jueves, 9 de agosto de 2018

Circular desde Gamueta, Mallo Anzotiello. Ansó

El domingo pasado, 5 de agosto, nos fuimos con Elia a dar una vuelta por el monte. Ya se había recuperado del todo de su esguince y tenía ganas de hacer una excursión. El calor durante esos días apretaba, así que decidimos madrugar para realizar la ruta más cómodos.




Salimos frescos por la pista de Gamueta y cogiendo energía a base de abrazos a los abetos que había más a mano. Una vez fuera del bosque Elia no se pudo detener ante la provocación de los "zapillones", como siempre, y hasta que no cogió el más gordo no paró.




Antes de llegar a la Foya de Gamueta, el sol apretaba de lo lindo y una vez superada ésta una suave brisa suavizaba el calor. Pronto entramos en sombra, bajo el Mallo del Paco de Gamueta y de nuevo la cosa mejoró notablemente permitiendo un ascenso fresco y cómodo.





El año pasado en la excursión que hicimos a la Gorreta de los Gabachos nos quedó pendiente acercarnos a ver una cueva en la subida a Anzotiello. Este año tocaba pasar por allí y fue todo un aliciente para Elia. Enseguida sacó su linterna frontal y se puso a investigar como los espeleólogos. Encontramos varias chimeneas y escuchamos en silencio el ruido de las gotas de agua que se filtran entre la roca formando estalactitas.




Poco nos costó remontar hasta la Collada de Anzotiello donde ya teníamos nuestro objetivo a la vista. Pese a que estábamos a pleno sol, la altitud y la hora permitía no pasar calor y Elia se daba cuenta que lo de madrugar no era mala idea, según me explicaba.




Conforme se ampliaba la vista al ir ascendiendo al Pico Anzotiello, Elia iba observando y reconociendo otros picos en los que ya había estado y disfrutaba acordándose de sus ascensiones. "Cada vez me quedan menos, aunque no me importaría repetir alguno para ver lo que hacía de pequeña", me comentaba.




Con la foto de rigor de la cima en la punta de Anzotiello y con el fondo del Chinebral de Gamueta, que es el que le queda por hacer por esta zona, nos dirigimos de nuevo hacia la Collada de Anzotiello para iniciar el descenso.




Encontramos una familia que buscaba la frescura de la sombra junto al único nevero que se veía por la zona y a Elia, como siempre, el que más le llamaba la atención era el pequeño de la casa.





Había decidido realizar una circular y bajar por el Barcal de Gamueta, más ventilado, en lugar de por la Foya de Gamueta por donde habíamos subido y por donde, pese a madrugar habíamos pasado calor. 




Fue todo un acierto la decisión en cuanto a la temperatura se refiere, ya que el ventilado cerro evitaba que pasásemos calor pese a haber superado el mediodía y encontrarnos en cota baja. Solo tuvo un "pero", que fue que la abundante hierba seca iba echando semillas en las botas de Elia y le pinchaban lo suficiente como para decidir descalzarse y limpiar los calcetines para evitar la incomodidad. Cuando le comenté que si hubiese llevado pantalón largo no le hubiesen entrado, me contestó rápidamente que "a buenas horas me lo dices".




Una vez en el bosque, hablando, hablando... y unas cintas negras y amarillas que señalizaban alguna ruta, hicieron que me desplazara de la bajada habitual. Me di cuenta rápido que no íbamos bien y le propuse rectificar a la brava para "resituarnos" o retroceder unos metros y coger bien el camino. La respuesta fue contundente, "papá...ya sabes que esto de hacer el jabalí me encanta", así que corregimos el error de la manera más divertida posible y aparecimos en el coche como estaba previsto sin encontrarnos a nadie por el monte pese a estar en pleno agosto.











miércoles, 1 de agosto de 2018

Circular en BTT desde Ansó por la muga de navarra. Forato-Idoya-Gudía-Ibón de Ezcaurri

El domingo pasado 29 de julio teníamos previsto ir al monte con Elia, pero un inoportuno retorcijón de tobillo mientras iba a ver el eclipse del viernes por la noche, dio al traste con las expectativas. Esguince, venda y reposo en mitad del verano no se lleva nada bien y mas cuando todos sus amigos están en la piscina, el río, la calle,....pero es lo que toca.
Así, el domingo me ofrecí voluntario para dar los desayunos de las seis de la mañana, a cambio de poderme escapar con la bici a dar una vuelta.




Me dirigí hacia Garde y justo en el alto de Puyeta asomaba el sol. Aunque el día se preveía caluroso, la mañana era fresca incluso tuve la sensación de algo de frío bajando el Puerto de Matamachos llegando al fondo del valle. 




Ganas tenía de empezar a subir la pista que me llevaba a la divisoria entre Ansó y los vecinos navarros para calentarme. Subí en sombra hasta arriba, pero los casi mil metros de desnivel en apenas nueve kilómetros, me permitieron quitarme el frío de forma contundente.




Una vez en la divisoria, a la altura de Forato, que nuestros vecinos de Garde conocen como Punta de la Cruz, pese a que el vértice geodésico lo nombra como Calveira, me daba el sol pero se estaba de maravilla.




Tocaba disfrutar con las vistas que ofrece la divisoria, con muchos de los metros de la vuelta prevista ya en el bolsillo. Desde Idoya tocaba bajar hasta la Collada Fonda donde aproveché para parar y echar un bocado para afrontar la última remontada a tener en cuenta del día.




Desde la Collada Fonda la remontada, aunque aún por pista, es potente. En un par de curvas tuve que echar el pie al suelo y subir con la bici de la mano. 




Cuando ya se divisa la caseta del final de la pista, remonté por el monte para enlazar con el GR que va de Isaba a Zuriza por Ezcaurri, en una porteada de unos doscientos metros por tasca cómoda.





Una vez en el GR dos tramos de apenas 50 metros son los que rompen la continuidad ciclable hasta el Ibón de Ezcaurri.




Pasado el Ibón de Ezcaurri, una bajada algo fuerte en algún tramo me acercó hasta la caseta del Puerto de Ezcaurri. Después, seguí bajando con prudencia por la abundante hierba que tapaba las irregularidades del terreno y que daba alguna sorpresa que otra.




Ni la habilidad, ni el atrevimiento son los de hace unos años, así que el último tramo y más empinado del Puerto de Ezcaurri, cuando ya se divisa la pista, decidí hacerlo desmontado. Una vez en la pista, solo restaba bajar hasta la Borda Abau y luego, por carretera hasta casa.




Una parada obligada en la Fuente Pierra, como siempre que se pasa por allí, me permitió, además de refrescarme, coger una cantimplora de agua para llevársela a Elia, que reposaba en casa con el pie en alto y aburrida de estar en casa encerrada. La cogió con ganas pero para nada le pareció bien que me hubiese ido a dar una vuelta tan maja como la que había hecho. Pero como ella no dice palabrotas solo me calificó de "morrudo".