viernes, 19 de mayo de 2017

Vía Bruno Gaspar, Peña Rueba

El domingo pasado, 14 de mayo, nos bajamos a Murillo con Pablo para aprovechar la mañana de buen tiempo primaveral. Elegimos la Vía Bruno Gaspar. Es una de las vías equipadas por Julio Benedé y Luis Royo de Sendero Límite en el Mallo de la Mora de Peña Rueba.




Son ocho largos, los dos primeros parten a la izquierda de la Santi Sagaste, y a partir de allí una travesía curiosa coloca el resto de los largos a su derecha.




Tras un inicio de vía de lo más curioso y que aparenta más dificultad de la que tiene, vienen unos largos disfrutones y sencillos, además de la citada travesía en la que hay que ir buscando las reuniones de color rojo.




El conglomerado permite muchas opciones para manos y sobre todo pies, que para mí resultan muy importantes ya que no hacía nada de esto desde el otoño.





Poco a poco, la pared se va poniendo más vertical aunque las dificultades, para mí, no llegan hasta la segunda parte del sexto largo, donde ya empiezo a hacer alguna trampilla echando mano de las cintas.






Aunque la salida de la reunión también tiene su intríngulis, las mayores dificultades llegan al final. Mientras le comentaba a Pablo que parecía que se había acabado la tontería y que más que disfrutar, en ese tramo no lo había pasado tan bien, él me comentaba que para él era el mejor tramo de la mañana hasta el momento.




El séptimo largo es, sin duda, el más duro de la vía. Vertical y de grado mantenido hicieron que tuviera que desplegar todas mis artes de hacer trampas. Convertido en todo un profesional de agarrar cintas, me planté en el último resalte, algo más fácil, con los brazos reventados. De tal forma que tuve que quedarme un rato colgado para recuperar y poder salvarlo.





En el último largo, volví a disfrutar al suavizarse el grado. No tuve necesidad de hacer trampas (ya las había gastado todas en el largo anterior) y eso se nota.




El descenso lo hicimos, como recomiendan, por la ferrata que también resulta entretenida. 




Un buen bocata en Murillo completó la mañana, que se alargó más de la cuenta y donde la equipación de la vía permite a los que vamos justos con el grado, hacer las trampas necesarias para superarla. Bien es verdad que hay que ser un profesional de estas malas artes para pasar el séptimo largo que es donde más aprieta la vía.









lunes, 15 de mayo de 2017

Selva de Oza-Aguatuerta en BTT

El sábado pasado teníamos previsto irnos a Benasque con Pablo para apurar la temporada de esquí. Unos cambios de última hora impidieron que pudiéramos trasladarnos esa tarde a la Ribagorza. En la comida, Elena me comentó que se iba a ir a dar un paseo con Pilar a Aguatuerta. Ante la situación, me apunté al paseo, pero decidí llevarme la bici y subir desde Oza con ella.




Al llegar a Oza y descargar la bici del coche, vimos las avanzadas obras del Camping de Oza que se prevé que abra este verano. Elena y Pilar continuaron con el coche y yo me dediqué a disfrutar de la tarde.




El tramo entre Oza y la Cantalera resulta alucinante, da igual pasear en bici o andando. El río se combina a la perfección con el bosque y más ahora que la primavera ofrece verdes espectaculares.




Después, la pista de Guarrinza cruza longitudinalmente el valle en suave ascenso. Da la oportunidad de ver de todo. Desde vistas chulísimas de los picos que hay alrededor, hasta barrancos con abundante agua fresca que viene desde las alturas donde la nieve se va yendo poco a poco.




También las marmotas se prestan a disfrutar del sol y las suaves temperaturas primaverales. 




Pueden verse también los restos de los antiguos "muideros", donde se ordeñaban ("muían") las ovejas para hacer quesos en el monte. Lástima que esas costumbres estén perdidas, ya que no nos permiten degustar sabores tan buenos como los que proporcionaban.




Las espectaculares cascadas son la antesala de lo hay por encima, el espectacular valle de Aguatuerta. Un claro ejemplo de resto glaciar con perfil en forma de U y fondo plano, como dicen en los libros. Una simple foto del valle en los libros de texto aclararía muchas dudas, si surgiesen, a la hora de interpretar un valle de este tipo.




El dolmen de Aguatuerta forma parte del paisaje de este lugar mágico. También los prehistóricos apreciaban algo en él, tanto como para elegirlo como descanso eterno de alguno de ellos. 




El río es parte activa y viva del valle. No para de morder y depositar, continuamente, creando meandros en su suave discurrir. Sencillamente espectacular.




Entre tantas y tantas cosas, aparecieron Pilar y Elena que volvían de su paseo. Yo me pedí bajar hasta Oza con la bici y allí esperar a que me recogieran para volver a Ansó.



Una tarde primaveral de lo más entretenida y disfrutando de todo lo que tenemos alrededor, de la manera más agradable posible para la vista y los sentidos, que hicieron olvidar el frustrado viaje a Benasque.