Marcha Senderista

jueves, 28 de julio de 2016

Juegos y tirolinas, Bosque de Oza. Hecho

El sábado pasado, 23 de julio, decidimos ir a Oza para pasar el día en las tirolinas con Elia. Ainara se apuntó a la fiesta y allí que nos fuimos, sin madrugar, para pasar todo el día los tres juntos.




Tras unas indicaciones de Gerardo para el buen uso de las instalaciones, Elia y Ainara empezaron a disfrutar. Elia recordando todo lo que había aprendido en otras visitas al lugar y Ainara cogiéndole el tino rápidamente a los elementos de seguridad y disfrute en su estreno.




Las caras de las dos lo decían todo. El disfrute era total y tras recorrer uno de los recorridos infantiles a modo de vuelta de reconocimiento, se quedaron solas eligiendo los recorridos y repitiendo sin parar, olvidándose de todo lo demás y dedicándose solo a pasarlo bien.





Esa situación permitió que yo también pudiera disfrutar de las instalaciones dedicándome a recorrer los circuitos de adultos. Desde la última vez que había estado había novedades y el número de circuitos y juegos había aumentado, así como el de las tirolinas.




Aitor, Julia y Coco, además de Gerardo están siempre atentos para atender adecuadamente cualquier incidencia que puede aparecer, lo que da la tranquilidad necesaria a quien pueda necesitarla.





Tras unos cuantos tiras y aflojas, conseguí convencer a las dos para parar a comer. Se habían olvidado e incluso no tenían hambre, pese a que yo ya estaba con un buen agujero en el estómago. Todo cambió cuando vieron la comida, en un abrir y cerrar de ojos se cepillaron todo lo que preparamos, ya no se si por hambre o porque sabían que tras la comida tocaba otra sesión de tirolinas y juegos.




Los tres volvimos al ataque y seguimos volando entre los pinos, hayas y abetos que forman el entorno de este parque arbóreo.




Tras ver las evoluciones de las peques, Coco permitió que Elia viniera conmigo a uno de los recorridos de adultos. Una mezcla de emoción, nervios e ilusión invadió a Elia cuando oyó eso. Todo eran prisas por entrar en uno de esos recorridos, y allá que fuimos.




No solo se lo pasó en grande, además, ¡que casualidad!, ¡era el de la telaraña!. ¡Que ssuerte tío!. Por supuesto, no se conformó con una sola vez. Tras repetirlo, volvió con Ainara mientras yo ya me retiraba y daba por terminada la jornada.





Ainara y Elia apuraron hasta que pudieron, terminando un día en el que los tres nos lo pasamos en grande y nos quedamos con ganas de repetir. Un parque aconsejable para todos, en un entorno espectacular, con unas muy buenas instalaciones y una atención acorde con todo lo descrito.

¡Seguro que volvemos!





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