Parte semanal del estado del circuito

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lunes, 21 de julio de 2014

Ansó-Cerro Calveira-Ansó en BTT

Ayer domingo encontré un hueco en la mañana para hacer algo. Me acordé de que habían abierto una pista hasta el cerro de Calveira y pensé que era una buena oportunidad para probarla ya que la cabecera del valle se encontraba cubierta y con cierzo.



Arranqué por la carretera de Fago en dirección a Puyeta hacia el mediodía después del primer imprevisto. Justo cuando iba a salír de casa, al coger la bici me dí cuenta de que la rueda delantera estaba pinchada. No me eché para atrás, cambié la cámara echando mixtos e inicié la ruta.
Pronto llegué al inicio de la pista, justo en el lado contrario a la entrada de la pista de Puyeta. Ya en la entrada y pese a que siempre había estado bien ese tramo, se notaba algo de mejora.



Las vistas del Barranco de Santiago nos dan idea del monte que nos rodea nada más salir de casa. El avance por la pista es rápido y pronto me planto en lo que antes era una incómoda trocha.




La nueva pista discurre justo por donde iba la trocha antigua y finalmente se alarga en un corto e intenso repecho hasta el mismo cerro de Calveira. Como lo peor de la trocha era el piso irregular y la sorpresa de alguna piedra escondida entre la hierba, ahora la nueva pista evita los inconvenientes y el disfrute por la comodidad del tránsito es grande.





Tras el último repecho comentado me planto en el cerro de Calveira donde el cierzo se deja notar y, mientras la cabecera del valle tiene muy mala pinta, la mirada hacia el sur ofrece un aspecto bastante más despejado.




Al volver y pasar por la Loma Malcarau decido bajar por el camino. No resulta tan cómodo como la pista recién estrenada pero si tan entretenido como siempre, aunque alguna curva se atragante.




Al empezar a bajar observo que las máquinas también han entrado un tramo por el camino, de forma que casi hasta la Loma Curro, el camino se ha transformado en una pequeña trocha.




Después de pelearme con las piedras, las curvas cerradas y algún que otro pino me planté en el puente de Zaburría casi sin darme cuenta.



La vuelta me permitió disfrutar del rato matutino que disponía y llegar a la hora justa de comer a casa pese al primer imprevisto, que por suerte se convirtió en único.




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