lunes, 17 de septiembre de 2018

Garmo Negro desde el Balneario de Panticosa. ¡¡Primer "tresmil"!!

El viernes pasado nos fuimos a dormir con Elia al Refugio Casa de Piedra de Panticosa con la intención de salir temprano el sábado 15 de septiembre para ascender el Garmo Negro.




Cuando llegamos al refugio el viernes por la tarde, Elia estaba tan contenta que a todo el que veía le decía que al día siguiente iba a subir al Garmo Negro y que era la primera vez que subía un "tresmil". Coincidimos en una mesa con otros dos niños, Violeta e Imanol, que estaban en la misma situación y pronto congeniaron bien.




Tras la cena y contarse unas cuantas anécdotas, solamente les paró la necesidad de ir pronto a dormir para el objetivo del día siguiente. Nosotros empezamos a caminar a las ocho de la mañana y ellos ya habían salido porque madrugaron algo más.




El ascenso es muy directo y poco a poco veíamos como el Balneario se iba quedando cada vez más abajo. Elia no paraba de recordarme que estaba subiendo su primer "tresmil", pero cuando nos íbamos acercando a la cima preguntaba por Violeta e Imanol y me decía que si los veríamos. Yo le comentaba que si no los veíamos arriba, nos los cruzaríamos en su descenso, y aunque se conformaba, no se si lo veía muy claro.




Pese a haber parado a mitad de camino a echar un bocado, en los últimos tramos, además de preguntarme si ya estábamos a más de 3000 metros, me decía que le apetecía comer un trozo del salchichón que llevábamos. Ante la cercanía del objetivo y la posibilidad de ver a sus nuevos amigos, no me costó mucho convencerla para no parar hasta arriba y comer tranquilos, disfrutando de la cima un buen rato, con el día que hacía.




Efectivamente, allí estaban Violeta e Imanol. No paraba de repetir por lo bajini "ya estoy en un tresmil" con una tonadilla que le permitía repetirlo sin parar en todo el último tramo. Alegría por todos los lados, por el "tresmil", por el Garmo Negro, por el encuentro con sus amigos, por las vistas, ...y por el salchichón que se iba a comer.




Pese al buen día que hacía, en esas cotas el fresco se dejaba notar y sus amigos decidieron bajar, ya que llevaban allí un buen rato. Nos quedamos un rato más para acabar de comer a gusto y disfrutar de su primer "tresmil". La vista de los Infiernos desde el Garmo es espectacular, pero a Elia siempre se le va la vista al Midi, que le encanta.




Tras casi una hora de cima, decidimos iniciar el descenso con la tripa bien llena. Elia decía que ya había estado en un "tresmil", yo le comentaba que aún quedaba bajarlo, pero ella seguía en sus trece y me decía que ya había estado, aunque siguió preguntando unas cuantas veces por la altitud que me marcaba el altímetro hasta que dejamos los 3000 por arriba.




Una parada obligatoria para sacar dos pequeñas piedras molestas de la bota, y solo un par de paradas para beber agua hicieron que bajáramos sin entretenernos.




Una visita a la Cascada de Argualas nos puso en el Balneario con ganas de reponer fuerzas y con la ilusión de haber cumplido objetivos y sueños. Otro reencuentro con Violeta e Imanol mientras nos comíamos unos bocatas en el Refugio Casa de Piedra redondeó la jornada.




También hubo un brindis por nuestro primer "tresmil" juntos y al final intercambio de teléfonos con Violeta e Imanol para próximos encuentros por el monte. ¡Todo una gozada!






miércoles, 12 de septiembre de 2018

Arlet-Collada del Palo- La Mina

Tras la pernocta en el Refugio de Arlet, el domingo 2 de septiembre tocaba regresar a casa. Habíamos dejado el coche en La Mina y teníamos varias opciones para llegar a él. Solo las limitaciones meteorológicas podrían cambiar la opción que habíamos pensado Elia y yo. Con éstas, arrancamos desde Arlet en dirección al Collado de Saoubathou.




A Elia no le cuadraba eso de ir al monte y que el objetivo del día fuese bajar y no paraba de preguntar si no habría ninguna subida. Al pasar por la Cabaña de Lapassa y comenzar una corta remontada para salvar la hoya en la que está metida parece que la incertidumbre en su cabeza se le iba normalizando.




Desde el Collado de Saoubathou empalmamos con el "Camino de Libertad" para cruzar La Cunarda. Le contaba a Elia que aquella zona fue lugar de disputas serias entre ansotanos y franceses por hacerse con el puerto en otros tiempos y que al final quedó de manos de los franceses. Le llamó la atención que aquello podría haber sido de Ansó, pero enseguida continuó contándome sus cosas, ...que no son pocas.




Al llegar al Collado de La Cunarda le sorprendió el monolito que recuerda el paso de gente que huía en tiempos de guerras y las ayudas que tenían para salvar los Pirineos. No se si entendió que en otro tiempo y situaciones (no tan lejanas) las cosas eran mucho mas complicadas para todos, pero algo intenté trasmitirle.




Los arándanos fueron todo un aliciente en este tramo. Estaban gordos y buenos según me hacía saber. Antes de bajar a la Collada del Palo le propuse subir al la Punta el Palo o Pic de Burcq, a lo que accedió tan contenta. Allí nos cruzamos con una pareja con la que habíamos compartido cena en el refugio la noche anterior. Ellos se bajaban hacia Lescun y nosotros hasta La Mina, así que realizamos el mismo trayecto hasta la Collada del Palo.




La mañana iba avanzando y los arándanos por si solos no paliaban la gana de ninguno de los dos. Así que después de llegar a la Collada del Palo, descendimos un corto tramo para parar a almorzar, por aquello de evitar el viento típico de los collados y que en estas fechas ya empieza a notarse.




Sorprendí a Elia cuando saqué un poco de embutido, queso y pan, además de las habituales almendras, pasas y chocolate que llevamos para nuestras salidas de día. "Esto si que es almorzar", me comentaba, y en eso no le podía quitar la razón.





Nos desviamos de la calzada romana (y GR), que habíamos tomado desde la Collada del Palo, para ver de cerca por donde se escondía el agua de Las Foyas y así conocer el Forau de Cristian, en la foya del mismo nombre. 



Por "O Estreito as Foyas" salimos hacia el camino que sube hacia el Ibón de Lacherito y descendimos por él hasta el coche. Un baño bien fresco en el Barranco de Lacherito completaron una jornada de descenso en la que Elia descubrió que lo de bajar también vale como excursión por el monte.