jueves, 4 de abril de 2019

Vuelta al Sobarcal desde Linza con esquís de Travesía. Ansó

El pasado sábado 30 de marzo, nos juntamos Peyo, Dani, Pablo y yo para ir a esquiar. El día anterior había hablado con Peyo y nos convencía lo de, saliendo desde Linza, pasar por la Collada del Huerto de Lacherito para buscar las Cabañas de Ansabere y volver por la Collada de Petrachema hasta Linza.




Todos partimos en principio con esa idea en la cabeza, menos Pablo que por compromisos familiares se iba a hacer una vuelta más rápida para estar con buena hora en casa.




La nieve estaba dura por la mañana como ya era habitual después de tantos y tantos días de anticiclón y sol. Pero lo mejor era la posibilidad de salir desde Linza con los esquís puestos y aspirar a realizar diferentes rutas con continuidad de nieve. Pocas zonas de Pirineo ofrecen esa posibilidad con las condiciones de innivación existentes.




Aunque parezca raro, esta vez íbamos con los planes hechos, pero como siempre pasan cosas, esta vez no iba a ser menos. Pese a nuestra conversación de la noche anterior de pasar hacia el Valle de Lacherito por la Collada del Huerto de Lacherito, yo tenía metido en la cabeza el paso por la Collada de Sobarcal. Era algo que no había hecho nunca y que siempre que habíamos mirado, lo que se veía era una gran cornisa entre el Mallo de Lacherito y la Punta del Sobarcal que no ponía las cosas fáciles.




Con todo el tiempo que llevamos sin nevar, no hacía nada más que pensar en si sería el momento de probar a pasar por ese collado que nunca había saltado en invierno. Tanto es así que me encaminé hacia él con las "cartolas" puestas, y pese a que Peyo, en el momento adecuado, me intentó corregir, yo seguí hacia adelante como si nada.




Después de un rato y antes de llegar al Collado del Sobarcal, pero lo suficiente como para no retornar a pillar el Collado del Huerto de Lacherito, me di cuenta de que nos íbamos a plantar en el objetivo que llevaba taladrándome la cabeza desde hacía tiempo. Creo que me libre de un buen bastonazo por que la cornisa había cedido y permitía hasta dos pasos posibles para atravesar el collado.




Tras un destrepe sencillo, en donde tampoco se podía dejar de prestar atención, nos calzamos los esquís en dirección al Collado de Lacherito por una ladera con nieve mantequilla y con unas vistas espectaculares.





Llegamos al Collado de Lacherito y el cambio de orientación nos favoreció para seguir bajando hacia las Cabañas de Ansabere por nieve muy buena.




Después de echar un último vistazo a la zona por donde habíamos bajado y disfrutar de las vistas de los picos españoles, nos fuimos en busca de la parte francesa.




Un poco antes de llegar a las cabañas vimos la posibilidad de trazar una diagonal y no perder unos metros para remontarlos después por una nieve, esta vez bastante podrida. La bajada buena ya la habíamos disfrutado y el chip ya lo habíamos cambiado para remontar hacia la Collada de Petrachema por un entorno impresionante.




Conforme íbamos subiendo la nieve otra vez iba mejorando, pese a la orientación. Remontamos por una buena y cómoda huella y una vez en el Collado de Petrachema solo nos quedaba dejarnos caer hacia Linza de nuevo.




El cambio de orientación nos favoreció de nuevo para esquiar bien a gusto. La bajada por el Barcal de Linza hasta el mismo Refugio de Linza resultó de lo más entretenida. Podíamos elegir el tipo de nieve por donde esquiar mejor, desde rascar por la dureza, hasta girar sin saber cómo por la "crema pirenaica".




Un día extraordinario, con una muy buena esquiada y probando nuevos pasos por una zona que, pese a tener bien pateada, no deja de sorprendernos.


El que una metedura de pata te permita descubrir y probar cosas como ésta es todo un lujo que solo puede justificarse por estar viviendo en el paraíso.













viernes, 29 de marzo de 2019

Paseo por Ansó con esquís de travesía. Linza-Foya de los Ingenieros

El domingo pasado, 24 de marzo, nos subimos con Elia a Linza para disfrutar de la nieve y de sus inicios en el esquí de travesía.




Arrancamos por las pistas de esquí de fondo de Linza. Este año la nueva gestión ha permitido disfrutar de las pistas de una manera diferente a la que estábamos acostumbrados en los últimos años. Esta temporada, las pistas están planchadas y atendidas con especial interés en cualquier momento que se acuda al espacio nórdico. Las opciones que ofrece Linza están aprovechadas al máximo de forma continua por el citado interés, y las condiciones de la pista son inmejorables cualquier día que allí se acuda y no solo como en los años anteriores que parecía que solo funcionaba cuando había programada alguna prueba o competición. Incluso para el cursillo de esquí de fondo de la escuela de Ansó, las pistas han estado planchadas desde el primer día. Algo que, aunque parezca extraño, Elia y sus compañeros no conocían desde que empezaron con sus tres añitos hasta este año.




Esperemos que esta situación siga así durante mucho tiempo, ya que el interés citado repercute a todos los niveles en el valle.




Pasada la Foya de los Ingenieros dejamos las pistas pisadas y nos adentramos por el hayedo en busca de la Foya Manaté. El camino de verano poco a poco se va cerrando y este año el paso por él no resulta del todo cómodo, aunque sí resultó entretenido para Elia esquivando ramas en el ascenso.




Al salir del bosque, Elia visualizaba y reconocía los picos que veía. Me comentaba que cuando fuera como yo de mayor también subiría con los esquís a ellos y que ahora se conformaba con subirlos en verano. También preguntaba que cuando utilizaría crampones y piolet, que ya tenía ganas.




Cambiamos de orientación y seguimos ascendiendo buscando la caseta de chapa roja, conocida como "Refugio de Acherito", a la que ya accedió cuando era bastante más pequeña en sus primeras excursiones por el monte.




Con vistas a Maz llegamos a la cota más alta del día, donde tocaba otra de las cosas que le encanta hacer, quitar pieles.




Aunque se le había hecho corta la subida, aquello de empezar a esquiar en bajada, compensaba. Arrancamos con el descenso hacia la caseta y la recordaba bien. El grito que pegó cuando la vio, lo corroboraba. 




Tras una rápida visita, seguimos con el descenso. Llegaba la parte mas divertida de la bajada y como dijo Elia, ¡esto mola!.




La pala, aunque corta, tiene su pendiente. Además, aquello de esquivar pinos y hayas también tiene lo suyo. Y si a todo le añadimos que la nieve estaba en su punto, casi podíamos decir que los esquís bajaban solos.


La bajada, de nuevo por las pistas mimadas y cuidadas al máximo, completaron una vuelta que, aunque corta, dejó un buen sabor de boca y ganas de seguir avanzando en esto del esquí de travesía.