martes, 25 de diciembre de 2012

Ansó-Borda Guallart en BTT


El sábado pasado me levanté tarde a causa de las celebraciones posteriores al espectáculo que hicieron el viernes al mediodía los niños de la escuela de Ansó. Aunque el día era bueno, la hora, la temperatura alta y los temples no daban para coger los esquís y echarse al monte. Alrededor de las once de la mañana salí con la bici de casa y fuí carretera abajo dirección Berdún con la intención de dar un paseo hasta la hora de la comida.



 
 
 
Pasé Santa Lucía y después por la curva de "La Rucha", bien conocida por todos los que hemos transitado por esta carretera desde niños por sus condiciones umbrías que en invierno mantenía el hielo como si de un congelador se tratara. La alta temperatura de estos días hacía que no fuera así.
Después de pasar la Borda Chanferré, única Borda que hay a mano derecha bajando y pegada a la carretera, cojo la pista que sale también a mano derecha y que asciende hacia Fórcala.
 
 
 

 

 
Nada más entrar en la pista tengo que parar para quitarme algo de ropa, ya que el calor anormal para la época del año en que estamos, unido a la dureza de las rampas, hacen que todo estorbe.
 
 
 



Pasada la Borda Merín llego al refugio de Clis Clas donde paro para echar un trago de agua.


 
La continuidad de las rampas hacen que cualquier excusa sea buena para parar, echar un vistazo a mi alrededor, el vuelo de un quebrantahuesos,....

 
 
Cuando llego a la Borda Guallart es la una del mediodía y decido terminar ahí el paseo. Aunque el cuerpo no esta para muchos trotes sí que parece que ha reaccionado y el hambre me recuerda que la hora de comer se acerca y aún me queda un trozo de camino hasta casa.
 
 
 
 
Esquivando alguna que otra oveja retomo las rampas de la pista, ahora en sentido favorable. El barro acumulado en las ruedas salta por todo los lados, y el que hay en la pista hace que la bajada resulte entretenida por los continuos derrapes no siempre controlados como a mi me gustaría.
 
 
 
 
Bajando, paro para fotografiar la Borda Ubero situada en un espectacular atalaya natural. También me da para observar los picos cercanos como el Bisaurín, Llena del Bozo, Llena del Garganta y Aspe.
 

 

 
 
El recorrido de pista efectuado apenas tiene cuatro kilómetros pero acumula un desnivel de casi 500 metros lo que permite disfrutar de unas buenas vistas, además de poder considerarse un tramo duro que se puede convertir en muy duro si se suma el barro y lo más importante, el estado del cuerpo después de una juerga.
 
 
 
Con todo, llego a Ansó con buena hora para comer y dar un buen manguerazo a la bici antes de meterla en casa y dejar el barro en el patio.
 

 
 
 

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Mouscaté y la Paquiza de Linzola con esquis

Ayer amaneció en Ansó despejado tal y como pronosticaba Jorge G., de la Meteo que Viene. Preparamos los esquis con Pablo y poco más de las nueve de la mañana subíamos hacia Linza, con la intención de aprovechar el día.

 
 
Cuando llegamos a Linza observamos que pese a las últimas lluvias, aún podíamos subir por el Sobrante, y por allí que fuimos.
 
 
 
 
Conforme vamos subiendo hacia el Collado de Linza, observamos que durante la noche ha caído algo de nieve, con lo que si todo va a favor, tendremos una capa de nieve polvo sobre nieve muy transformada, ..., los dos firmamos por que se cumplan los pronósticos.
 
 
 
 
Cuando llegamos al collado de Linza todo está impecable, solamente subía una persona hacia Petrachema con los crampones por delante de nosotros. Por el camino habíamos comentado la posibilidad de subir al Mouscaté y, aunque la vista que observábamos de Petrachema era tentadora, nuestra propia huella nos llevaba hacia él.
 
 
 
 
Nos adentramos en el laberinto de agujeros que forman la Hoya de la Solana, y no sin titubeos, cogimos la canal correcta para alcanzar el collado de Escoueste. Desde allí la remontada hasta el pico es coser y cantar.
 
 
 
Justo antes de llegar arriba, las vistas que tenemos de Petrachema y las Agujas nos paralizan. Como mis pieles están algo viejas y en vista de que, aunque hace un día extraordinario, la nieve en esta última parte se endurece bastante, coloco las cuchillas para los últimos metros. Arriba, foto de rigor y a taparse que hace frío. Quitar pieles y para abajo.
 
 
 
 
Por el laberinto de agujeros vamos siguiendo nuestras huellas de subida, pero nos acordamos que al subir hemos tenido alguna dificultad para pasar una cornisa fea, por lo que, cuando la detectamos, la esquivamos como podemos. Pasada esta pequeña dificultad, nos volvemos a quitar ropa y en la parada decidimos variar el recorrido de bajada. La Paquiza de Linzola está redonda de nieve, con lo que decidimos ir a por ella por la vertiente norte y así bajar a Linza aprovechando su cara sur.
 

 
 
 
Una vez en el fondo de la Hoya de la Solana, volvemos a poner las pieles. Pablo las cuida y las encera a tope en vista de la rápida transformación de la nieve (por algo ésta hoya tiene ese nombre, ...comentamos). Ascendemos dejando atrás el cartel indicador que orienta a los que por allí pasan.
 


 
 
 
Mirando hacia atrás, observamos lo arrugado del recorrido que hemos trazado para llegar al Mouscaté, y la zona tan placentera en la que nos encontramos. Cuando volvemos la vista hacia el sur las nubes que pronosticaba Jorge G. aparecen, volviendo a acertar en su predicción ¡que tío, vaya fiera!.
 
 
 
 
No hay tiempo que perder, esas nubes avanzan a una velocidad endiablada. Pablo comenta que después del día tan bueno que hemos tenido no le apetece pillar una "fartera". Así que en la punta de la Paquiza, fuera pieles, foto de rigor y sin tiempo que perder zumbando para el refugio.
 

 
 
 
Después de elegir el mejor sitio para saltar la cornisa nos lanzamos para abajo. La nieve estaba como en primavera, totalmente transformada y asentada. La única pega es que las piernas no daban para bajar de tirón en este mi primer día de la temporada y había que parar para recuperar, no así Pablo que ya se había estrenado y no paraba de disfrutar con un salto en cada giro.
 

 
 
 

Llegamos al Refugio de Linza, donde dimos buena cuenta de un par de jarras de cerveza y para casa tan contentos. 




martes, 11 de diciembre de 2012

Nevada en Las Eras. Ansó

El pasado día 6, sobe las 10:30 de la mañana acabé de ayudar a Elena en casa. Ya era tarde para pensar en coger los esquís y aprovechar la nieve caída el día anterior. Así que había que buscar una alternativa. Cogí las raquetas y decidí darme un paseo por el circuito de raquetas en Las Eras. Cuando llegaba a Zuriza ya me gustaba lo que veía desde el coche y no me pude resistir en tirar alguna foto sobre la marcha.

 
Al pasar por el Camping Zuriza (serían las 11 de la mañana o más) aún ví a gente que salía con los esquís hacia Tachera. Los ojos me hacían chiribitas y pensé que quizá los podía haber cogido, pero pronto llegué a Las Eras, me coloqué las raquetas y me concentré en disfrutar de lo que tenía alrededor.
 
 
 
 
 
Nada más arrancar tenía curiosidad por conocer el espesor de la capa de nieve, así que saque la sonda y medí 45 centímetros. Teniendo en cuenta que estamos en la cota 1200 no está nada mal.
 
 
 
 
 
La nieve recién caída, la temperatura fresca del paco de Las Eras y el día espectacular hacían que disfrutara de la nieve sin los esquís.
 
 
 
 
 
 
Conforme iba avanzando por el circuito me acordaba de Pablo, normalmete me acompaña y la apertura de huella entre los dos es más llevadera. Pese al fresco ambiente uno se empieza a calentar.
 
 

 
 
 
 
Al ir ganando altura entra la luz del sol entre las hayas, y eso me indica que me voy acercando al cerro.
 
 
 
 
 
Cuando salgo al cerro, las vistas en un día como éste son alucinantes. Allá donde miro veo blanco y azul.
 
 
 
 
 
Pasado el cerro empiezo la bajada hacia el bosque no sin antes volver a curiosear la cantidad de nieve acumulada, haciendo una media de varias mediciones obtengo 75 centímetros (ahora en la cota 1500).
 

 
 

 
 
 
Da gusto dejarse llevar por la suavidad de la nieve polvo en la bajada, pese a producir con mi avance una nebulosa húmeda y que acaba por empaparme y congelarme el pelo. A este efecto hay que añadir el producido al rozar las ramas con los hombros o los brazos que hacen que aunque lleve ropa de colores, salga a la carretera envuelto en la misma blancura que predomina hoy por el monte.
 
 
 
Llego a la carretera pasadas las dos de la tarde y entonces me doy cuenta de que tengo un hambre atroz. Normalmente, en poco más de una hora se puede dar la vuelta al circuito pero esta vez, entre que no había relevo para abrir huella, que el día invitaba a la observación de todo, y que me he evadido del mundo durante este tiempo y me he dedicado a disfrutar de un paisaje espectacular, me ha costado más del doble de tiempo recorrer el circuito.
 
....¡BIEN!