lunes, 21 de diciembre de 2015

Vía Sendero Límite. Pared de Bonés, Arguís.

El jueves pasado nos fuimos con Pablo a ver que era eso de la Pared de Bonés, junto a Arguís. Elegimos la Vía Sendero Límite de V+ y 200 metros de escalada repartidos en 8 largos. El hecho de que sus aperturistas fueran Luis Royo, Carlos Roy y Julio Benedé garantizaban que la vía iba a estar bien equipada, así que no llevamos nada mas que cintas y cuerda.




La aproximación se realiza por un camino sinuoso pero machacado por el uso. Además en los puntos donde uno se puede despistar hay flechas, unas pintadas en el suelo y otras de madera que nos van orientando para llegar sin problemas hasta pie de vía.




Los tres primeros, rodeados de bojes, parece que estén preparados para una toma de contacto con la arenisca. El cuarto largo arranca con unos bloques chulísimos que dan un aspecto muy diferente a la vía.





El quinto largo es una placa fina fina donde se pone a prueba la adherencia de los gatos en la arenisca.




Un arranque que picaba en el sexto largo da paso a una travesía muy maja que termina en una chimenea estrecha y con techo. En este largo tanto en el arranque como en la salida del pequeño techo hice mis primeras trampas. Mirando reseñas por ahí ya había visto que se comentaba que había algún 6a escondido. Para mi que los encontré por allí.






La travesía a la izquierda del sexto largo da paso a otra a la derecha en el séptimo. Esta última es mucho más aérea pero se pasa sin complicaciones.






La salida por un pequeño diedro nos pone en el último largo. Es un gran bloque que se puede rodear caminando. Aquí el grado se va no se donde, pero entre lo equipado que está y mi habilidad en las trampas me permiten salvarlo.



El descenso lo hacemos rapelando y comentamos lo contentos que estamos de haber acudido a la zona. El lugar es majo, la arenisca curiosa, la vía variada aunque destacan la adherencia y las travesías, en fin, que mientras nos comemos el bocata en el coche comentamos que mientras tenemos los esquís aparcados, igual nos animamos a repetir por aquí.








martes, 8 de diciembre de 2015

Esquí de travesía en Astún. Picos Escalar y Bénou.

Ayer dimos por iniciada nuestra temporada de esquí desplazándonos hasta Astún. Pablo, Joan, Peyo y yo decidimos ir hasta allí para evitar los porteos y salir con los esquís calzados desde el principio.

Pico Escalar


Arrancamos desde la misma estación en dirección al ibón de Escalar. Al principio había que buscar algún paso obligado que cada uno decidía como pasarlo.



Mientras la mayoría de los que allí estábamos, y no éramos pocos, nos descalzábamos los esquís para salvar un tramo de hierba, Peyo nos dio una lección de veteranía y alguno de los que por allí andaba comentaba que la veteranía no solo es un grado, es algo más, en vista de su alarde. 

Ibon de Escalar


Cruzado el ibón de Escalar, la cosa cambiaba y lo de buscar pasos obligados se terminó. De repente nos encontramos con una buena capa de nieve que cubría todo.



En unas pocas zetas nos plantamos en la punta del Pico Escalar desde donde pudimos disfrutar de unas muy buenas vistas. 



Observamos como los picos de nuestra zona están blancos, pero la nieve queda alta para arrancar desde los fondos de valle.



El día era muy bueno, habíamos pasado calor subiendo, pero el aire que nos daba desde el collado donde habíamos dejado los esquís nos recordaba que estábamos en diciembre. El Midi y el Monje se colocaron para hacernos la foto de cima y decidimos no perder más tiempo para bajar.



La nieve estaba en su punto, y viendo esta circunstancia, decidimos remontar otra vez hasta el Pico Bénou para esquiar su pala, que ya en la subida, habíamos visto que tenía muy buena pinta.



De nuevo, el viento nos recordaba la época del año en la que estábamos, ya que por lo demás, incluida la nieve, fácilmente podríamos pensar que estábamos en abril. 



Un rápido bocado antes de que se nos enfriaran mucho las manos, dio paso al disfrute del día. Una buena pala con una nieve facilona hicieron que la esquiada se nos hiciera corta.



Cuando nos dimos cuenta estábamos abajo y todavía era pronto. Optamos por tomar una buena jarra de cerveza en "Perico" y llegar a Ansó justo a la hora de comer. 


Muy buenas sensaciones para primer día de la temporada que hicieron que nos quedáramos con muchas ganas de repetir cuanto antes.








martes, 17 de noviembre de 2015

BTT en Ansó. Forato.

El sábado 14 de noviembre seguíamos en Ansó con un tiempo espectacular. Aunque las mañanas eran frescas los días invitaban a coger la bici. Hacía tiempo que quería ir a Forato y pensé que esa era una buena oportunidad. Cuando cogí la bici me di cuenta que la cámara de la válvula rota y los ocho parches había dicho basta. Lo primero que tuve que hacer antes de salir fue arreglar la rueda trasera.




Salí con los guantes puestos y una chaqueta, pero en la subida a Puyeta tuve que parar a quitarme ropa. Al llegar a la muga con Navarra, para bajar el puerto de Matamachos, me volví a poner ropa. Y al poco de empezar a bajar volví a parar para añadir algo más ya que las sombras de este puerto hacían que las lágrimas salieran solas.




Me vi contento de llegar a la pista, justo antes de llegar a Garde, para empezar a subir y entrar en calor. Al llegar al fondo del barranco comienzan las rampas de verdad y, aunque al principio, las cogí en sombra, conforme se ganaba altura iba entrando el sol y se empezaba a notar.




A mitad de subida ya sobraba todo. En una parada aproveché y me quité mallas y manga larga y se notó.
Buena sorpresa me llevé cuando la cámara que había colocado por la mañana no estaba como debería. La llanta se apoyaba en el suelo de la pista con la rueda chafada y todo indicaba que había pinchado. ¿Igual hay que pensar en cambiar la cubierta, que va un poco lisa...?




Aunque llevaba cámara de repuesto, decidí poner un parche ya que el pincho que había agujereado la cámara lo localicé rápido y el día invitaba a perder todo el tiempo que hiciera falta.




En las últimas y pronunciadas rampas antes de llegar a la divisoria con el valle de Ansó, cualquier excusa era buena para parar a echar fotos, que si una sombra, que si las vistas,....




En la punta de Forato decidí echar un tentempié y me dí cuenta de que aún podría llegar a casa a comer con buena hora, así que inicié la bajada con ganas. En un momento no se si frené demasiado o una piedra estaba mal colocada, el caso es que yo seguí bajando mientras la bici se quedaba clavada en el camino. Vamos, que me di un tortazo de esos que cuando paras de rodar piensas, dónde estoy y qué ha pasado a la vez. Y mientras te levantas, miras rápidamente alrededor para ver si alguien se está riendo y si lo pillas, con suerte, y si es una persona normal, igual intenta disimular la carcajada.




Sin duda, la guinda de la bajada es el Cerro de Calveira. Tiene la pendiente adecuada, no hay piedras, ni bien ni mal colocadas, ... vamos, ...¡la leche!.




Después de pasar el Cerro de Calveira solo quedaba la bajada hasta el puente Zaburría por el camino de Calveira. Como siempre las vueltas a derechas me cuestan mucho más que las vueltas a izquierdas, ??? eso de las dos mitades diferentes del cuerpo debe de ser verdad.



Al llegar al puente de Zaburría, y si no fuera porque estamos a mitad de noviembre, uno no puede evitar acordarse de un buen chapuzón. Hubiera sido otra guinda más para completar una jornada de disfrute y diversión por el monte. Tampoco estuvo mal llegar con hambre a casa y justo a la hora de comer.