remontar hasta el Putal Alto de Lo Foratón y variar el descenso. Además de subir a un pico nuevo conoceríamos otra opción de bajada hasta Lizara diferente de la habitual.




Acelerando un poco el paso y ya acostumbrada al peso de la mochila, descendimos a la aventura por unas espectaculares laderas. Yo le comentaba a Elia que en invierno da gusto esquiar por allí y ella ya me preguntaba que cuantos años le quedaban para poder ir con los esquís de travesía. "Ya me estoy imaginando bajar esquiando por aquí", decía, "¡como mola!".




El bajar tan ligeros por la amenaza de tormenta hizo que en el bosque, unas piñas hicieran de patines provocando que me diera un buen culetazo. Elia se partía de la risa y cuando pudo empezar a hablar me comentó que lo de las yeguas ya había pasado al segundo puesto. Que lo mejor del día había sido mi caída.
Una buena ducha y después de comer, un rato de manejo de brújula jugando hasta la hora de la cena, completaron un día bien majo en donde la amenaza de tormenta se quedó tan solo en eso.