lunes, 20 de agosto de 2018

Pico Anie desde el Collado de la Piedra San Martín

El día 15 de agosto, aprovechando el día festivo, nos fuimos con Elia al Anie. Tocaba ir un trozo más de lo habitual con el coche, no le gustaba la idea, pero le comenté que merecía la pena y accedió. Nos acercamos a la Piedra de San Martín a la altura del mojón 262, justo donde se realiza el Tributo de las Tres Vacas.




La mañana salió fresca pero pronto entramos en calor. Faldeamos el Pico Arlas y enseguida llegamos al Collado de Pescamou desde donde encontramos la habitual vista del Anie.




Mientras seguíamos avanzando, el refugio de chapa no pasó desapercibido para Elia que, como a mucha gente, le parecía una nave espacial.





Ya le había dicho que en el recorrido íbamos a cruzar un terreno kárstico muy amplio, y con aquello, Elia se impacientaba, hasta que poco a poco nos fuimos metiendo, mientras preguntaba que si sería como el karst del Aspe y yo le comentaba que lo iba a cruzar en breve y luego sería ella quien me dijera si era parecido o no.




Después de un buen rato de caminar entre roca y grietas en un laberinto pétreo, Elia jugaba a localizar las señales rojas que marcan, se supone, la mejor traza y entonces se convenció de que este karst era más potente que el del Aspe. Mirando hacia cualquier parte, el curioso laberinto parecía no tener fin y era el momento de comentarle a Elia que estaba en una Reserva Natural y en uno de los parajes kársticos más importantes de Europa con muchos kilómetros de galerías subterráneas bajo nuestros pies. 




Pasando grietas y agujeros, y comentando aquello de las cuevas subterráneas, que le gustó, nos plantamos en la cima sin darnos cuenta.




Eso de ver la Mesa de los Tres Reyes por el otro lado al que estamos habituados a verla también le gustó a Elia, además de estar por encima de las nubes y ver toda la parte francesa que no se la imaginaba así....




Tocaba volver a deshacer lo andado y a sumergirnos en el laberinto, esta vez de vuelta. El fresco de la cima desapareció al poco de empezar a bajar, aunque el calor no apretaba ya que el cierzo se dejaba notar, esta vez como refrigerante.




Poco a poco y con cuidado fuimos saliendo del terreno rocoso mientras la niebla se iba apoderando del Arlas, ya a la vista. Avanzábamos más rápido e incluso tocaba algún trote.






Carreras finales entre la niebla y saltos de alegría pusieron fin a una excursión para hacer con cuidado por un terreno duro y nada fácil. Nos acercamos hasta Linza para comer y después un baño en el río completaron una excursión de mayores donde los dos disfrutamos como enanos y donde al final reconoció que mereció la pena lo de hacer un trayecto un poco más largo de lo habitual con el coche.










jueves, 16 de agosto de 2018

Circular desde Linza, Ansó. Chinebral de Gamueta-Pico Gorreta

El pasado sábado 11 de agosto, ya pasada la ola de calor, decidimos ir de excursión con Elia. Esta vez le tocaba el turno al Chinebral de Gamueta por aquello de ir completando los picos pendientes de hacer. En la previsión había probabilidad de tormentas por la tarde pero en principio había tiempo para disfrutar de la mañana.





Salimos de Linza por el Achar del Caballo con la intención de dirigirnos hacia la Plana Diego para coger el largo lomo del Chinebral.




El monótono cerro del Chinebral lo pasamos entretenidos. Elia no paraba de contarme como ella y sus amigos, iban a preparar un zoo en Ansó donde solo habría animales de la zona. Tenían todo pensado desde quien era el vendedor de entradas, hasta como el capturador de animales iba a pillar cada uno de los bichos.




Al acercarnos a la cima y empezar el ambiente, el tema del zoo y los animales se calmó. La verdad es que tuve que desconectar un poco, aunque a todo le decía que si, que muy bien. Tanto detalle de como cuidar a los bichos, echarles de comer, preparar cercados para retenerlos, preparar trampas para cogerlos, cuidarlos para que no quisieran escaparse, conseguir alimento, mantener los vallados para que la gente que lo visitara no pudiera entrar a su recinto a molestarlos, ....era un sin parar de hablar que se hacía difícil seguirlo manteniendo la atención.





Los balcones con buenas vistas y la ruptura de la monotonía del largo cerro, se rompieron en los últimos tramos del pico. Elia iba reconociendo picos y ya le iban quedando menos por conquistar por la zona. Aunque el cielo estaba algo cubierto, no parecía que la lluvia fuera a ser inminente y parecía que daba algo de tregua.




Después de disfrutar un rato de la cima y comer algo, le propuse a Elia bajar por otro lado en lugar de repetir el trazado de ascenso. Para ello había que hacer unos destrepes desde la punta. Eso es lo que realmente le convenció pese a la posibilidad de que nos cayera algún chaparrón al alargar el recorrido.




Realmente se lo pasa en grande por ese tipo de terreno. Tanto es así que quedó pendiente volver por la zona solo por recorrer la afilada arista que separa el Chinebral de Gamueta del Pico Gorreta y que descartamos por la climatología. Eso si, subimos al Pico Gorreta para completar la excursión.




Otro pequeño destrepe nos puso en el Collado de la Gorreta, desde donde, por terreno conocido para ella, iniciamos el verdadero descenso.




Me comentaba que en estos descensos tan empinados las piernas se le ponían muy duras, "para que luego digan que en las bajadas no se hace esfuerzo", decía.




Pronto llegamos a la suavidad del pasto en la Foya de Gamueta, y de allí al bosque y al Refugio de Linza, donde decidimos recuperar fuerzas con una buena comida. No nos mojamos y tampoco pasamos el calor de la semana anterior. Recorrimos tramos nuevos y tramos conocidos, estuvimos en otros picos que nos faltaban, disfrutamos de otro día por el monte y nos quedaron ganas de pensar en volver en cuanto pudiésemos. ¿Que mas se puede pedir?